La decadencia que sufre el estado de Veracruz es resultado de diversos factores productivos, socioeconómicos y ambientales, pero también se debe a la relajación del sistema legal y los valores morales, a la incompetencia gubernamental y a la creciente corrupción en los sectores público y privado.
En esta problemática no pinta el nombre o el imposible liderazgo de la gobernadora Rocío Nahle García, hasta ahora sumida en una pasmosa autocomplacencia, aplaudida y sostenida desde el palacio nacional.
Pero a la incapacidad, la irresponsabilidad y la inacción de las autoridades principales de esta entidad, complica el acontecer diario que no perdona a nadie, como ya ocurre desde febrero pasado en el tema de los derrames de hidrocarburos que contaminan las costas, o como ya sucede |en el agravamiento de la inseguridad pública, en las deficiencias e insuficiencias de las instituciones de salud estatal o en la desatendida afectación de actividades productivas en el ramo agropecuario y pesquero.
La atención oficial a la población, se limita, con estratégica intención focalizada, a difundir las fechas de pago de las ansiadas pensiones del bienestar, con ayuda del alfabeto y la letra inicial del apellido paterno, o al persistente e interminable anuncio de festivales y ferias en todo el territorio, sean tradicionales o sólo parte del cotidiano pan y circo de la 4T.
En paralelo, el mutismo o gozosa ausencia del aparato de gobierno en Veracruz, ha ocasionado en la sociedad, el olvido de los nombres de los funcionarios mayores, que sólo se vislumbran o surgen meteóricamente en sus redes sociales, como si fuesen simples influencers sin responsabilidad alguna.
A Rocío Nahle y su séquito de zombis de nómina, poco les interesó el apoyo a los pescadores afectados, a los comerciantes de zonas costeras o ribereñas, a modestos prestadores de servicios turísticos; tampoco les preocupó la protección a los ecosistemas afectados por el derrame y el chapopote. A pesar de las declaraciones de la “Comisión” creada por Sheimbaum, la contaminación sigue y ya llegó a Matamoros, Tamaulipas, como señaló la prensa el domingo. Cabe decir que el desastre ambiental es notorio y preocupa a organizaciones diversas. Y se sabe que los pescadores del sur de Veracruz alistan una demanda colectiva ante la posición displicente del gobierno.
En torno a este evento, llamó la atención el interminable periodo vacacional de Rodrigo Calderón, el empresario limonero, que simula como secretario de SEDARPA, o quizá mejor SEDAR, por lo sedado que vive el contador, y porque no se asomó para nada en el tema de la pesca disminuida por el chapopote.
Pero la desfachatez de don Rodrigo ya la evidenció con una graciosa huida en el caso del temible gusano barrenador que desacreditó a la ganadería veracruzana, o en el no atendido hongo de las cañas de azúcar, en la zona de Actopan y Úrsulo Galván, cuyos productores siguen esperando cuando menos una asesoría.
En el escandaloso ramo de la seguridad pública, la semana anterior los medios de comunicación informaron que la violencia político-electoral sigue asustando a la gente. Veracruz estuvo en primer lugar nacional en 2025, según destacó Excélsior el sábado, con datos de la empresa Integralia Consultores. Y el viernes de Semana Santa, el estado lideró en el país en el número de asesinatos, con un total de 20 casos. Mientras tanto el señor Reyes muestra rostro y finura en Facebook, demostrando que también sabe estar de moda.
Por cierto, este mes se cumplen tres años y medio sin noticias ni avances de investigación respecto a la desaparición del líder social Francisco Fernández Morales “El Potro”, dirigente del Movimiento de Resistencia Chucho el Roto, contra el elevado costo de las tarifas eléctricas en la región centro, personaje de quien no sabe nada.
Pero para seguir en este estado de cosas sin sentido ni evolución positiva, pudiera ser que los afectados pescadores, los empobrecidos cañeros, los ganaderos en crisis, o los familiares de desaparecidos o fallecidos a causa de la cruel inseguridad pública en Veracruz, se conformen con distraerse con las noticias de los festivales y ferias que siguen en el calendario nahlista.
La ingeniera Rocío Nahle, diligente como sabe ser en estos menesteres musicales, está echando la casa por la ventana y ya debe haber contratado a los artistas de renombre que en unas semanas vendrán al fabuloso e internacional Salsa Fest Boca del Río 2026, el que, como se intuye, algunas decenas de millones de pesos le cuestan al erario.
Porque hay estrategia y objetivo: el turismo y Veracruz están de moda, y la pachanga jarocha debe seguir en el pedacito de patria que sabe sufrir y cantar. El estado no se va a hundir por unas molestas e inoportunas gotas ni por las emanaciones que descubrió Sheinbaum con su científico avistamiento.







