Inspirado, quizá, en los versos de A Gloria, del ilustre poeta veracruzano Salvador Díaz Mirón:
“¡Deja que me persigan los abyectos!
¡Quiero atraer la envidia aunque me abrume!”
o acaso en aquel otro célebre pasaje:
“Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú como la paloma para el nido,
y yo, como el león, para el combate”.
Así, con ínfulas de caballero herido y “tenaz murmullo”, el exgobernador Cuitláhuac García Jiménez salió al rescate político de su exsecretario de Educación y hoy diputado federal, Zenyazen Escobar García, tras el escándalo provocado por el yate incendiado el pasado fin de semana.
Y es que la estrategia de control de daños operada por Aldo Valerio -exbotarga del Doctor Simi en Alvarado y hoy reciclado operador mediático de “Zen”, como cariñosamente lo adulan- terminó convertida en un monumental naufragio propagandístico. No sólo fracasó en contener el escándalo, lo magnificó. Entrevistas pagadas, campañas digitales e influencers a sueldo no lograron amortiguar el golpe. El rescate mediático salió peor que el accidente marítimo.
Las críticas, sospechas y memes crisparon al exmandatario, que salió a intentar apagar el incendio político que consume a su “amiguis”, asegurando que Zenyazen no viajaba en la embarcación accidentada y que, por el contrario, “fue al rescate” de las víctimas.
Guiado más por el instinto de supervivencia que por la prudencia, Cuitláhuac acusó que varios medios “mintieron” sobre el caso y omitieron publicar que la Marina habría confirmado la participación del legislador morenista en las labores de auxilio. Una defensa que pareció inspirada en otra evocación diazmironiana: “el ave canta aunque la rama cruja como que sabe lo que son sus alas”.
Sólo que esta rama cruje demasiado.
Dentro y fuera de Morena saben que la crisis se salió de control.
La versión oficial no convenció ni siquiera a simpatizantes del partido guinda. En redes sociales, cientos de usuarios tundieron tanto a Cuitláhuac como a Zenyazen, convirtiendo el episodio en tendencia estatal entre burlas, ironías y señalamientos políticos.
Y el problema no es únicamente el accidente marítimo. El ruido está en la pregunta que nadie dentro del morenismo quiere responder: ¿de quién era realmente el yate?
Aunque Zenyazen negó ser propietario de la embarcación, en redes comenzó a circular la versión de que pertenecería presuntamente al empresario constructor Omar López, personaje al que distintos usuarios vinculan políticamente con el círculo cercano del diputado.
Por su parte, la gobernadora Rocío Nahle marcó distancia. Cuestionada por reporteros sobre el tema, evitó defender al legislador y únicamente respondió que “todavía no le informan” sobre la propiedad de la embarcación y que el asunto “se está investigando”.
Nadie quiere hundirse con el yate.
Las redes reaccionaron con una avalancha de memes, burlas y referencias personales contra el exgobernador, muchas de ellas en tono ácido y de doble sentido, exhibiendo el desgaste político y la erosionada credibilidad que ambos personajes arrastran desde el sexenio pasado, junto al partido Morena.







