• Las generaciones mayores tienden a considerar el alquiler como una pérdida de dinero. Sin embargo, para la Generación Z, es una estrategia de acumulación de riqueza con mayores beneficios.

Para Lydia Paternoster, invertir en el mercado de valores el dinero destinado a la entrada de su primera vivienda es una decisión deliberada; un camino que, a su juicio, conducirá a la estabilidad financiera.

“Sin duda, mi enfoque consiste en poder acceder a la casa de mis sueños en lugar de conformarme con una vivienda inicial más modesta”, afirma.

Esta creadora de contenido y excontable de 25 años se plantea constantemente cuánto más dinero podría ganar invirtiendo en bolsa, todo ello mientras mantiene bajos sus gastos de vida. Si Paternoster comprara una vivienda asequible en su zona de Texas, tendría que desembolsar miles de dólares anuales en pagos hipotecarios y mantenimiento.

“Es dinero adicional que podría estar invirtiendo cada año”, comenta.

Por no hablar de las ventajas de la liquidez que ofrece la inversión. Vender una casa puede llevar mucho tiempo. “Valoro la seguridad de poder disponer del dinero cuando quiera”, asegura.

Paternoster lleva invirtiendo desde los 19 años. Actualmente, destina unos 2,000 dólares mensuales a sus inversiones de su salario de 8,000 dólares. Mantener una gran constancia —aunque solo sean 50 o 100 dólares al mes— marcó realmente la diferencia a lo largo de los años; de hecho, ya cuenta con más de 100,000 dólares invertidos en una cartera diversificada de acciones estadounidenses, fondos indexados y fondos cotizados (ETF).

El objetivo final de Paternoster es concentrar sus ahorros e inversiones en una etapa temprana para que crezcan lo suficiente y cubran sus necesidades de jubilación sin requerir más aportaciones. “Aunque pase un par de años sin tener casa propia, eso supondrá una gran diferencia dentro de 20, 30 o 40 años”, afirma.

La tendencia general en la inversión

Los adultos jóvenes son menos propensos que los mayores a considerar que comprar una vivienda es una inversión “muy buena”, indica una encuesta de 2026 del Pew Research Center. El estudio reveló que solo el 37% de los hogares inquilinos menores de 40 años podían permitirse el coste mensual de ser propietarios en 2024, frente al 56% registrado en 2019.

Chad Chubb, asesor principal y fundador de WealthKeel —una firma de planificación financiera—, afirma que sus clientes jóvenes priorizan cada vez más la inversión frente a la compra de una vivienda.

“Los precios de la vivienda han subido más rápido que los salarios en la mayoría de las áreas metropolitanas, por lo que los cálculos relativos a la entrada y la cuota mensual difieren mucho de los de hace diez años”, señala. “Además, los tipos de interés hipotecarios son más altos que los mínimos históricos que muchos recuerdan, lo que eleva considerablemente el coste de financiar una casa”.

A medida que ven crecer sus cuentas de jubilación e inversión gracias al interés compuesto, muchos jóvenes profesionales se plantean una duda: ¿es más sensato mantener ese dinero generando rentabilidad en el mercado o destinarlo a la entrada y la hipoteca de una vivienda?

Para personas como Paternoster, la respuesta consiste en seguir de alquiler unos años más mientras invierten de forma agresiva, para luego comprar cuando sus ingresos y sus planes de vida estén alineados.

Conclusiones clave

Alquilar no supone una pérdida económica; es una decisión que permite construir patrimonio. Para quienes valoran la movilidad o pueden invertir la diferencia entre el alquiler y los costos de ser propietario, esta opción puede acelerar el logro de otras metas financieras.

Empieza a invertir cuanto antes. La constancia es más importante que contar con un capital inicial elevado. Invertir 50 o 100 dólares de forma regular permite generar impulso y aprovechar el efecto del interés compuesto a largo plazo.

Protege primero tu base financiera. No sacrifiques el fondo de emergencia, las aportaciones para la jubilación ni el pago de deudas con intereses elevados solo para reunir el dinero de la entrada de una vivienda. Ser propietario permite acumular patrimonio, pero también conlleva gastos de impuestos, seguros, mantenimiento y costos de venta.

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