Ante la escasez de medicamentos destinados a la salud mental, el personal médico se ha visto en la necesidad de ajustar tratamientos y buscar alternativas con asociaciones civiles y organismos de beneficencia, con el propósito de evitar la interrupción en la atención de los pacientes.

Víctor Villanueva Hernández, director del Instituto de Salud Mental, reconoció que las reservas actuales resultan insuficientes para cubrir la demanda total. Explicó que, ante la falta de un fármaco específico, los especialistas deben modificar o sustituir las prescripciones con base en las existencias disponibles.

El funcionario advirtió que suspender de manera abrupta un tratamiento psiquiátrico puede provocar recaídas o la agudización de los padecimientos. Asimismo, señaló que en pacientes vulnerables esta situación incrementa el riesgo de conductas suicidas, un escenario especialmente crítico en el caso de quienes consumen antidepresivos diariamente.

Por último, aclaró que aunque ciertos tratamientos pueden concluir tras un periodo determinado —incluso en niñas, niños y adolescentes—, el retiro de los medicamentos debe realizarse exclusivamente bajo supervisión médica y no a causa de la falta de abastecimiento.

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