Berta Pinillos/EFESalud
La lucha contra las enfermedades tropicales desatendidas, las olvidadas entre las olvidadas, ha avanzado en los últimos años, de forma que las personas afectadas se han reducido en un cuarto, aunque siguen superando el billón. Los recortes de Estados Unidos a la cooperación y el cambio climático son dos de las sombras que planean en esta carrera de fondo para conseguir eliminarlas.
El porqué del nombre
Son enfermedades desatendidas porque, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), apenas aparecen en los programas de salud mundial. Son «muy pocos» los recursos que se destinan a ellas y «son prácticamente ignoradas por las agencias de financiación mundiales».
Se trata de un grupo de diversas patologías originadas por diferentes patógenos -como virus, bacterias, parásitos, hongos y toxinas-, cuyas consecuencias sociales, económicas y para la salud «son devastadoras», señala la OMS.
Entre otras muchas, se encuentran el dengue, la enfermedad de Chagas, la leishmaniasis, la rabia, la sarna, la lepra, la úlcera de Buruli y el envenenamiento por mordeduras de serpiente.
Menos afectados
El director general de la Fundación Anesvad, Íñigo Lasa, afirma a EFE Salud que una de las buenas noticias respecto a la enfermedades tropicales desatendidas es que desde 2010 aproximadamente un 26 % menos de personas necesitan intervención frente a ellas.
«En década y media ha bajado un cuarto la población, pero aún superan el billón de personas, que sigue siendo una cifra escandalosa para una problemática que tiene muy poca repercusión internacional», señala Lasa.
Otro asunto importante que destaca el director general de Anesvad es el buen ritmo en cuanto a la eliminación de algunas de estas enfermedades como problema de salud pública en varios países, de hecho, algunos como Togo, han conseguido cuatro en una década.
«Es algo súper positivo. Antes se contaban con los dedos al año, ahora ya son 50 los países. A veces se elimina generalmente la misma, pero en otros casos pues ha habido eliminaciones de otras», apunta.
Más tratamientos a menor costo
Además, cada vez hay más tratamientos preventivos y de menor coste. Que cueste en algunos casos menos de un euro por persona, facilita la financiación, y sobre todo el coste de la distribución.
Y se van integrando mejor en los sistemas públicos y van siendo prioridad para los países afectados.
A todo esto se une, apunta Lasa, que el pasado año se aprobó una resolución en la Asamblea Mundial de la Salud -el órgano decisorio supremo de la OMS- a favor de las enfermedades de la piel. la mitad de las desatendidas afecta a la piel.
«Eso les vuelve a dar otro empujón importante», asegura Lasa.
El impacto de la pandemia
Estas son las luces en la lucha contra enfermedades tropicales desatendidas, pero también hay sombras.
Lasa afirma que aún se siguen notando los efectos de la pandemia, porque tuvo un «impacto brutal» en la prevención y tratamiento. Se paralizaron las campañas, los diagnósticos y los tratamientos. Un golpe muy fuerte del que aún se están recuperando.
«Todavía no estamos al mismo nivel de control de algunas de las enfermedades, como la época prepandemia», considera.
Recortes de EE.UU
Para el director general de la Fundación Anesvad una «sombra terrible a corto plazo» es el cierre anunciado de USAID -la agencia de ayuda humanitaria estadounidense-, que es el principal donante de la distribución de medicamentos para prevenir cuatro enfermedades.
Se trata de la esquistosomiasis (enfermedad parasitaria aguda y crónica), la filariasis linfática (elefantiasis), la oncocercosis y el tracoma (la principal enfermedad infecciosa causante de ceguera en el mundo).
Son cuatro enfermedades que afectan a decenas de millones de personas en África y Asia, sobre todo, aunque también en Latinoamérica. Se pueden prevenir con una pastilla.
Ha habido esfuerzos «muy grandes» de donantes públicos y privados, como la Fundación Gates, para tratar de paliar esta caída, pero aún así es «un verdadero drama».
«Países que llevaban, por ejemplo, cinco años dando tratamiento para la filariasis linfática y que estaban cerca de la eliminación, de repente tienen que volver a la casilla de salida», sostiene Lasa.
Pobreza y cambio climático
Otra sombra «que viene de lejos» es el hecho de que dentro de las olvidadas, hay algunas que tienen más visibilidad que otras como el dengue o la enfermedad de chagas, pero otras son las desatendidas entre las desatendidas.
Y no hay que olvidar, el problema estructural que hay detrás de todo que es la pobreza: «el gran limitante para avanzar».
El cambio climático es otra de las sombras que se cierne en la lucha contra las enfermedades tropicales desatendidas, porque la mayoría de ellas se transmite por vectores como los mosquitos, las mocas y las pulgas, entre otros.
«Y a medida que el clima se está haciendo más irregular, empiezan a aparecer muchos más casos en zonas urbanas, cuando antes estaban prácticamente centrados en zonas rurales, focos incontrolados. Y no es lo mismo combatir estas enfermedades en una zona rural que una zona urbana», asegura Lasa.







