Por Omar Piña
Por esta ocasión frecuentemos dinero. Se les denominaba “situados” y aquí trataremos de aproximarnos a dar algunos argumentos para mostrar que Nueva España era un baluarte financiero del imperio español. Aquí es necesario apuntar que por uso exclusivo de la historia política, se empaña el panorama y sólo alcanzan a mirarse estatuas, frases célebres y batallas impresionantes. Pero cuando se escudriñan los factores económicos, los cambios y las coyunturas adquieren un sentido que destrona a los héroes y villanos para convertirlos en sujetos que vivían determinadas circunstancias impuestas por el espacio y el tiempo en que vivían.
Iniciemos con un ejercicio de traslados marítimos y vayamos hilando conjeturas. Hacia las últimas décadas de la centuria del siglo XVIII un barco salió de Veracruz con rumbo a La Habana. Su cargamento principal era plata y el destino de aquellos caudales se dividiría para ser redistribuido en distintos territorios del Gran Caribe; por supuesto que tales sitios formaban parte del imperio español. Esa plata que provenía de la minería mexicana se fraccionaba para las muchas necesidades administrativas de Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Trinidad, las Floridas, Nueva Orleans y la metrópoli, es decir España. También se enviaba metal a Filipinas.
Para tener una idea de lo necesarias que eran las remesas novohispanas hay que subrayar los gastos americanos que cubría. Los gobiernos militares y civiles del Gran Caribe dependían “en buena medida de los envíos de la plata mexicana en épocas de paz y, aún más, en las numerosas coyunturas bélicas” (Marichal, 1999:37). El dinero de aquellos situados se aprovechaba para cubrir los gastos que provocaba el mantenimiento de tropa regular, la milicia, los puertos, las fortalezas, los presidios, los hospitales militares, sueldos de los empleados civiles y pensiones.
Una muestra para ilustrar el grado de dependencia del Gran Caribe con respecto a las remesas novohispanas. En el año 1800 el gasto de Santo Domingo fue de 400, 000 pesos, pero su recaudación fiscal sólo alcanzó los 130, 000. El situado de plata mexicana aportó los 270, 000 pesos faltantes, y esa cifra representó el 67.5%. Pero aquella política fiscal se aplicaba en todo el imperio. Lima y Potosí estaban obligados a enviar situados a Ecuador, Chile y Río de la Plata.
Visto así, es más congruente lo que se nos enseña en las clases de historia con respecto a que la plata novohispana recorría el mundo. Pero son magnas investigaciones como las del historiador Carlos Marichal las que nos permiten desgranar las generalizaciones para comprender los detalles. Una es acudir a una de las fuentes clásicas, como su libro La bancarrota del virreinato, Nueva España y las finanzas del imperio español, 1780-1810. La otra es aproximarse a esa historia económica a través de una conferencia, como la recién dictada por Marichal en la Academia Mexicana de la Historia.
A todo esto. Aquel barco cargado con plata que a finales del siglo XVIII salió de Veracruz y llegó a La Habana, llevaba un dinero destinado a gastos cubanos. Entre ellos, los costos que generaba la producción de tabaco. Se pagaba a los cosechadores cubanos por sus productos que a su vez surtían la materia prima a las fábricas españolas de cigarros. Y el situado de tabaco producía mayores ganancias. También la plata se convertía en humo, a veces tan aromático como el de los tabacos y a veces sólo provocaba la peste de la pólvora.
Para mascar a fondo:
Academia Mexicana de la Historia (2025), “Las guerras napoleónicas y su impacto en Nueva España; a cargo de Carlos Marichal”, 30 de octubre, <https://www.youtube.com/watch?v=ZSO89IEPUhs>, consultado el 7 de noviembre de 2025 (video).
Marichal, Carlos (1999), “Los gastos imperiales y el virreinato de la Nueva España: costos fiscales del colonialismo 1750-1810”, La bancarrota del virreinato, Nueva España y las finanzas del imperio español, 1780-1810, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, pp. 31-62.







