- Un estudio reciente de la Universidad de Nueva Gales del Sur dio a conocer hallazgos interesantes sobre este proceso fisiológico.
La ciencia dio un paso fascinante al descubrir que bostezar limpia el cerebro de formas inesperadas. Aunque todos lo hacemos varias veces al día, este comportamiento universal ha sido uno de los mayores enigmas de la biología.
Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Australia sugiere que este acto no es simplemente una respuesta al cansancio o al aburrimiento, sino una maniobra cardiorrespiratoria compleja que reorganiza el flujo de fluidos vitales para nuestra salud neurológica.
Una coreografía de fluidos: Más que una respiración profunda
A diferencia de una respiración profunda convencional, el bostezo activa un movimiento de líquidos que sorprendió a los expertos. El neurocientífico Adam Martinac y su equipo analizaron a 22 participantes sanos mediante resonancia magnética (MRI) en tiempo real y descubrieron un fenómeno contraintuitivo: mientras que un suspiro profundo empuja el líquido cefalorraquídeo (LCR) hacia el cráneo, el bostezo lo desplaza en la dirección opuesta.
Este flujo hacia el canal espinal ocurre simultáneamente con el drenaje venoso de la yugular, creando una alineación de fluidos que parece estar diseñada para optimizar el intercambio dentro del sistema craneocervical.
¿Por qué bostezar limpia el cerebro? Calor y residuos
Este hallazgo refuerza dos teorías fundamentales sobre la estabilidad del sistema nervioso central. Primero, se postula que este flujo coordinado favorece la eliminación de desechos metabólicos a través del sistema glinfático, promoviendo una especie de “lavado” neuroquímico especialmente relevante durante las transiciones entre el sueño y la vigilia.
Segundo, el bostezo funciona como un sistema de enfriamiento. Al desplazar el LCR y la sangre venosa más calientes fuera de la cavidad craneal, se facilita que la sangre arterial más fresca refresque el cerebro, el cual suele operar a una temperatura de hasta 0.93 °C por encima del resto del cuerpo.
Programación innata: El bostezo como sello personal
Lo más curioso es que cada individuo posee una “huella” única en su forma de bostezar. Los investigadores observaron que los movimientos de la lengua y la mandíbula son altamente consistentes y repetibles en una misma persona, con una similitud del 86%, lo que sugiere que el bostezo está controlado por un generador de patrones centrales (CPG) en el tronco encefálico.
Este programa motor automático es tan potente que, incluso cuando intentamos reprimirlo con los labios cerrados, la lengua realiza el mismo movimiento característico de “giro”. En conclusión, entender que bostezar limpia el cerebro nos permite apreciar este gesto como un mecanismo vital para mantener la homeostasis neurológica.







