La neurocientífica Ana Ibáñez se ha propuesto que las personas que quieran mejorar su cerebro puedan hacerlo, que sean conscientes del poder transformador que hay en ellas mismas. En sus instrucciones para lograrlo hay una que hay que tener en cuenta: «cuando el cerebro disfruta, pone más capacidad a nuestro servicio».
«Neurociencia para la vida real»
En una entrevista con EFE Salud, Ana Ibáñez desgrana algunos de los diez puntos esenciales de su último libro «Neurociencia para la vida real» (Planeta), que tiene como objetivo el entrenamiento del cerebro para alcanzar un mayor estado de bienestar y salud mental, para lo que la autoestima, el amor, la risa, la positividad y la energía también interpretan papeles protagonistas.
La neurocientífica e ingeniera química ya publicó un primer libro -«Sorprende a tu mente»- en el que hacía un repaso a los problemas más frecuentes que ocupan el cerebro e impiden avanzar. Las preguntas que surgieron entonces han sido el germen de esta segunda obra.
«Preguntas como ¿Qué hago cuando tengo que hacer algo y no tengo la seguridad en mí para hacer ese algo? ¿Cómo hago para poder saltar esta voz autocrítica que tengo? ¿Cómo hago para cambiar mi estado de ánimo? ¿O para poder acompañar mejor a mis hijos en su autoestima?», detalla la neurocientífica sobre lo que podrá encontrar el lector a lo largo de las 397 páginas.
Las respuestas a esas y muchas otras se encuentran en «Neurociencia para la vida real» con pautas «muy concretas» fruto del trabajo en su laboratorio de neurociencia.
Haz posible lo imposible
Si tiene que destacar alguno de los diez pasos que propone para completar la salud cerebral es «haz posible lo imposible» con consejos para que el cerebro tenga ganas de cambiar.
«Para que cambiemos una manera de actuar o de pensar o de sentir tenemos que hacérselo atractivo a nuestro cerebro», asegura.
Y advierte de que cualquier cambio exige una energía cerebral para hacerlo, que procede de zonas cerebrales muy concretas, y si no se la damos «es mucho más difícil cambiar». En cambio, cuando cree que algo es posible, empieza a construir el camino para conseguirlo.
Eso no quiere decir que se pueda conseguir todo lo que la persona quiera hacer o se proponga, advierte.
«Lo que significa es que las limitaciones que tú tienes de base y que crees que no son posibles, las tienes que revisitar porque va a ser mucho más posible de lo que crees si eres capaz de hacer los pasos necesarios», apunta la neurocientífica.
En este sentido sostiene que cuando hay algo que nos atrae mucho es porque, de alguna manera, ya está implantado en nosotros: «añoramos muchas de las cosas que tenemos dentro».
«Pensando en cosas que realmente crees que te pertenecen y que te gustaría tener en tu vida. Ese es el posible que quiero que se alcance,», detalla la neurocientífica.
La base es querer hacerlo.
Pensamientos positivos
Y cuando un cerebro se lo pasa bien, sus frecuencias se calman, se optimizan «encuentran un patrón que es mucho más coherente y más estable», con áreas cerebrales que se iluminan, hay más conectividad y hace que se utilice mejor su capacidad.
«Cuando disfrutas, tu cerebro piensa que eso de lo que estás disfrutando es un lugar seguro para ti. Está poniendo mucho más de su capacidad a tu servicio», asegura Ana Ibáñez.
Y hay que tener en cuenta que el cerebro necesita mucha más energía para fabricar un pensamiento positivo que uno negativo. Y si no la tiene, hace «que te quedes en lugar de supervivencia, sin ir más allá».
La buena noticia es que el cerebro se puede entrenar para que genere esa energía extra que necesita y generar pensamientos positivos.
«Un ejercicio que es muy simple es hacer una visualización en la que cierras los ojos, te transportas a una situación que has vivido, donde tenías mucha energía y la acompañas de una música que te recuerda un buen momento», propone la neurocientífica.
Así, cuando se consigue una visualización bien hecha, que parece real, en una situación ya vivida, el cerebro entra en un dilema, «no sabe si eso que estás recordando de una manera tan vívida ha ocurrido de verdad o no, y le cuesta realmente diferenciar», eso hace que la electroquímica cerebral cambie, armonice frecuencias y equilibre.
«Tras esa visualización, de repente, te sientes mejor y una misma cosa sobre la que estabas pensando antes, la piensas de una manera más positiva. Y si esto lo acompañas de una música buena es una manera muy directa de hacerlo», abunda.
Mejorar la autoestima
El cerebro también se puede entrenar para mejorar la autoestima y desde el punto de vista de salud mental es «absolutamente prioritaria», argumenta Ana Ibáñez.
«La autoestima no deja de ser algo que es un radar a nivel cerebral, que analiza el mundo exterior, viendo si tú perteneces a él y si se te quiere en él por cómo eres o por quién eres», explica la experta, quien aclara que «no siempre tiene que estar alta».
Las personas adquieren la autoestima desde bebés. Si no ha ido bien de base, como adultos existe la capacidad de «revisitar» qué es lo que se programó cerebralmente desde niños «y darle la vuelta».
«Se trata de analizar con mucho cariño al niño o la niña que fuiste, qué es lo que construyó esa autoestima (…) y definir los valores esenciales de tu vida. Cuando hay una autoestima flexible y sana, nosotros vemos que hay áreas del frontal y prefrontal derecho que funcionan muy bien», afirma.
El caso de la infancia
Y el actual es un momento realmente complejo para la autoestima infantil, señala Ibáñez, por la información que les llega de las redes sociales, por la presión y la competitividad.
Por eso, las pautas que da Ibáñez pasan por no ligar la autoestima a las acciones, sino a mostrarles los aspectos en los que ellos son diferentes, buenos e individuales.
Promover más mensajes como: «en el mundo hay solamente uno como tú. Y esto de ti es absolutamente maravilloso, un regalo para los que estamos alrededor».
Cuando la infancia percibe esos elementos que son fundamentales, están recibiendo cariño, amor y aceptación. Y esa es la base de la autoestima.
Eso no significa que haya que alabar todo lo que haga, sino la actitud y los ingredientes que han permitido que consiga algo.
«Te alabo porque qué bueno que hiciste esto cuando te costó. Qué bueno que esta mañana que no querías ir a entrenar o que tenías miedo antes del examen, te viniste arriba y viste que eras capaz de hacerlo. Qué bueno que has hecho ese esfuerzo sostenido y que tiene un resultado», incide.
Y, desde luego, eliminar mensajes que hagan pensar que «el amor es de compra y venta» en función de lo que hacen.
La hormesis: entrenar el estrés
En un mundo en el que el estrés es compañero de viaje, Ana Ibáñez aborda la hormesis , como un entrenamiento para llevarlo mejor.
La hormesis supone someterse a un estrés voluntario, para que cuanto llegue el involuntario se pueda manejar mejor y el cerebro no se quiebre por ello ni se bloquee.
«Es hacer acciones que me van estresar un poco, pero las estoy eligiendo yo.. ¿Ejemplos? pues darte una ducha y en los segundos finales abrir solo el grifo de agua fría. Eso es una hormesis directa que además te va a energizar», expone.
Con todas estas cuestiones y otras más, Ana Ibáñez explora y ofrece un campo de posibilidades para el cerebro, porque, recuerda, somo seres en continua construcción.







