Una de cada diez personas sufrirá una crisis de epilepsia a lo largo de su vida, y en el caso de las más desfavorecidas la incidencia de esta enfermedad se duplica, lo que supone «una muestra clara» de que se puede prevenir al menos en el 30 % de los casos.
En el Día Internacional de la Epilepsia -que se celebra el segundo lunes de febrero- la Sociedad Española de Neurología (SEN) indica que esta enfermedad afecta en España a más de medio millón de personas y en el mundo, a 50 millones.
El 1 % de las consultas de urgencias
Se trata de una enfermedad con una alta morbilidad -proporción de personas que enferman en un sitio y tiempo determinado-, que deteriora la calidad de vida y supone un estigma social que aún persiste para quienes la sufren.
Tener una crisis epiléptica -causa que supone hasta un 1 % de las consultas en los servicios de urgencias- no significa que ya se tenga la enfermedad ya que ésta se define por haber padecido dos o más convulsiones no provocadas, según la SEN.
Eso sí, tras haber padecido una única crisis no provocada, el riesgo de tener otra y, por tanto, padecer epilepsia, es del 40 al 52 %.
La enfermedad se caracteriza por convulsiones recurrentes, que son episodios breves de movimiento involuntario: pueden involucrar una parte del cuerpo o a todo el cuerpo. A veces hay pérdida de conciencia y control de la función intestinal.
El porqué de las convulsiones
¿Y a qué se deben las convulsiones? A descargas eléctricas excesivas en un grupo de células cerebrales que pueden producirse en distintas partes del cuerpo, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pueden ser muy breves, pero también prolongadas y graves.
«Las crisis epilépticas se generan por una actividad eléctrica anómala en el cerebro y pueden clasificarse en convulsivas y no convulsivas», explica el coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la SEN, Manuel Toledo.
En las no convulsivas hay una alteración del estado de conciencia o «manifestaciones conductuales» en tanto que las convulsivas provocan «episodios de movimientos involuntarios abruptos, como rigidez muscular y sacudidas rítmicas», abunda Toledo.
«Por otra parte, existen muchas causas estructurales, genéticas, infecciosas, metabólicas o inmunológicas que pueden conducir a la epilepsia, pero, aproximadamente, en el 50 % de los casos en todo el mundo las causas aún son desconocidas», asegura el experto de la SEN.
Los recursos influyen
En países que tienen ingresos altos, cada año se diagnostican de epilepsia a unas 50 personas por cada 100.000 habitantes, mientras que en los países de ingresos bajos y medianos puede llegar a los 140 casos por cada 100.000.
En el caso concreto de España, cada año se diagnostican unos 20.000 nuevos casos, es decir, unos 40 nuevos casos por cada 100.000 habitantes.
La diferencia en la incidencia de la epilepsia entre países según el nivel socioeconómico también es extrapolable a la población, asegura la SEN. De hecho las personas más desfavorecidas la sufren en mayor proporción.
Por ejemplo, en España, la incidencia de la epilepsia es 2,3 veces más frecuente en las personas más desfavorecidas, algo que para los neurólogos es «una muestra clara» de que se trata de una enfermedad que se puede prevenir, al menos, en el 30 % de los casos.
Controlar los factores
En este sentido, Toledo abunda en que solo con evitar o controlar mejor factores como traumatismos craneoencefálicos, infecciones, enfermedades genéticas o problemas vasculares, que suelen ser más frecuentes en entornos de personas más desfavorecidas, «se permitiría reducir de forma significativa el impacto de la epilepsia y sus consecuencias a largo plazo».
La enfermedad es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes en el mundo, de hecho, la proporción de personas con epilepsia activa es de entre 4 y 10 personas por cada 1.000 habitantes y alrededor del 80 % de estos pacientes vive en países de ingresos bajos y medianos.
En estos países tres de cada cuatro personas con epilepsia no reciben el tratamiento que necesitan, a pesar de que más del 70 % de podría tener una vida normal si recibiera un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado.
Más riesgo de muerte prematura
No obstante, subraya el neurólogo de la SEN, aún hay un 30 % de pacientes que son farmacorresistentes y no responden al tratamiento, y son las personas a las que «la enfermedad muestra su auténtica gravedad».
Tanto es así que los afectados por la enfermedad tienen el triple de riesgo de muerte prematura que el de la población general y las comorbilidades como ansiedad, depresión, trastornos cognitivos, cefaleas, enfermedades cardiovasculares y endocrino-metabólicas «son muy habituales».
“Por otra parte, es una enfermedad en la que aún persiste mucho estigma social, y los pacientes y sus familias siguen sufriendo discriminación, lo que repercute negativamente en su integración social, educativa y laboral», sostiene Toledo.
Así, confía en que este día internacional sirva para visibilizar la epilepsia, promover el acceso equitativo al diagnóstico y tratamiento. Pero también para «combatir los mitos y prejuicios que aún rodean a esta enfermedad neurológica».







