• La directora Nuria Ibáñez cuenta que en los tres años desde que empezó a hacer la película el kilo de vejiga natatoria de totoaba, cuya pesca está prohibida, pasó de ocho mil dólares a 20 mil

“El paisaje es bellísimo, paradisíaco, pero en el fondo hay algo mucho más hostil”. Así es como la directora la directora Nuria Ibáñez, cuya cinta “El guardián” se estrenó este viernes en España, describe el entorno donde viven los últimos 10 o 12 ejemplares de vaquita marina, la marsopa más pequeña del mundo, la más amenazada y cuyo Día Internacional se celebra este 18 de julio.

La cineasta española explica, en entrevista con EFE, que la historia de “El guardián” es sobre todo la de “la especie más cara del mundo”, que no es el mamífero conocido como vaquita marina (Phocoena sinus) sino el pez llamado totoaba (Totoaba macdonaldi) cuya pesca ilegal amenaza a la vaquita y al resto del ecosistema en el Alto Golfo de California. 

“El guardián” está ambientada en la mexicana Bahía de los Ángeles y es protagonizada por Basilio Moncada, quien se interpreta a sí mismo en un guion que incluye vivencias de su propia biografía.

Moncada es un trabajador encargado de limpiar una playa de residuos abandonados por los turistas, mientras intenta reunir dinero para regresar con su familia tras haber sido deportado de Estados Unidos: su decisión de denunciar la pesca ilegal de totoaba acaba convirtiendo su vida en una pesadilla.

“La cocaína del mar”

Nuria Ibáñez explica que el origen de la película está en un documental anterior que rodó en el mismo escenario y donde convivió durante dos meses con Basilio “sin llegar a comprender el trasiego constante de embarcaciones que cruzaban la bahía” hasta que descubrió el negocio ilegal alrededor de la totoaba, a la que llama “la cocaína del mar”. 

Igual que la vaquita, la totoaba, es endémica del golfo de California, está protegida desde hace decenios debido al fuerte descenso de sus poblaciones, pero la demanda de su vejiga natatoria, a la que se atribuyen en China supuestas propiedades medicinales y afrodisíacas, ha convertido su captura en uno de los negocios más lucrativos del tráfico ilegal de especies marinas.

La directora recuerda que, cuando comenzó a preparar la película, “el kilo de vejiga natatoria (de totoaba) rondaba los ocho mil dólares y en apenas tres años se ha disparado hasta los 20 mil”. 

Esa pesca furtiva para conseguir las vejigas natatorias, el resto de la totoaba lo desechan de inmediato, amenaza a la vaquita marina ya que las redes que se tienden (llamadas agalleras) atrapan también al mamífero marino, entre otros animales.

Imagen de una totoaba, pez endémico del Alto Golfo de California cuya vejiga natatoria es muy valorada en China por sus supuestas propiedades medicinales. Crédito: Archivo   

Otras especies como el pepino de mar también han sido objeto de capturas ilegales durante los períodos de veda, cuando muchos pescadores faenan de noche en condiciones de gran precariedad para evitar ser descubiertos.

“Siempre va a haber gente que se salte esas vedas y ese, para mí, es el gran tema: la ilegalidad, saltarse la línea”, reflexiona la cineasta.

Ibáñez asegura que su película no nació con una intención explícitamente ecologista, fueron las campañas impulsadas por organizaciones como Sea Shepherd las que contribuyeron a dar visibilidad a un microcosmos donde confluyen la pobreza, el abandono institucional y la explotación de los recursos naturales: “un espejo del mundo que somos”, resume.

“El Guardián” compitió como Mejor Película Iberoamericana de la 29 edición del Festival de Málaga, tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2025, donde obtuvo el Premio a Mejor Ópera Prima y Mejor Actor para su protagonista.

Avistamientos de vaquita marina 

De acuerdo con Sea Shepherd, la vaquita marina habita exclusivamente en las aguas poco profundas del norte del Golfo de California, frente a San Felipe, en Baja California, México.

Apenas la semana pasada, el 10 de julio, esta organización internacional dio a conocer que en mayo, se unió a científicos mexicanos y a la comunidad de San Felipe para “capacitar a la próxima generación” de avistadores de vaquitas.

“Sólo quedan unos pocos ejemplares, y encontrar una implica escudriñar un mar agitado en busca de una aleta oscura que aparece por un instante y luego se sumerge de nuevo”.

Añade que los avistamientos son sólo una de las formas en que se sigue el estado de la población de vaquitas, ya que en 2025 se juntaron 190 mil horas de grabación acústica submarina. 

La capacitación además incluyó aprender sobre ADN ambiental (ADNe), “un método que permite confirmar la presencia de una especie a partir de las huellas genéticas que deja en el agua, incluso cuando nadie ve al animal”.

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