Un estudio publicado en The Lancet concluye que incorporar breves periodos de actividad física en la rutina diaria puede tener un impacto significativo en la salud y la longevidad.

Con fecha del 26 de marzo de 2026, la evidencia científica refuerza que no se requieren jornadas prolongadas de ejercicio para obtener beneficios. Por el contrario, ajustes mínimos, como caminar a paso rápido durante algunos minutos al día, pueden traducirse en mejoras sustanciales en la expectativa de vida.

El análisis, basado en datos de más de 135 mil adultos, fue desarrollado por especialistas de diversas instituciones, incluida la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte. A diferencia de estudios previos, se emplearon acelerómetros para medir con precisión la actividad física, con un seguimiento promedio de ocho años.

De acuerdo con el equipo encabezado por el investigador Ulf Ekelund, añadir apenas cinco minutos diarios de ejercicio moderado a vigoroso —como caminar entre 4 y 5 kilómetros por hora— podría prevenir hasta 6 por ciento de las muertes en personas con baja actividad. A nivel poblacional, esta cifra podría escalar hasta 10 por ciento.

El informe también indica que aumentar la actividad a 10 minutos diarios permitiría reducir el riesgo de mortalidad entre 9 y 15 por ciento. Estos resultados fueron retomados por Harvard Health Publishing, que calificó los objetivos como alcanzables para la mayoría de la población.

En paralelo, los investigadores advirtieron sobre los efectos del sedentarismo. Disminuir el tiempo sentado en 30 minutos al día podría evitar entre 3 y 7.3 por ciento de las muertes, lo que refuerza la importancia de interrumpir periodos prolongados de inactividad.

Los hallazgos apuntan a un cambio de enfoque en salud pública: priorizar acciones simples y constantes sobre metas deportivas exigentes. La evidencia confirma que incluso lapsos breves de movimiento diario pueden traducirse en años adicionales de vida.

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