En Veracruz, ser madre se ha convertido para miles de mujeres en una lucha diaria contra la precariedad, la violencia y la indiferencia institucional. Entre salarios insuficientes, empleos informales y la búsqueda desesperada de hijos desaparecidos, la maternidad dejó de ser únicamente un símbolo familiar para transformarse en una condición de resistencia social.
Las cifras reflejan un escenario alarmante. Datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) revelan que seis de cada diez madres trabajadoras en el país sobreviven en condiciones laborales adversas, atrapadas entre bajos ingresos, falta de prestaciones y empleos sin seguridad social.
En Veracruz, el problema adquiere dimensiones más severas. La informalidad laboral alcanza a casi siete de cada diez trabajadores, mientras la pobreza golpea con mayor fuerza a las mujeres, particularmente a quienes sostienen solas a sus familias.
Pero la crisis no termina en lo económico. En distintas regiones del estado, madres veracruzanas se han convertido en buscadoras, investigadoras y activistas ante la desaparición de sus hijos y familiares. La ausencia de resultados efectivos por parte de las autoridades obligó a cientos de mujeres a salir a las calles, recorrer fosas clandestinas y organizar brigadas de búsqueda.
En ciudades como Xalapa y Veracruz, colectivos de madres participaron recientemente en movilizaciones para exigir justicia, seguridad y respuestas concretas frente a la crisis de desapariciones que continúa afectando a la entidad.
El costo de esa lucha también ha sido alto. Organizaciones de derechos humanos han denunciado amenazas, hostigamiento y agresiones contra mujeres buscadoras, en un país donde incluso se han documentado asesinatos de activistas dedicadas a localizar personas desaparecidas.
Mientras tanto, el Gobierno estatal sostiene que mantiene programas de atención para mujeres víctimas de violencia. La gobernadora Rocío Nahle García informó recientemente que la estrategia “Veracruzana Protegida” ha brindado atención a más de dos mil casos.
Sin embargo, colectivos civiles y especialistas advierten que la respuesta institucional sigue siendo insuficiente frente a una realidad marcada por la desigualdad, la inseguridad y el abandono social.
En Veracruz, miles de madres celebran el 10 de mayo lejos de los festejos. Algunas trabajan jornadas dobles para sostener a sus familias; otras recorren caminos buscando a sus hijos. Todas enfrentan un mismo reclamo: vivir con dignidad y sin miedo.







