La doble moral de la 4T: la élite morenista se enferma en privado mientras el pueblo sufre carencias
La demagogia oficialista que predica austeridad y confianza en el sistema público volvió a estrellarse contra la implacable realidad. Cuando la gobernadora de Veracruz Rocío Nahle insiste en enaltecer las bondades de la red de salud pública, los altos mandos de la autodenominada Cuarta Transformación demuestran con hechos que prefieren el dispendio y la comodidad de la medicina privada.
Gustavo Domínguez Aguirre, esposo de la secretaria de Salud del Estado, Mariela Hernández García, recibe actualmente atención médica especializada en el Hospital Ángeles de Xalapa, uno de los centros médicos privado de mayor costo y exclusividad en toda la entidad veracruzana.
Entre la opulencia y el desabasto
De acuerdo con registros presenciales obtenidos en el propio inmueble, difundidos profusamente en las redes sociales, la funcionaria estatal vigila la convalecencia de su cónyuge desde las instalaciones de este corporativo privado, acompañada nada menos que por el delegado del IMSS-Bienestar en la región.
Esta escena exhibe una profunda contradicción política y moral. Por un lado, la administración estatal —bajo el mando de la gobernadora morenista Rocío Nahle— exige a la ciudadanía confiar ciegamente en un sistema público que agoniza entre el desabasto de medicamentos, la falta de insumos y las protestas recurrentes del personal médico.
Por el otro, la propia familia de la responsable de garantizar la salud en Veracruz opta por la atención de élite, descartando la red estatal e IMSS-Bienestar que cotidianamente se promociona como un logro histórico para las familias más desprotegidas.
La congruencia entre el discurso oficial y los actos personales se debilita a pasos agigantados. Al final, las clínicas comunitarias y los hospitales generales siguen operando al límite de sus capacidades materiales, mientras los funcionarios de la Cuarta Transformación blindan su bienestar en los sanatorios más caros del estado.








