Berta Pinillos/EFESalud
Las fracturas vertebrales son una de las principales señales de la osteoporosis, una patología que afecta a alrededor del 25 % de las mujeres mayores de 50 años. Por primera vez, varias sociedades científicas firman un consenso sobre el manejo de las fracturas de vértebras por la enfermedad aguda con el objetivo de armonizar el diagnóstico, el tratamiento precoz y reducir la variabilidad asistencial.
La osteoporosis es la pérdida progresiva de la masa ósea y calidad del hueso, que pierde resistencia y puede romperse por traumatismos mínimos o actividades cotidianas. Son las denominadas fracturas por fragilidad, que no requieren un accidente de gravedad para que ocurran, señala la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER), que ha liderado el documento de consenso, con 64 expertos de distintas sociedades.
Muchas fracturas no se diagnostican
La enfermedad también afecta a los hombres, aunque con menos frecuencia que a las mujeres. De hecho, si casi el 25 % de las mujeres mayores de 50 años tiene osteoporosis, aumenta cuanto más avanza la edad, sobre todo a partir de los 70 años.
Las fracturas vertebrales por osteoporosis son una de las principales manifestaciones clínicas de esa fragilidad ósea, según la GEER. Y muchas no se diagnostican al confundirse con dolor mecánico o con cambios degenerativos característicos de la edad.
El documento de consenso sobre la fractura vertebral por osteoporosis es el primero a nivel nacional sobre el manejo de la fase aguda de estas fracturas. Se ha publicado en «Archives of Osteoporosis» y recoge la participación de 64 expertos de siete sociedades científicas españolas.
Criterios diagnósticos y terapéuticos
Establece una serie de criterios diagnósticos, terapéuticos y de seguimiento adaptados al Sistema Nacional de Salud (SNS) con el objetivo de reducir la variabilidad clínica existente en España.
El hecho de que no existiera una guía unificada «favorecía enfoques heterogéneos entre centros y especialidades», según la GEER, con lo que el trabajo nace con «vocación de ordenar, armonizar y mejorar la calidad asistencial en un problema sanitario de gran impacto«.
De hecho, el documento indica que solo un tercio de las fracturas son sintomáticas y reciben atención clínica, pese a asociarse a dolor, discapacidad y deterioro funcional.
El consenso unifica criterios diagnósticos en la fase aguda.
Así establece que la radiografía simple dorsal y lumbar tiene que ser la prueba inicial en los casos sospechosos. La resonancia magnética se debe reservar para situaciones de dolor persistente o dudas sobre la antigüedad de la fractura.
También insta a una valoración clínica minuciosa y multidisciplinar para diferenciar lesiones recientes de deformidades antiguas y descartar causas secundarias cuando sea necesario.
Sitúa el inicio temprano de las medidas asistenciales «como elemento clave del pronóstico funcional» y el abordaje pone el foco en el control del dolor y la recuperación funcional precoz. Evita las inmovilizaciones prolongadas que puedan agravar la fragilidad del paciente de edad avanzada.
Además, recuerda que la fractura vertebral constituye en sí misma un diagnóstico de osteoporosis y obliga a tomar medidas de tratamiento específico y prevención secundaria desde el inicio.
La prevención de nuevas fracturas por osteorporosis
«La prioridad no se centra únicamente en el episodio agudo, sino en reducir el riesgo de nuevas fracturas y preservar la autonomía», señala la GEER.
Subraya, asimismo, que estas fracturas suelen ser el primer indicio de una fragilidad ósea avanzada y que su presencia es uno de los «predictores más sólidos» de otras nuevas, a la vez que puede duplicar el riesgo de fractura de cadera e incrementar «significativamente» la probabilidad de otras en otras partes del cuerpo.
De hecho, el riesgo de «refractura» en los dos años siguientes a una anterior es «elevado», de ahí que el documento de consenso destaque la importancia de la coordinación entre especialistas hospitalarios y de Atención Primaria para garantizar continuidad asistencial, adherencia terapéutica y la reevaluación periódica del riesgo.
La GEER hace referencia al escenario demográfico del país, con el envejecimiento de la población, que «seguirá tensionando» los recursos sanitarios, con lo que la estandarización de criterios clínicos contribuye a mejorar los resultados y optimizar la atención.







