¿A qué temperatura debo poner el aire acondicionado en casa? ¿Y por la noche? ¿Puede perjudicar a la salud un inadecuado mantenimiento de la climatización? En pleno verano, responde la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

Las olas de calor son uno de los riesgos ambientales para la salud ya que la exposición prolongada a temperaturas elevadas incrementa la posibilidad de deshidratación, agotamiento y golpes de calor, además de favorecer la descompensación de enfermedades crónicas, especialmente cardiovasculares, respiratorias, renales y metabólicas.

Además, se asocia a un aumento de las hospitalizaciones y la mortalidad, con especial repercusión en las personas mayores, la infancia, las mujeres embarazadas y quienes presentan enfermedades crónicas.

Los daños que nos puede ocasionar el aire acondicionado

Los sistemas de climatización, como el aire acondicionado, contribuyen a reducir el impacto fisiológico del calor pero siempre evitando un enfriamiento excesivo.

Una climatización inadecuada puede ocasionar, según los médicos de semFYC:

  • Sequedad de las mucosas.
  • Irritación de garganta.
  • Sensación de malestar.

Y además incrementar el efecto de los cambios bruscos de temperatura entre el interior y el exterior.

Esta descompensación de temperatura puede dar lugar al “choque térmico”, es decir, alteraciones en la presión arterial, fatiga extrema, mareos, dolor de cabeza o problemas respiratorios, que pueden resultar especialmente problemáticos en personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.

Cuál es la mejor temperatura para poner el aire acondicionado

Con carácter general, una temperatura interior comprendida entre los 24 y los 27ºC permite mantener un ambiente confortable durante los episodios de calor intenso, si bien la respuesta fisiológica al calor no es uniforme en todas las personas.

La edad, determinadas enfermedades crónicas, la composición corporal o factores hormonales condicionan la tolerancia térmica, por lo que la climatización debe adaptarse a las características y necesidades de quienes ocupan cada espacio.

¿Y por la noche? La climatización durante la noche también puede contribuir a reducir la carga térmica acumulada durante el día y favorecer el descanso, siempre que se eviten temperaturas excesivamente bajas, apuntan los médicos de semFYC.

Otras medidas preventivas

La climatización debe integrarse con otras actuaciones preventivas:

  • Recurrir, cuando sea posible, a ventiladores de techo, que pueden reducir la sensación térmica entre 2 y 4 grados.
  • Mantener una adecuada hidratación.
  • Reducir la exposición al sol durante las horas centrales del día.
  • Favorecer la ventilación natural cuando las condiciones exteriores lo permitan.
  • Limitar la entrada de calor en las viviendas mediante soluciones de sombreado.

«La climatización es una herramienta útil, pero no sustituye otras actuaciones fundamentales como la hidratación, la adaptación de la actividad física, la vigilancia de las personas vulnerables o la identificación precoz de los síntomas relacionados con el calor», recuerdan desde semFYC.

El mantenimiento del aire acondicionado

Aunque el aire acondicionado por sí mismo no provoca resfriados ni causa infecciones respiratorias en personas sanas, cuando los equipos no reciben un mantenimiento adecuado, los filtros pueden acumular polvo, alérgenos y otros contaminantes que empeoran la calidad del aire interior y contribuyen al agravamiento de patologías respiratorias, especialmente en personas con asma, alergias o enfermedades respiratorias crónicas, apunta semFYC.

Por ello, la limpieza y sustitución periódica de los filtros, siguiendo las recomendaciones del fabricante, constituye una medida que contribuye tanto a preservar la calidad del aire interior como a mejorar la eficiencia de los equipos.

Avanzar en estrategias comunitarias contra el calor

Según los médicos, el incremento del uso de sistemas de climatización pone de manifiesto la necesidad de avanzar hacia estrategias de adaptación al calor que reduzcan la dependencia de estas soluciones individuales.

La protección de la salud frente al calor requiere:

  • Mejorar las condiciones de habitabilidad de las viviendas.
  • Avanzar hacia edificios más eficientes energéticamente.
  • Promover entornos urbanos capaces de reducir la exposición de la población a temperaturas extremas, beneficios tanto para la salud como para la sostenibilidad ambiental.

«La adaptación al cambio climático constituye también un reto sanitario. Reducir el impacto del calor sobre la salud exige reforzar las estrategias de prevención desde la Atención Primaria y la salud pública, al tiempo que se impulsan políticas que mejoren la resiliencia de las viviendas y de las ciudades frente a las temperaturas extremas. La protección de la salud debe situarse en el centro de las estrategias de adaptación climática», concluye la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria.

Publicidad