En el Veracruz de la “cuarta transformación”, la memoria histórica se envio al deshuesadero. En un acto que destila el inconfundible aroma del revanchismo político y los rencores de campaña, el busto de don Héctor G. Castagné Maitret fue “esfumado” del palacio municipal de San Rafael. ¿El delito del bronce? Ser el padre de Arturo Castagné, el empresario que se convirtió en la peor pesadilla de la hoy gobernadora durante la contienda electoral.
La era de los odios y los complejos ha alcanzado su máximo esplendor en territorio veracruzano. La tarde-noche de este viernes, las alarmas de la indignación civil se encendieron cuando se dio a conocer que la efigie del principal impulsor de la municipalización de San Rafael simplemente desapareció de su nicho público, sin explicaciones, sin oficios y sin un poco de vergüenza.
“Señora de Zacatecas, lea mil veces”
La respuesta de Arturo Castagné no se hizo esperar. Fiel a su estilo directo, arremetió contra la mandataria estatal, recordándole su origen foráneo y su evidente desconexión con la identidad veracruzana:
“Señora de Zacatecas, Rocío Nahle: me queda claro que como zacatecana desconoce la historia de Veracruz y sus municipios; si desconoce cuántos municipios tenemos, menos sabrá la historia de cada uno de ellos. ¡Aquí le dejo una semblanza de mi padre, léala mil veces para que lo recuerde!”.
El empresario veracruzano le recordó a la gobernadora que Héctor G. Castagné Maitret no tenía un monumento por nepotismo o capricho familiar. El hombre fue:
- Presidente del Patronato pro Municipalización, encabezando la lucha civil para que San Rafael lograra su autonomía.
- Líder ganadero por más de 30 años, impulsando la modernización y campañas clave como la erradicación del gusano barrenador.
- Pionero de la salud animal, fundador del laboratorio de patología ganadera más importante de la región y de la Cooperativa de Barlovento.
Retirar su busto no es un golpe a una familia; es un escupitajo a la memoria colectiva de un municipio que costó décadas construir como entidad libre.
El origen del trauma y la paradoja del poder
La piel delgada en el Palacio de Gobierno de Xalapa tiene una explicación. A Arturo Castagné se le atribuye la autoría intelectual y mediática del mote “La señora de Zacatecas”, el estigma que persiguió a Nahle durante toda su campaña y de hacer múltiples cuestionamientos de corrupción en contra de Rocío Nahle. Sin embargo, la ironía de la política veracruzana es deliciosa y cruel. Ese apodo no nació en el bando opositor, sino en las mismísimas alcantarillas del gobierno anterior de Cuitláhuac García, procreado y difundido presuntamente por el entonces secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos, hoy convertido en otro enemigo público de la actual administración.
Pero la cuerda siempre se rompe por lo más delgado, y en la lógica del poder actual, si no puedes encarcelar al enemigo, al menos muévele el monumento.
Un municipio con identidad que no sabe de capataces
San Rafael, esa joya de la costa norte veracruzana fundada por colonos franceses en 1833, famosa por su pan de agua, sus quesos artesanales y su vainilla, obtuvo su estatus de Municipio Libre el 1 de enero de 2004 bajo el mandato de Miguel Alemán Velasco.
Los gobiernos pasan y las administraciones se diluyen en la intrascendencia, pero la historia de los pueblos permanece. Quienes hoy despachan temporalmente en el palacio municipal de San Rafael olvidan que gozan de un presupuesto y una silla gracias a que personajes como Héctor G. Castagné lucharon para que existiera ese ayuntamiento.
Podrán esconder el bronce, fundir el metal o guardar la placa en el sótano del rencor, pero el legado está sembrado en la tierra. Al final del día, la memoria de un pueblo le pertenece a sus ciudadanos; el poder ciego, afortunadamente, sólo dura pocos años.








