¿Está la medicina a las puertas de una nueva era gracias a las modernas herramientas que permiten interactuar con el cerebro? Álvaro Pascual-Leone, catedrático de Neurología en la Escuela Médica de Harvard, responde con contundencia que sí, y también que las tecnologías permiten ya captar, leer con precisión la actividad cerebral e incluso modificarla.

Frente a quienes alertan de que nuevas tecnologías, en especial la IA, pueden aumentar las desigualdades, el neurólogo sostiene lo contrario en una entrevista a EFE con motivo de su estancia en Madrid para participar en unas jornadas sobre los dilemas y desafíos que implican las nuevas tecnologías, organizadas por la Confederación de Sociedades Científicas de España y la Fundación Ramón Areces. Para Pascual-Leone, servirán para evitarlas si se usan de manera correcta.

Y añade: “Las neurotecnologías cambian las posibilidades de entender el cerebro y de actuar sobre él; nos permiten promocionar la salud, prevenir la enfermedad y paliar las discapacidades”.

E incide en que la clave radicará en “empoderar” a los servicios de atención primaria para que sean capaces, gracias al uso de las nuevas tecnologías, de detectar cualquier síntoma que pueda permitir la detección temprana de enfermedades cerebrales o neurodegenerativas, y así, anticipar al máximo el diagnóstico y el tratamiento, de la misma manera que lo hacen con la diabetes, la hipertensión o muchos tipos de cáncer.

El neurólogo argumenta con datos que la ‘discapacidad cerebral’ es la amenaza número uno de la sociedad actual y de la salud pública.

Las enfermedades cerebrales, dice, son la primera causa de la discapacidad (mayor que la ocasionada por el cáncer y las enfermedades cardiovasculares juntas) y una de cada dos personas en el mundo está afectada por algún tipo de demencia, bien porque la padece o porque cuida de alguien que la tiene, según recalca.

Además, la discapacidad cerebral cuesta más del 15 por ciento del PIB mundial (más que el coste del cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas juntas) y es una enorme causa de sufrimiento que afecta a los enfermos, a sus familiares, amigos o vecinos.

Tecnologías que anticipan diagnósticos

En la nueva era de la neurotecnología y de la IA, Álvaro Pascual-Leone equipara las nuevas herramientas de las que podrían disponer los servicios de atención primaria con una “parada en boxes”.

Permitiría utilizar las modernas tecnologías para “leer” la actividad cerebral y caracterizar y modular patrones sobre esa actividad que podrían revelar síntomas, así como anticipar diagnósticos y tratamientos que de media tardan unos 15 años en materializarse.

Mantiene que esa “parada” (un chequeo cerebral periódico) permitiría un cribado poblacional para detectar e intervenir de forma temprana y propiciaría que las tecnologías que se requieren no sean tan caras.

Entonces, su utilización generalizada podría contribuir a reducir las desigualdades, ya que de esa forma se evitaría que acabaran convirtiéndose en un privilegio al alcance sólo de unos pocos, argumenta.

IA alineada con los derechos humanos

Y en ese contexto el neurólogo incide en la importancia de regular los “neuroderechos” y de crear marcos legislativos que definan con precisión todos los datos que se pueden obtener: de quién son, cómo son, quién los usa y para qué se usan. El fin: que el empleo de las nuevas tecnologías, y entre ellas también el de la inteligencia artificial con estos fines, esté siempre alineado con los derechos humanos.

Además de esperanzadores tratamientos que modifican el avance del alzheimer y que ya están aprobados, existen tecnologías “extremadamente sofisticadas y potentes” que permiten ya una detección temprana de las enfermedades neurodegenerativas.

“No hablamos del futuro, hablamos de posibilidades que ya existen; y sólo vemos la punta del iceberg”, asegura Pascual-Leone.

El catedrático de Harvard ha valorado el papel de liderazgo que está desempeñando España, y ha citado como ejemplo el lanzamiento del Centro Nacional de Neurotecnología (Spain Neurotech) que a su juicio sitúa al país a la vanguardia mundial de la investigación en este campo.

O el “indiscutible” liderazgo que ejerce el científico español Rafael Yuste -catedrático y director del Centro de Neurotecnología en la Universidad de Columbia (Estados Unidos)- y la Fundación Neuroderechos que ha impulsado para concienciar a la sociedad, a los políticos y a la comunidad científica de la importancia de proteger la actividad cerebral, así como de promover un marco ético y legal que garantice la privacidad mental, la autonomía, la identidad personal y el acceso equitativo a estas tecnologías.

Publicidad