La ingeniera Rocío Nahle García lleva 22 meses cantando despreocupada y ondeando como bandera que “Veracruz está de moda”. Pero ese eslogan de gobernadora del Palacio del Mármol, creado al vapor de la adulación de sus comadres y cercanos, suena sólo a acción mediática propia del mundo superficial y distractor que vive en las plazas comerciales más machuchonas.
La realidad es que el gobierno estatal y su administración, en todos los sectores, se le caen a pedazos, a golpe de irresponsabilidades y errores constantes y, por lo que se observa, a causa de traiciones por acción o por omisión, de colaboradores que se conducen como empresarios con cargo a la chequera de gobierno, que evidentemente y como deslizan, sienten estar en el ánimo de la mandataria.
Veracruz espera resultados en muchas áreas, más allá de la costosa publicidad del gobierno y de la útil disponibilidad del secretario Ricardo Ahued para afrontar lo que venga con las palabras que salgan.
Otro caso, es el que se le fue a la estratósfera del despropósito y la ridiculez persistente es el de Roberto Ramos Alor, el mediocre charlatán que lleva simulando “sensibilidad, conocimiento y experiencia” en el ámbito de la salud, ocasionando siempre problemas a la población veracruzana que tiene la necesidad de acudir a clínicas y a los centros hospitalarios en todo el territorio. Se trata de aquel personaje sureño que fue traicionado por el inconsciente, y que alguna vez soltó aquello de “Ningún chile les embona”. Este señor de apariencia y cerebro gris profundo, sigue haciendo de las suyas, quizá por ser íntimo de Nahle, o quizá porque a esta le apena despedirlo ante tanta metida de pata.
Otro asunto de vital importancia para los veracruzanos, es el de la seguridad pública, cada vez más caótica. Asesinatos de periodistas, incendio de negocios, cobros de piso, desaparición de personas y demás delitos. Y ni los políticos más conocidos están seguros. Tan sólo en el periodo de Nahle, se han dado tres casos que indican que hay peligro en los pasillos del poder: el asesinato de Benito Aguas Atlahua en diciembre de 2024, el de Juan Carlos Mezhua Campos en noviembre de 2025 y la extraña muerte de Zenyazen Escobar, el pasado viernes 4 de septiembre, cuyas explicaciones oficiales no terminan de cuadrarle a nadie, con todo y las voces agoreras de Ricardo Ahued y de la Fiscalía General de la República.
También llamó mucho la atención la declaración reciente de Rodrigo Calderón el secretario de desarrollo agropecuario, quien con bajísimo resultado en las cuestiones del campo y los productores de café y azúcar, ahora nos dice que en su área de ganadería hay corrupción y que la acaba de descubrir. Y aquí debe hacerse un paréntesis, porque se recuerda que el esposo de la gobernadora, en aquellos meses de inicio, había declarado o presumido que asesoraba a su cónyuge, precisamente en temas de ganadería, proyectos productivos y otros gajes.
Otro asunto preocupante, fue esa fotografía en un Festival Motofest realizado este septiembre en una playa del Totonacapan con 42 mil asistentes motociclistas, donde aparece junto a Xóchitl Molina, la titular de la SEDEMA. Este evento al estilo de la secretaria de cultura, fue duramente criticado en las redes sociales por ambientalistas que acusan que el predio del festejo masivo, es un campamento tortuguero (una zona de anidación y liberación de tortugas).
Lo que no le coincide a nadie del entorno del arte y la cultura, es el exceso de festivales y el costo de los artistas e influencers que contratan: cifras millonarias, mientras no hay para medicamentos y que las calles, caminos y carreteras están llenos de baches y urgentes necesidades de mantenimiento. El Festival del Mar gastó más de 800 mil pesos en dos monólogos de jovenazos influencers de colonia aspiracionista, que sólo conocen los seguidores de la mediocridad.
Por esta enorme cantidad de baches—que están muy a la moda en Veracruz—pasan desapercibidas y poco tomadas en cuenta, las inauguraciones esporádicas de pavimentaciones que hace la titular del ejecutivo y que repiten en nado sincronizado los burócratas de confianza que llenan los eventos de las jefas del país y del estado. Ojalá y que esas pavimentaciones duren más de los tres años que duraron las “obras históricas” de Cuitláhuac en Xalapa.
Y el sector educativo en pesada caída—la área de PISA y corre—donde cualquier persona de a pie, puede ser meteórico titular con novio o novia en la ubre, y puede ser corrido o corrida para reacomodos políticos, es un sector que lleva cuando menos 15 años consecutivos dando ejemplo de cómo desmantelar una dependencia de gobierno, de cómo hacer buenos los documentos de titulación apócrifos y de cómo desaparecer millones de pesos de cuotas e inscripciones escolares, tipo UPAV y los Tecnológicos. La SEV es la secretaría de mayor número de empleados y la presupuesto más grande del organigarma.
Los veracruzanos esperanzados, esperarán el cercano Segundo Informe y quizá el INFORME Fest de noviembre. A ver qué informa Rocío Nahle, si ya entregan el Nido del Halcón, o ya se limpia el cochinero del estadio Pirata Fuente, o si la deuda de sefiplan bajó tantito. O para saber si la gobernadora no se echa encima al tigre de los pensionados del IPE, con el pretexto de los recursos que podría usar para tirarlo gustosamente en festivalitos “de arte y cultura” que están llenando la bolsa de algún vivales de cuarta.








