A las familias cada vez les cuesta más instaurar rutinas de sueño con el ritmo frenético del día a día, las extraescolares y las pantallas. La consecuencia es que los niños y niñas en edad escolar duermen menos horas de las recomendadas. Para mitigar la situación, el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid ha impulsado una escuela para que padres y madres aprendan a mejorar la higiene del sueño de sus hijos.

EFE Salud se ha desplazado hasta el hospital madrileño para hablar con una de las impulsoras de la escuela, la enfermera Noemí Castillo, del Servicio de Neurofisiología, y conocer más sobre este proyecto que se encuentra en fase de reclutamiento de familias y que en breve echará a andar.

«La idea de la escuela de sueño nos surge de nuestra propia práctica clínica; cuando íbamos hablando con las familias, muchas nos decían que sus hijos tenían periodos cortos de sueño, y viendo las consecuencias que la privación de sueño tiene en los niños, fuimos investigando cada vez más», explica Castillo.

Para familias de escolares entre 5 y 9 años

La escuela está dirigida a familias con hijos e hijas de entre 5 y 9 años, con problemas tales como despertares frecuentes, periodos cortos de sueño o resistencia para irse a la cama, debido a una mala higiene del sueño.

Se enmarca dentro de un proyecto de investigación que tiene como objetivo constatar la efectividad de la educación para la salud, en este caso a través de la escuela de sueño.

«Es un programa de educación para la salud que consta de cinco sesiones de 90 minutos, separadas entre sí durante tres semanas, en la que se reúne un grupo de familias que, aparte de poner en común sus experiencias con la higiene del sueño de sus hijos, van a recibir información basada en la evidencia sobre cómo mejorar el sueño de sus pequeños», abunda la enfermera.

Seguimiento individualizado

Las familias van a tener un seguimiento individualizado para ver cómo evolucionan sus hijos en cuanto al sueño.

La formación, aclara Castillo, la recibirán directamente los padres y madres, quienes son los que luego pondrán en marcha en casa las medidas que les enseñan en la escuela. Los «profesores» no hacen ninguna intervención directa con los menores.

Está previsto que cada grupo esté formado por entre nueve y once familias.

«Nuestra idea es dejar la escuela de sueño implementada dentro de la cartera de servicios y abrirla y ampliarla a otros grupos de edad o niños con otras patologías. Ahora mismo, dentro del ensayo clínico, no estamos incluyendo a niños que puedan tener otros trastornos del sueño como apnea, piernas inquietas u otros problemas del neurodesarrollo o epilepsia, que pueden influir en la calidad y cantidad de sueño, pero nuestra idea a futuro es hacerlo», subraya.

El origen de los problemas

Castillo señala que las principales causas que se esconden tras los problemas de sueño de los niños son, en primer lugar, la exposición a pantallas desde edades muy tempranas. Pero no solo por la exposición a la luz azul, que interfiere en la secreción endógena de melatonina, sino también por el tipo de contenidos al que están expuestos, «que son cada vez más estimulantes y no permiten al cerebro desconectar».

Otra de los factores que influye es el ritmo de vida, con niños «sobrecargados de extraescolares y de actividades» y con familias que tienen jornadas laborales exhaustas, que cuando llegan a casa no pueden cenar a una hora temprana.

«Muchas veces llegas tan cansado que no somos capaces de poner límites a la hora de dormir», añade la enfermera, quien indica que los escolares deberían dormir entre nueve y doce horas al día, en función de la edad y el cronotipo, pero nunca deberían ser menos de ocho.

Como dato general, Castillo asegura que los niños y niñas van perdiendo 20 minutos de sueño al año, de manera que hay que tener en cuenta cómo evoluciona su sueño y cómo están durante el día, para valorar los problemas de sueño que puedan tener.

Las consecuencias

Si en la infancia no se duermen las horas necesarias, la salud física y mental de los menores se ve afectada.

«El sueño es necesario para un montón de funciones básicas, desde a nivel metabólico, inmunológico, cognitivo», asevera Castillo.

Los pequeños que arrastran una privación crónica de sueño, pueden tener síntomas paradójicos como pueden ser irritabilidad, hiperactividad, mal desempeño escolar o problemas de comportamiento.

Pero, además de estos problemas, tienen más riesgo de padecer obesidad, infecciones y resistencia a la insulina.

Pautas para una buena higiene de sueño

Para conseguir que la infancia tenga una higiene del sueño, hay que establecer una serie de rutinas, que implican no solo los momentos previos a irse a la cama, sino las 24 horas del día.

Para empezar, es importante una buena exposición a la luz solar por la mañana, porque ayuda a sincronizar los ritmos internos y favorecer la secreción de melatonina por la noche.

También hay que mantener horarios regulares todos los días, incluidos los fines de semana. Es bueno tener actividad física, pero no en la hora previa a irse a dormir, porque si no, llegan muy excitados y les cuesta relajarse.

«Una buena alimentación es muy importante porque las dietas de los niños hoy en día son dietas normalmente ultra azucaradas y tienen muchos excitantes que impiden al cerebro relajarse», continúa Castillo.

Es preferible separar la cena al menos una hora del sueño y, por supuesto, no usar pantallas en las últimas dos horas antes de irse a la cama.

«Aparte de todo lo que hacemos a lo largo del día, es importante que cuando se va acercando la hora de meter a los peques en la cama, tengamos una buena rutina. Esto es individual. Habrá familias que prefieran ducha, cena, contar un cuento y dormir, y otras que prefieran hacerlo en otro orden. Pero cada familia debería de estar encontrando su propia rutina que permita al peque ir desconectando y relajándose», concluye la enfermera.

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