A un año de su fallecimiento, la figura de Fidel Herrera Beltrán fue recordada no sólo como la de un exmandatario, sino como la de un político con arraigo social y sentido humanista, durante la develación de una placa conmemorativa en la sede estatal del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El acto, encabezado por Rosa Herrera Borunda en Xalapa, incluyó también un homenaje a Rosa Margarita Borunda, fallecida en junio de 2024, reforzando la idea de una dupla marcada por la cercanía con la gente y el compromiso con Veracruz.

En un mensaje que combinó memoria y definición política, Herrera Borunda planteó que el legado de sus padres no se limita a su paso por la vida pública, sino que permanece en una ética de servicio basada en valores como el esfuerzo, la generosidad y la responsabilidad. Subrayó que ambos promovieron una actitud activa ante los problemas sociales, alejados de la indiferencia y orientados a la acción.

La evocación del exgobernador estuvo marcada por un énfasis reiterado en su vocación humanista. Excolaboradores como Francisco Portilla, Luis Arturo Ugalde, Manuel Lila, Alfredo Ferrari, Pedro Montalvo, Emeterio López y Zita Pazzi Maza coincidieron en destacar que su estilo de gobierno se construyó desde la cercanía con la población.

Más que una consigna, recordaron, era una práctica constante: entender la realidad desde la perspectiva ciudadana. “Ponerse en los zapatos de la gente” sintetizaba una forma de ejercer el poder con sensibilidad social, particularmente visible en momentos críticos como los desastres naturales que afectaron al estado.

El reconocimiento también subrayó el vínculo de Rosa Margarita Borunda con Veracruz, al ser descrita como una figura que adoptó la entidad como propia y consolidó una relación cercana con sus habitantes.

Familiares del exgobernador, incluidos Agustín Herrera y Édgar Herrera, acompañaron la ceremonia, que más allá del acto protocolario, se perfiló como un ejercicio de reivindicación de un legado político sustentado en el contacto directo con la ciudadanía.

En ese contexto, la conmemoración operó no sólo como un recordatorio, sino como una reafirmación de un liderazgo que, para sus allegados, encontró en el trato humano y en el compromiso con los veracruzanos su principal sello.

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