El destape que este lunes hizo López Obrador para la sucesión presidencial en 2024 deja varias lecturas. Una de ellas es que en ese grupo de seis incluyó a varios personajes que tienen fama de estar bien preparados en lo académico. Como que el tabasqueño ya se dio cuenta de los problemas originados por la ignorancia, la improvisación y el abuso de los “otros datos”.
Otra de las lecturas es que, en un simple acto de caballerosidad y reciprocidad con la amiga, el presidente decidió incluir a Rocío Nahle en una lista en la que a ella no se le ven posibilidades para alcanzar la primera magistratura del país. Entonces debe leerse que la secretaria de energía fue destapada, pero para que con mayor ahínco busque la gubernatura de Veracruz, desalentando a otros que pueden calentarse buscando ese cargo.
Casualmente, el día de ayer Dante Delgado, uno de los veracruzanos más influyentes del momento, salió a dar una entrevista en El Universal. El líder de Movimiento Ciudadano dijo que AMLO busca descabezar los nuevos liderazgos; que su partido (MC) es afín a una creciente participación ciudadana en la toma de decisiones; que los cambios deben darse por la vía de la construcción de consensos y que se requieren liderazgos con sólida preparación para dar cara a un proyecto alternativo. El político alvaradeño remató señalando que primero se requiere construir un proyecto de nación, para después identificar a la personalidad que puede encabezar ese ejercicio.
Lo que se tendría que entender de esas palabras, respecto a Veracruz, es que Dante no va a figurar como candidato, porque la edad no le ayuda en ese objetivo, y porque la posibilidad de perder la elección no le conviene a su partido, que es su más alta prioridad.
De este modo, y como ha venido realizando a nivel nacional, no debe descartarse que Movimiento Ciudadano decida ser el vehículo para uno de los personajes con verdaderas posibilidades de llegar a ser gobernador, o también constituirse en el partido bisagra para abrir o cerrar alguna puerta.
Si Rocío Nahle viene como candidata a la gubernatura, Ricardo Ahued se convertirá en su obligado aliado y Manuel Huerta en el principal apoyador a cambio de la ansiada senaduría. Para confirmar esta hipótesis, primero tendrán que modificar la constitución veracruzana debido a que Nahle es originaria de Zacatecas. Pero en el caso de Ahued nunca debe olvidarse que el hombre tiene el don de los negocios y que, en el tema de la congruencia, resulta que todos los colores partidistas combinan con sus intereses superiores.
Por el lado del PAN el candidato hasta ahora más fuerte (salvo lo que informen Santiago Nieto y la Unidad de Inteligencia Financiera) sigue siendo Miguel Ángel Yunes Márquez, apoyado por su esposa Patricia Lobeira, la sorprendente alcaldesa de Veracruz, pero para esto necesitaría la negociación con Julen Rementería, a cambio del escaño al senado para su hijo Bingen.
Por el lado del PRI las únicas figuras que podrían destacar rumbo a la gubernatura son Juan Manuel Diez y Pepe Yunes, en ese orden, apoyándose en Anilú Ingram, la única mujer priista que no ha perdido imagen y que cuenta con algún respaldo social en la zona conurbada de Veracruz.
Lo que finalmente se percibe, es que el próximo gobernador de Veracruz será quien cuente con el respaldo de una poderosa coalición de partidos y con parque suficiente para echar los tiros necesarios.
Pero además de lo anterior, se necesitará que varios de los aquí mencionados decidan hacer el papel de aceitadas bisagras políticas para ese fin.
De estas características parece ser el escenario jarocho para una sucesión en la que poco podrán aportar Cuitláhuac García y sus desacreditadas huestes.
