El miércoles 14 de diciembre por la noche, la nave espacial rusa Soyuz MS-22, acoplada a la Estación Espacial Internacional (ISS) comenzó a perder refrigerante sin control, cancelando los planes de la NASA para que dos cosmonautas rusos realizaran una caminata espacial de rutina.

Ahora, tras haber realizado las inspecciones iniciales del vehículo para conocer la fuente de la “sospechosa fuga”, la agencia espacial rusa, la Roscosmos, ha revelado a través de Sergei Krikalev, un ex cosmonauta que dirige el programa de vuelo espacial tripulado, que el incidente pudo haber sido causado por un “micrometeorito” que golpeó la nave e ingresó al radiador externo del vehículo.

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Como consecuencia de este incidente, Krikalev detalla que podrían darse cambios en el régimen de temperatura de la nave, aunque de momento no se han detectado modificaciones en los parámetros en la Soyuz, en los segmentos ruso o en el estadounidense.

La fuga fue inicialmente descubierta por los equipos de la misión en Tierra cuando los datos de múltiples sensores de presión en el circuito de enfriamiento mostraron lecturas bajas, encontrando una fuente visible de partículas que salían de la nave acoplada.

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