Para minimizar al máximo posible el impacto de la eyaculación precoz en la sexualidad masculina, disfunción que genera infelicidad, angustia y ansiedad en el varón, a la vez que problemas serios de insatisfacción y comunicación en las relaciones de pareja, sólo cabe pedir una cita médica en urología

“La eyaculación precoz o rápida, determinada por la incapacidad del hombre para ejercer el autocontrol, puede solucionarse con la combinación de tratamientos farmacológicos y atención psicológica”, asegura la Dra. Carmen González Enguita, jefa del Servicio de Urología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

La eyaculación es una condición biológica del hombre que se produce cuando el varón, previa excitación, expulsa el semen generado en sus testículos a través del conducto uretral que discurre por el interior del pene, ya sea en la masturbación o durante una relación sexual de pareja.

Antes de la eyaculación, el esperma se acumulará en la uretra posterior, una fase de la expulsión que ofrece señales inequívocas al varón de su nivel de excitación.

Después de la eyaculación, salvo casos excepcionales, el pene se relaja perdiendo la erección, condición ineludible de la penetración; es decir, se inicia el vaciado sanguíneo de los cuerpos cavernosos del glande, que previamente se habían rellenado hasta alcanzar la máxima tensión.

La línea roja de la eyaculación precoz

La disfunción eyaculatoria, precoz o rápida, ocurre cuando el individuo afectado alcanza el orgasmo antes de la penetración, nada más introducir el pene en la vajina o en el ano o apenas unos segundos o pocos minutos, hasta tres, después de iniciar el emparejamiento carnal.

“Si bien la duración deseada del acto sexual puede variar entre individuos y parejas, la eyaculación precoz se define más por la insatisfacción personal del varón o por la incapacidad para mantener relaciones sexuales placenteras”, indica la uróloga.

“Estamos hablando de uno de cada tres hombres, quienes en algún momento de su vida han sufrido una eyaculación antes de lo esperado. De hecho, un 90 % de los afectados no busca ayuda para resolver su estresante disfunción sexual“, destaca la Dra. González Enguita.

“Muchas veces se ocultan por vergüenza o porque piensan que su problema sexual no tiene solución. Un hecho que dificulta el diagnóstico, lo que impide la parte más importante de la solución: el tratamiento contra la EP, patología que se puede revertir”, subraya.

¿Y cómo se diagnostica la eyaculación precoz?

El diagnóstico de la eyaculación precoz, fundamentalmente clínico, está basado en la entrevista con el paciente en la consulta y sin reservas.

“Convendrá aclarar, entre otros aspectos, desde cuándo sufre la disfunción sexual, con qué frecuencia la padece, qué tiempo transcurre entre el estímulo y la respuesta eyaculatoria (latencia), qué desencadenantes intervienen en la EP o la influencia de vertientes personales, sociales y de pareja”, establece.

La consulta clínica se complementará con una exploración física de los genitales, adecuada y dirigida al problema sexual, por si hubiese alguna alteración anatómica que favoreciera la EP.

Asimismo, cabe resaltar que en el diagnóstico de la eyaculación precoz raramente se utilizan pruebas complementarias, que sólo se realizarían si se sospecha de alguna causa anatómica, biológica u orgánica después de la exploración.

El tratamiento de la eyaculación, sin prisa, pero sin pausa

“Lo primero es aconsejar y educar, aunque en muchos casos sólo sea necesario tranquilizar al paciente y explicarle que se trata de una situación normal, que no sufre eyaculación precoz, que no requiere más estudios clínicos y, por supuesto, tratamientos”, opina.

Si el varón realmente padece esta disfunción sexual, la asistencia sanitaria dispone de dos alternativas, dependiendo del tipo de eyaculación precoz.

En los pacientes crónicos se priorizará la terapia farmacológica, como la prescripción de dapoxetina, que potencia la acción de la serotonina.

“Es un medicamento que usa a demanda, es decir, el paciente lo tomará unos minutos antes de mantener la relación sexual. Se amplía el tiempo que transcurre desde la excitación hasta la eyaculación. Aumenta la capacidad de control y disminuye el estrés asociado, incrementando la satisfacción general del acto sexual”, describe.

Otra alternativa de fármacos son los inhibidores de la fosfodiesterasa, el mismo tratamiento que se usa para la disfunción eréctil.

“Se ha visto que, si bien no logran retrasar la eyaculación, sí añaden confianza y sensación de control, lo que a su vez disminuye el estrés del paciente y, finalmente, al igual que la dapoxetina, consigue una mayor satisfacción sexual”, recalca.

Estos medicamentos pueden usarse por separado o de forma complementaria, potenciándose sus resultados sin aumentar los posibles efectos secundarios.

Los anestésicos locales, que se utilizan a demanda, conforman otra opción viable.

“Su formulación suele presentarse en formato espray, aplicándose directamente sobre el pene minutos antes de la relación sexual. Este anestésico consigue cierto grado insensibilidad peneana. Un método sencillo que obtiene resultados notables”, explica.

Y si bien los tratamientos farmacológicos son una buena opción inicial para los pacientes con eyaculación precoz adquirida, variable o subjetiva, se deberían priorizar, o combinar al menos, las terapias conductuales, área específica de sexólog@s y psicólogo@ clínic@s.

“El objetivo de la urología, en estos casos, se focaliza tanto en identificar correctamente a los pacientes que se beneficiarán de un tratamiento farmacológico como en derivar a quienes lo necesiten a otros especialistas”, afirma.

Publicidad