Después de lo que Veracruz ha debido soportar en lo que va del tercer milenio, y si se adopta una de las frases acuñadas en el mundo taurino, la población jarocha tiene la esperanza de que el quinto gobernador electo de este siglo XXI, muestre por fin las virtudes y capacidades que se necesitan para enderezar las maltrechas condiciones en que dejaron a la entidad -unos más que otros- los mandatarios que han ocupado la oficina principal de palacio durante los primeros 18 años de la centuria que corre.

Si se reflexiona sobre esta sentencia de la cada vez más disminuida fiesta de toros, y la aplicamos a las posibilidades de éxito de Cuitláhuac García Jiménez, tenemos que aceptar que son muchas, si se considera que el estado ha tocado fondo durante las últimas administraciones de gobierno. No se podría caer más hondo de lo que ya cayó Veracruz en los años recientes.

Por consiguiente, resultan ociosas las especulaciones sobre su futura eficacia al mando de la administración gubernamental. Sea cual fuere la calificación que obtenga su gestión, podría afirmarse que tendrá que ser mejor que las dos anteriores a él, cuando menos. El estado está contra la pared, ya no hay manera de que quede más atrás.

Esta creencia se fundamenta en que García Jiménez tendrá el respaldo absoluto de Andrés Manuel López Obrador. Otra razón es que en los últimos ocho años, la población ha visto mínimas acciones y obras de gobierno, independientemente de los graves problemas de inseguridad pública que ocurren día a día en vastas regiones. Y no debemos olvidar que el virtual presidente de la república visitó a esta entidad en más ocasiones que a otros estados, y que alguna querencia por el terruño debe guardar, además del antecedente de que su señor padre hubiera nacido aquí.

Pero, en este tema de la confianza en los que llegan a la estructura de gobierno, igual criterio debería aplicarse a sus colaboradores. En este tiempo hemos tenido secretarios de despacho de diversas trayectorias y, por qué no aceptarlo, es una realidad que varios de ellos mostraron de todo, menos honradez, profesionalismo y eficacia.

En el caso de Erick Patrocinio Cisneros Burgos, se habla de su profesión de ingeniero, o del escaso nivel de cargos ocupados antes de este pre nombramiento que recibió de Cuitláhuac. O se rumoran hasta sus ligas con el primer círculo de AMLO.

Lo que consiga hacer Cisneros Burgos en su estado natal, creemos que no estará por debajo de lo que logró el perredista Rogelio Franco en su invisible paso por la secretaría de gobierno, por dar el ejemplo más cercano.

Similar circunstancia sucede con el recién designado secretario de desarrollo económico y portuario. Nadie duda de que Ernesto Pérez Astorga superará con creces la pasiva y desangelada gestión de Alejandro Zairick Morante en esa estratégica área que se debiera encargar de traer empresas que generen empleos bien remunerados. Sobre Pérez Astorga, cabe decir que el nombramiento otorgado en su favor el día de ayer ha ganado confianza y simpatías en gran parte de los sectores productivos de Veracruz.

Algo que debe resaltarse es el hecho de que a la hora en que tomó estas decisiones, el mandatario electo hizo a un lado otras propuestas de las diferentes fuerzas empresariales o políticas que podrían estar vinculadas a personajes gastados o seriamente cuestionados.

Cuitláhuac García puede ser un buen gobernador de esta primera camada morenista; esperemos que demuestre que en Veracruz no hay quinto malo y que este cambio si será para mejorar.

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