Angel Alonso Giménez/EFESalud
Venga, sí: mirar la pantalla de tu móvil mientras haces “scroll” es una ventana abierta de par en par al mundo. ¿Pero si tienes a tu pareja enfrente, a pocos metros de ti, qué mundo quieres mirar? En los ojos de la persona a la que amas vas a encontrar un universo de emociones en el que viven la intimidad, el erotismo, el bienestar, el amor. Quizá este mundo merezca más la pena, ¿no?
En EFE Salud nos hemos preguntado, mirando al San Valentín de 2026, por la importancia de observar a quien queremos. Deja el móvil en el bolsillo y pruébalo.
La psicóloga especialista en Terapia de Pareja del Instituto Centta Silvia Cintrano nos ha contado por escrito todo lo que nos pasa cuando miramos a quien queremos a los ojos. “No es sólo comunicación”, dice, “es vinculación”. Añade: “Mirar a la persona amada refuerza el apego, activa sistemas de recompensa y bienestar, incrementa la sensación de exclusividad y pertenencia, favorece la intimidad emocional y también la intimidad erótica”.
Mirar es decir: ‘estoy contigo’
Para hacer esta información, pensamos primero en el contexto de una pareja, pero basta pensar un poco en la realidad que habitamos y recordar el último trayecto en metro, aquel café en aquel bar o ese paseo tan gratificante por el parque. Demasiada gente con los ojos enjaulados en la pantalla.
Indaguemos entonces en la mirada al otro, a quien sea, práctica o costumbre también bajo amenaza del “scroll” infinito. Cintrano afirma que mirar a los ojos, en general, “es una forma primaria de validación”.
Los lugares desde el que analizarlo son variados, según sus palabras. Por un lado, la neurobiología interpersonal indica que “el contacto visual activa sistemas vinculados a la empatía, la sincronía emocional y la sensación de seguridad relacional”.
Por otro, la psicología dibuja un territorio en el que aparecen el “reconocimiento” del otro (“existe”); la sintonía, pues “permite ajustar tono, ritmo y emoción”; la regulación emocional compartida y la confianza.
“Cuando una persona habla y su interlocutor mantiene contacto visual, el mensaje implícito es: ‘estoy contigo’. Y esa experiencia tiene un enorme valor estructurante para la autoestima y el vínculo”, ahonda.
No mirar a quien amas: un camino hacia la ruptura
Por el contrario, no mirar, y por extensión no sostener la mirada del otro, revela “falta de interés”, “un intento desesperado por parar la comunicación” o “incluso una forma de desprecio pasivo-agresivo”. ¿Cuántas veces hemos estado hablando con alguien que apartaba la mirada ocasionalmente y le maldecíamos por ello en nuestros adentros?
Cintrano, quien por su especialidad hace terapia con numerosas parejas, dice que ha comprobado en unas cuantas sesiones que “muchas discusiones no escalan por el contenido, sino por la percepción de desconexión o la interpretación que se realiza” de “gestos sutiles” como la desviación de la observancia, los ojos en movimiento hacia otro sitio, otra cosa.
Concluye: “La desconexión empieza, muchas veces, en la ausencia de mirada” porque no se expresan “necesidades afectivas”.
“Y cuando exploramos la dinámica cotidiana (de la pareja), descubrimos que apenas se miran mientras hablan, cenan o comparten tiempo”, lo que asfalta el camino hacia la ruptura porque una pareja, más que descomponerse de golpe, se va deshaciendo mediante “microdesconexiones repetidas”. “Una de ellas es sustituir la mirada por la pantalla”, remarca Cintrano.
Volvamos a nuestros entornos y realidades. Has visto, seguro, parejas atrapadas en su móvil, sin hablar, incluso muchos minutos sin hablar. La experta recuerda que este fenómeno se denomina “phubbing” (phone + snubbing), y aunque “no suele ser malintencionado, sí tiene un impacto importante en la relación de pareja”
Porque se va empobreciendo el vínculo, baja su calidad, y sube, en cambio, el distanciamiento emocional y el riesgo de la sensación de soledad.
Un paréntesis sobre la Generación Z
Se ha escrito ya sobre los problemas de la generación Z para mirar al otro/a y para sostener la mirada del otro/a. La psicóloga ratifica la tendencia. “Lo observo con bastante frecuencia en consulta, especialmente en población adolescente y en adultos jóvenes”, asegura.
No lo atribuye a la “incapacidad”, sino a “la menor tolerancia al contacto ocular sostenido”. “Las generaciones que han crecido mediadas por pantallas han desarrollado una enorme competencia comunicativa digital, pero menos entrenamiento en regulación emocional en presencia del otro”, explica.
Al fin y al cabo, mirar al otro es como pulsar el interruptor de una lámpara que ilumina los “circuitos de conexión interpersonal”, que no son sencillos, ya que el vínculo entre seres humanos también habla de vulnerabilidad, de respetar y entender los silencios, de “tolerar la intensidad emocional” y de “exponerse a ser visto”.
Mirar una pantalla no ilumina nada parecido, ni por asomo. “La pantalla regula la distancia; permite editar, posponer y evitar”. ¿También tú has enviado un mensaje para decir algo muy importante (quizá muy doloroso) en vez de para quedar y decirlo a la cara?
Mirar y amar más allá de San Valentín
“La mirada sostenida es un gesto sencillo, pero profundamente reparador”, subraya la psicóloga de Centta.
Terminemos cerca de donde empezamos. Con palabras de Cintrano: “En consulta suelo decir que la pareja necesita tiempo de calidad. Si no hay momentos donde la atención esté dirigida únicamente al otro, es decir, con exclusividad atencional, el vínculo se erosiona de forma silenciosa”.
Como San Valentín está ya aquí, vamos a aprovecharlo. Y a partir del 15 de febrero, también.







