Google ya entendió que no puede ganar sola la carrera de la inteligencia artificial aplicada a la salud. Por eso decidió hacer algo que hasta hace poco parecía impensable: colaborar con Apple y otros competidores para meterse de lleno en los datos médicos y hábitos personales de millones de usuarios.

La empresa anunció una ofensiva agresiva en el sector salud con el lanzamiento de Google Health, una plataforma impulsada por inteligencia artificial que promete funcionar como entrenador físico, asesor de sueño y asistente de bienestar personalizado. El movimiento deja claro que la verdadera batalla ya no está en vender relojes inteligentes, sino en controlar la información médica y emocional de los usuarios.

Google llega tarde al negocio de los dispositivos “wearables”. Apple, Samsung, Xiaomi y Huawei dominan el mercado global. Sin embargo, la compañía de Mountain View parece haber cambiado de estrategia: en lugar de pelear por vender más relojes, quiere convertirse en la plataforma que procese y administre todos los datos de salud, incluso aquellos generados desde un Apple Watch, un anillo Oura o dispositivos Garmin.

El nuevo entrenador de IA de Google analizará sueño, actividad física y registros médicos para ofrecer recomendaciones automáticas, resúmenes biométricos y planes personalizados de entrenamiento. Todo bajo el discurso de “democratizar” servicios que antes sólo podían pagar atletas de alto rendimiento.

“Un deportista tiene nutriólogo, entrenador y asesor de sueño. ¿Por qué no todos?”, declaró Rishi Chandra, director de Google Health.

Detrás de esa narrativa optimista aparece el verdadero negocio: capturar más información personal y convertirla en un ecosistema de suscripción. Muchas de las nuevas funciones sólo estarán disponibles mediante Google Health Premium, un servicio adicional que operará separado de los planes tradicionales de inteligencia artificial de Google.

La actualización también transformará la actual aplicación Fitbit en Google Health a partir del 19 de mayo. La plataforma integrará modelos Gemini para responder preguntas sobre salud y actividad física mediante un chatbot entrenado con datos biométricos del usuario.

Google incluso lanzará Fitbit Air, una nueva pulsera sin pantalla diseñada únicamente para alimentar el sistema de datos de la aplicación.

Pero el avance tecnológico no llega libre de cuestionamientos. Instituciones como la Mayo Clinic y la Duke University School of Medicine han advertido que la inteligencia artificial todavía presenta graves limitaciones para interpretar contextos médicos complejos y realizar diagnósticos confiables.

Las propias compañías tecnológicas han tenido que admitir que sus plataformas no sustituyen a médicos ni especialistas. Aun así, millones de personas ya utilizan herramientas de IA para resolver dudas de salud antes de acudir a consulta.

El problema es que la competencia se está convirtiendo en una disputa por controlar datos sensibles. OpenAI, Microsoft, Samsung, Oura y Whoop ya desarrollan sistemas similares capaces de analizar hábitos físicos y generar recomendaciones automatizadas.

Microsoft presentó Copilot Health. OpenAI empuja ChatGPT Health. Google responde abriendo la puerta a Apple.

La lógica es simple: quien concentre más datos personales tendrá ventaja en la nueva economía de la inteligencia artificial médica.

Y Google parece dispuesta a sacrificar rivalidades históricas para no quedarse fuera del negocio.

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