Claudia Sheinbaum salió a defender a Raúl Castro tras la imputación presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por el derribo de avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996, donde murieron cuatro ciudadanos estadounidenses. La presidenta cuestionó que se pretenda procesar “algo de hace 30 años” y sugirió que detrás del caso existe una intención política e injerencista de Washington.

La declaración es una contradicción brutal. Morena lleva años cultivando desde Palacio Nacional, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y ahora con Sheinbaum, al pasado como herramienta permanente de combate político. Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y, sobre todo, Felipe Calderón, han sido juzgados desde la tribuna mañanera por decisiones tomadas hace décadas, sin ‘pruebas’, pruebas, pruebas’ fehacientes ni procesos judiciales.

Ahora resulta que tres décadas son suficientes para archivar responsabilidades cuando el señalado es un aliado ideológico de la izquierda latinoamericana. ¡Vaya memoria selectiva!

La presidenta afirmó que “no sabe qué sentido tiene” reabrir hechos ocurridos hace 30 años, aunque Morena lleva más de un lustro construyendo su narrativa política sobre agravios del pasado, mientras el país arrastra crisis de seguridad, deterioro en salud pública, estancamiento económico, falta de empleo y corrupción gubernamental. En la lógica de la 4T, los problemas estructurales se resuelven más con transferencias sociales y propaganda política que con resultados de gobierno.

Desde Washington, el fiscal Todd Blanche respaldó la línea de Donald Trump: si alguien mata estadounidenses, será perseguido sin importar el tiempo transcurrido ni el cargo ocupado.

En Palacio Nacional, se tiró una perorata. Sheinbaum habló de autodeterminación de los pueblos, recordó acusaciones contra Evo Morales y volvió a colocar a Estados Unidos en el papel de potencia intervencionista. El argumento no es nuevo, lo novedoso es la elasticidad del criterio ‘cuatrero’ para condenar adversarios internos, pero estorba cuando toca a referentes políticos afines.

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