En política, la presencia suele confundirse con autoría. Bajo esa lógica, el director de Turismo Municipal, Eduardo Blanco Guillaumín, apareció en la presentación del torneo internacional de tenis Copa Don Justo 2026 para, acto seguido, apropiarse discursivamente de un evento gestado desde la iniciativa privada.

El funcionario celebró en redes sociales su asistencia a la rueda de prensa y subrayó los beneficios turísticos y económicos del certamen. Sin embargo, su participación no pasó de lo simbólico. El torneo -organizado y financiado por empresarios, en particular la familia Fernández Chedraui- ya estaba consolidado mucho antes de cualquier validación institucional.

La escena no es nueva. El discurso oficial intenta instalar una narrativa en la que el poder público aparece como origen de lo que, en los hechos, le es ajeno. La presencia sustituye al contenido; la fotografía, al trabajo.

En contraste, el Comité Organizador presentó un evento estructurado. La cuarta edición del Abierto Xalapa Don Justo se realizará del 20 al 26 de abril en el Club Britania, con la participación de tenistas de 15 países y una bolsa de 30 mil dólares. Avalado por la Asociación de Tenis de Veracruz, el torneo otorgará puntos dentro del circuito profesional, consolidándose como plataforma competitiva internacional.

El cartel incluye al mexicano Rodrigo Pacheco, campeón defensor; al argentino Santiago Rodríguez Taverna y a jugadores europeos, además de la participación del equipo mexicano de Copa Davis. La inauguración contempla actividades culturales y deportivas orientadas a ampliar la convocatoria más allá del ámbito estrictamente competitivo.

Así, mientras el sector privado construye, invierte y posiciona, la autoridad municipal -encabezada por la administración morenista- observa, llega y arrebata logros ajenos. En ese desplazamiento se configura una ilusión de protagonismo.

Blanco Guillaumín no faltó a la verdad. El evento genera turismo y derrama económica. Lo que omitió es que dichos efectos no derivan de una política pública articulada, sino de la inversión privada que, ante la ausencia de estrategia institucional, ha ocupado ese espacio.

En Xalapa, el tenis internacional avanza con base empresarial. El discurso oficial, en cambio, continúa en la lógica de la representación, intentando capitalizar resultados ajenos.

Y en ese intento, el gobierno municipal busca adjudicarse un partido que, en los hechos, nunca jugó, evidenciando una administración que parece hablar en un idioma  -griego quizá- que no termina de entender la realidad que gobierna.

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