• Falta de planeación, procrastinación y metas sin sentido explican el fracaso recurrente

Con la llegada del Año Nuevo 2026, millones de personas renuevan la lista de propósitos personales: mejorar la salud, cambiar hábitos, crecer profesionalmente o cuidar el bienestar emocional. Sin embargo, la experiencia colectiva demuestra que la mayoría de esas metas no sobrevive al paso de los meses, un fenómeno que tiene explicación psicológica y conductual.

Diversos estudios coinciden en que el entusiasmo inicial suele diluirse rápidamente cuando los objetivos carecen de estructura, sentido y constancia. El inicio de un ciclo representa una oportunidad simbólica de cambio, pero no garantiza, por sí mismo, la transformación.

Investigaciones de la Universidad de Scranton, en Pensilvania, revelan que el 73 por ciento de las personas mantiene sus propósitos solo durante la primera semana del año. A los seis meses, la cifra se reduce al 46 por ciento y, al concluir el año, apenas el 19 por ciento logra cumplir sus metas.

Para la profesora María Martina Jurado Baizabal, de la Facultad de Psicología de la UNAM, el problema central radica en que muchos propósitos*no están anclados a un motivo profundo.

“Cuando no sabemos por qué ni para qué queremos algo, el compromiso se diluye tan pronto desaparece el entusiasmo inicial”, explica la especialista.

En un artículo publicado en la Gaceta UNAM, Jurado Baizabal señala que la falta de planeación realista y la procrastinación son los principales obstáculos para el cumplimiento de objetivos. Adoptar nuevos hábitos implica tiempo, esfuerzo y, en muchos casos, renunciar a conductas arraigadas, un proceso que suele subestimarse.

La procrastinación -definida como el aplazamiento sistemático de responsabilidades- no solo retrasa el logro de metas, sino que puede derivar en afectaciones emocionales, entre ellas:

  • Baja autoestima
  • Sensación de incapacidad y culpa
  • Episodios de ansiedad y depresión

Desde la psicología conductual, la experta propone una serie de **estrategias prácticas** para aumentar la probabilidad de éxito en los propósitos de Año Nuevo:

  • Metas pequeñas y alcanzables: Dividir los objetivos grandes en tareas concretas y realistas favorece la motivación y reduce la frustración.
  • Constancia sobre perfección: Los tropiezos no deben convertirse en pretextos para abandonar el objetivo.
  • Revisión y ajuste de estrategias: Analizar los obstáculos permite corregir el rumbo sin renunciar a la meta.
  • Aceptar el error: El miedo al fracaso paraliza; el error debe asumirse como parte del aprendizaje.
  • Cuidar el entorno: Rodearse de personas y espacios que refuercen la motivación y no la descalificación.

“Necesitamos establecer estrategias específicas y saber qué impacto tendrá en nuestra vida cotidiana cumplir lo que nos proponemos”, subraya Jurado Baizabal.

La diferencia entre abandonar y cumplir un propósito no está en el deseo, sino en la ejecución estructurada. El Año Nuevo 2026 ofrece una oportunidad, pero el cambio real exige planificación, disciplina y una comprensión clara de las propias motivaciones.

En un contexto donde la postergación se ha normalizado, pasar de la intención a la acción consciente es el verdadero desafío para que los propósitos de inicio de año dejen de ser una promesa recurrente y se conviertan en resultados tangibles.

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