Con la dignidad intacta pero el pasaje a Disneylandia cancelado, las y los gobernadores de la Cuarta Transformación volvieron a activar la maquinaria del respaldo en nado sincronizado. Esta vez, el motivo no fue una reforma constitucional ni una gira de trabajo, sino la revocación de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, exsecretario de Organización de Morena e hijo del expresidente.

El orquestado cierre de filas estalló en redes sociales tras la difusión de una carta donde la cúpula estatal guinda denunció “presiones, amenazas y campañas de desinformación” provenientes del norte. Paradójicamente, el primer altavoz del desplegado fue la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, a quien la administración de Donald Trump ya le había aplicado la misma medida restrictiva hace más de un año.

El documento, suscrito por mandatarios como Javier May (Tabasco), Alfonso Durazo (Sonora) y Salomón Jara (Oaxaca), apela al clásico libreto de la soberanía nacional y la no injerencia extranjera para amortiguar el golpe político. Prometen responder con “trabajo, compromiso y resultados” ante lo que califican como un intento por sembrar miedo y dividir al movimiento.

El discurso de victimización soberanista escala rápidamente en las filas del partido oficialista, contando incluso con el respaldo explícito de la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, detrás del encendido discurso antimperialista, la realidad diplomática deja una estampa de que un selecto grupo de mandatarios y dirigentes rechazan la influencia de Washington en el papel y ven cómo se les cierran las puertas del vecino país.

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