El interés global por la nutrición funcional y las alternativas de cultivo sostenibles ha puesto la mira en los océanos. Las algas marinas, plantas acuáticas de rápido crecimiento en ecosistemas marinos y costeros, se posicionan como uno de los recursos alimentarios con mayor proyección, impulsadas por su densidad nutrimental y un proceso de producción que prescinde por completo de tierra arable, fertilizantes o pesticidas.

Angeline Jeyakumar, especialista y profesora asistente del Departamento de Nutrición en la Universidad de Nevada, Reno, destaca el perfil biológico de especies comestibles como el nori, el wakame y el kelp. Estas variedades aportan dosis significativas de yodo, fibra, hierro, potasio y vitaminas A, B, C y E. Además, su contenido en ácidos grasos omega-3 y antioxidantes vegetales combate la inflamación celular, mientras que sus compuestos prebióticos fortalecen la microbiota intestinal.

No obstante, la evidencia científica subraya la importancia del consumo moderado. Variedades como el kelp y el wakame concentran elevadas dosis de yodo, un mineral esencial para la función tiroidea pero que requiere control estricto en personas con padecimientos tiroideos, nefropatías o condiciones crónicas previas, para quienes la orientación médica resulta indispensable.

En la gastronomía contemporánea, la versatilidad de estos organismos facilita su integración diaria: desde las láminas de nori tostado en sopas, ensaladas y sushi, hasta el wakame en caldos tradicionales o presentaciones en polvo para sazonar vegetales, mariscos, batidos y panadería.

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