Los especialistas del blog “Salud y prevención” alertan en un nuevo post sobre los riesgos que el calor puede provocar en el cerebro y ponen especial acento en la población más vulnerable, mayores y niños.

Con las altas temperaturas del verano debemos tener mucho cuidado porque su impacto sobre nuestra salud es máximo, incidiendo a distintos niveles y órganos, sin escaparse el cerebro. ¿A qué alguna vez has oído la expresión de que ‘se derrite el cerebro’ con el calor? Pues sí, hay que tener mucho cuidado porque puede mermar nuestra salud cerebral las altas temperaturas. ¿Te has dado cuenta de que tu cerebro no funciona igual si hace calor?

Según explica el doctor Rafael Arroyo, jefe del Departamento de Neurología de los Hospitales Universitarios Ruber Juan Bravo (Madrid) y Quirónsalud Madrid, es cierto que, a partir de cierta temperatura y calor, se produce una falta de atención, una falta de concentración, y la velocidad de nuestro cerebro disminuye: “Existen estudios que demuestran que el rendimiento de nuestras capacidades cognitivas es peor cuando la temperatura ambiental es elevada”.

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Con respecto a qué temperatura y con que calor nuestro cerebro funciona claramente peor, este experto señala que el hipotálamo, que es el regulador de la temperatura, a partir de los 40 grados funciona de forma anómala, y se bloquea. “Son temperaturas que debemos claramente evitar porque el cerebro de la mayor parte de las personas va a funcionar de manera errónea”, agrega.

De hecho, mantiene que, nuestro cuerpo funciona regularmente a una temperatura aproximada de 37 grados y, en general, cuando una persona alcanza una temperatura extrema, como pueden ser los 40 grados el hipotálamo deja de funcionar y se producen alteraciones en el control de la temperatura.

“Todo ello provoca disfunciones en muchos de nuestros órganos: el cerebro pierde atención y concentración; los riñones, en un intento de conservar la temperatura, dejan de filtrar; y se pueden producir estados de somnolencia, estupor, o incluso llegar hasta el coma en situaciones muy extremas con altas deshidrataciones”, subraya el neurólogo.

La población más vulnerable

El doctor Arroyo advierte de que, “sin ninguna duda”, hay personas mucho más vulnerables a las altas temperaturas que otras, en primer lugar, la población de mayor edad.

“En las personas mayores su sistema termorregulador está mucho más alterado, sobre todo si existen patologías asociadas”, indica. Al mismo tiempo, señala que también son muy vulnerables los niños pequeños, sobre todo por debajo de los tres años.

En este sentido, añade que, aunque todas las personas en general pueden verse afectadas, sobre todo en población vulnerable, es muy característico que las cefaleas o las migrañas empeoren con altas temperaturas, al igual que la esclerosis múltiple, u otras enfermedades como los trastornos del sueño, o las enfermedades neurodegenerativas.

A su vez, sostiene este neurólogo que la elevación de la temperatura produce habitualmente una disminución de la atención y de la concentración y, en muchas ocasiones, un mayor grado de irritabilidad: “Por eso, las personas con trastornos psicológicos y/o psiquiátricos (ansiedad, depresión e incluso trastornos psicóticos), pueden ver aumentada su irritabilidad y que sus síntomas previos se vean agravados”.

Cambios en cortos periodos de tiempo

Eso sí, advierte de que habitualmente para que se produzcan situaciones importantes desde el punto de vista neurológico se deben soportar altas temperaturas durante períodos prolongados de tiempo, pero en ocasiones alerta de que, cuando el cambio es muy brusco, cuando pasamos por ejemplo de una temperatura muy baja a una temperatura muy alta, nuestros sistemas termorreguladores lo digieren mal.

“Tanto la exposición prolongada a altas temperaturas, como los cambios muy bruscos, son los dos factores que provocan que nuestro sistema nervioso central responda de forma anormal y patológica”, añade el jefe del Departamento de Neurología de los Hospitales Universitarios Ruber Juan Bravo y Quirónsalud Madrid.

De hecho, le preguntamos por los estudios que relacionan la violencia con los climas calurosos, ¿tiene sentido? Reconoce este experto que esto es así como consecuencia del aumento de la irritabilidad y de la privación de sueño de las personas, que se dan más en estas condiciones. “Cuando dormimos bien somos más inteligentes y más calmados; mientras que cuando dormimos mal somos menos inteligentes y mucho más irritables, y esto favorece la agresividad”, agrega.

El sueño, principal perjudicado

Asimismo, el doctor Arroyo pone en valor que uno de los problemas más frecuentes que sufrimos cuando se eleva mucho la temperatura es la dificultad para dormir y, en consecuencia, para que nuestro cerebro funcione adecuadamente.

“Cuando dormimos mal la atención disminuye, la memoria empeora, y el aprendizaje se complica. Al mismo tiempo estamos más irritables”, insiste.

Por ello, ve importante que cuando nos vayamos a dormir la temperatura del entorno sea adecuada, porque si no todas estas consecuencias las vamos a sufrir al día siguiente y va a perjudicar mucho nuestra calidad de vida.

“Es fundamental acondicionar bien la habitación, que exista ventilación, realizar una actividad física moderada alejada en el tiempo del período de descanso, evitar estímulos como televisiones o pantallas de móviles y eliminar, en la medida en que sea posible, la ansiedad o la angustia propias del día a día”, indica este neurólogo.

En este sentido, aconseja sin duda evitar, y hacerlo sobre todo las personas más vulnerables, la exposición al calor o a las fuentes de calor, además de evitar salir a la calle en los momentos de más calor, aparte de mantener una adecuada hidratación.

“Por supuesto, hay que tratar de evitar que el organismo se centre en tareas que no son imprescindibles, como por ejemplo el ejercicio físico en los momentos de más calor, o comidas copiosas, o el consumo de bebidas alcohólicas, que consumen mucha agua a la hora de ser procesadas por el metabolismo”, resalta este experto.

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