Hace seis años Adriana Elizondo (adryelizondo.mx) inició su camino como emprendedora, ofreciendo Productos 100% pintados a mano. Comenzó con un pincel de sus años de kínder y solía cortarlo para tener diferentes tamaños y poder crear. En su proyecto cuenta con el talento de sus amigas Carolina Arroyo y Montserrat Jaramillo.
Cree que una de las cosas más bonitas de hacer arte, es que alguien confíe en lo que hace para transformar un espacio. “El arte que creo—explica emocionada— busca transmitir que soy una persona colorida y alegre y me gusta que mis diseños tengan esa esencia. Si tuviera que decir qué caracteriza a mi arte, diría que encontrarán muchos colores, especialmente el rosa, porque es el color de mi marca y también mi favorito. Pero en mi paleta están presentes los colores del arcoíris, porque quiero transmitir felicidad y lograr que las personas sonrían cuando vean mi trabajo”.
Uno de sus mayores retos es encontrar un equilibrio entre los estudios en la universidad y su marca. Considera que su carrera es muy demandante y que no está en contra ni a favor de la inteligencia artificial, cree que debemos verla como una herramienta que puede ayudarnos en ciertas cosas, pero que no debería sustituir todo el proceso creativo y humano que existe detrás del diseño. Dice que lo que hace especial a una pieza hecha a mano es que no solamente estás comprando un objeto, estás adquiriendo una pieza que alguien creó especialmente para ti.
Adry Elizondo es su marca comercial, estudia la carrera de diseño y aquí presentamos la entrevista que le hizo Palabras Claras:
Siendo tan joven ya cuentas con varios proyectos, desde pintar ludotecas hasta personalizar carcasas de teléfonos. ¿Cómo comenzó tu trayectoria en el arte y el diseño?
Mi nombre es Adriana Yunuen Elizondo Pizano y tengo 20 años. Cuando comencé tenía apenas 12 años y estábamos en plena pandemia. Mi idea nació, en parte, porque quería saber lo que significaba ganarme mi propio dinero, pero sobre todo porque desde entonces sabía que quería compartir mi arte con los demás.
El proyecto comenzó con un propósito muy personal: quería comprarme un iPad para poder utilizarlo en la escuela. Nunca imaginé que ese pequeño objetivo se convertiría en algo tan importante para mí.
Al principio fue difícil, yo no tenía materiales de arte y nunca había tomado clases de pintura, pero eso no me detuvo. Me animé a empezar, a experimentar y a aprender sobre la marcha. Mis papás tenían miedo al principio, pero siempre confiaron en mí y me apoyaron.
Después de mucho ensayo y error llegaron mis primeros pedidos. Incluso me da un poco de pena y risa contarlo. Poco a poco, con lo que iba ganando, pude comprar mis propios materiales y seguir creciendo. Literalmente, comencé con un pincel que tenía desde el kínder y que cortaba para tener diferentes tamaños y poder crear y jamás pensé que llegaría tan lejos.
Tus obras van desde murales a gran escala en espacios comunitarios hasta objetos tan cotidianos y pequeños como un teléfono móvil. ¿Cómo se adapta tu proceso creativo al pasar de un formato a otro?
En cada nuevo proyecto veo un nuevo reto, y eso es algo que me encanta. Y disfruto todo el proceso, desde la lluvia de ideas hasta el resultado final.
Cuando trabajo en formatos pequeños, como las fundas para celular, es un espacio que ya conozco y con el que me siento muy familiarizada porque es algo que siempre he disfrutado. Sin embargo, trabajar en formatos grandes, como un mural, fue completamente diferente.
Aunque tenía las ideas claras, tuve que experimentar con formas, colores, proporciones y, sobre todo, aprender a organizar muchos días de trabajo. Además, este proyecto no lo hice sola, mi equipo fue un gran respaldo.
Fue pesado, hubo cansancio y muchas horas de trabajo, pero cada vez que veíamos un avance sentíamos una enorme satisfacción. Fue algo difícil de explicar con palabras, cuando finalmente lo terminamos y vimos la felicidad de los clientes.
Creo que una de las cosas más bonitas de hacer arte es que alguien confíe en ti y en lo que haces para transformar un espacio.
Para ti, ¿qué define o caracteriza al “arte alternativo” que creas?
El arte que creo busca transmitir quién soy yo: una persona divertida, colorida y alegre. Me gusta que mis diseños tengan esa esencia y que, de alguna manera, puedan conectar con las personas. Que mi arte pueda acompañarlas tanto en un día bueno como en uno malo. Cada vez que alguien me encarga una funda, un cuadro o cualquier otro producto, siento algo muy bonito al saber que está confiando en mí y en mi arte.
A veces mi trabajo forma parte de momentos muy especiales: puede ser un regalo de cumpleaños, un recuerdo de una mascota, un homenaje para alguien que ya no está o simplemente algo que una persona quiere tener porque le gusta. Saber que una pequeña parte de mi trabajo puede formar parte de esos momentos significa muchísimo para mí.
También me emociona saber que puedo inspirar a otras personas a crear y a perderle el miedo al arte.
Si tuviera que decir qué caracteriza a mi arte, diría que encontrarán muchos colores, especialmente el rosa, porque es el color de mi marca y también mi favorito. Pero también están presentes los colores del arcoíris, porque quiero transmitir felicidad y lograr que las personas sonrían cuando vean mi trabajo.

Además de crear, has decidido emprender. ¿Cuáles han sido los mayores retos de lanzar y gestionar tu propia marca siendo tan joven?
Cuando comencé, uno de los retos más grandes fue encontrar ayuda. Muchas veces tenía dudas y no encontraba a alguien que pudiera orientarme o responderme, así que tuve que aprender muchas cosas por mi cuenta.
Hoy, uno de mis mayores retos es encontrar un equilibrio entre la universidad y mi marca. Mi carrera es muy demandante y a mí siempre me ha gustado dar el cien por ciento en todo lo que hago. Hay días en los que siento que las horas simplemente no alcanzan o que estoy demasiado cansada para poder dar todo de mí en cada cosa.
Para poder organizarme, he aprendido a poner límites y a planear mejor mis tiempos. Por eso trabajo con agendas y explico a mis clientes los tiempos de elaboración. También he aprendido a pedir ayuda.
Mis amigas y compañeras de proyecto, me ayudan a contestar mensajes, publicar contenido y realizar diferentes actividades de la marca. Para mí, aprender a trabajar en equipo también ha sido parte importante de crecer.
Pintar una ludoteca implica crear para un público infantil y comunitario. ¿Cómo influyeron la psicología del color y la funcionalidad en ese proyecto?
Pintar una ludoteca fue un gran reto porque era el primer mural que realizábamos.
Fue un proyecto de mucha comunicación, de platicar, compartir ideas y buscar un punto medio para que el diseño no se sintiera saturado, y al mismo tiempo, fuera llamativo y divertido.
La psicología del color tuvo un papel importante, pero también el diseño gráfico y la identidad del negocio. Primero tuvimos que analizar la paleta de colores que ya tenía la ludoteca y entender qué querían transmitir tanto a los niños como a sus padres.
A partir de eso decidimos trabajar principalmente con emociones como la confianza, la seguridad y la alegría, buscando que el espacio se sintiera agradable y que tanto los niños como sus familias pudieran disfrutarlo.
¿Qué impacto esperas que tenga el arte gráfico en los espacios destinados al juego y el aprendizaje de los niños?
Espero que los niños no tengan miedo de dibujar, crear y experimentar por sí mismos. Quiero que puedan divertirse, jugar y disfrutar plenamente de esa etapa de su vida.
Por eso, en el diseño incluimos elementos que incluso parecen hechos por un niño. Y justamente eso es lo que quería lograr: que ellos pudieran sentirse identificados y entendieran que no existe una única manera correcta de dibujar. Quiero que sean felices, que disfruten y, sobre todo, que nunca tengan miedo de crear.
En un mercado masificado, pintar a mano objetos de uso diario como las carcasas para móviles ofrece un valor único. ¿Qué buscan las personas cuando eligen arte personalizado frente a lo producido en serie?
Me ha tocado pintar muchísimas cosas y, con el tiempo, he aprendido que muchas personas buscan que sus productos tengan un significado especial.
He pintado fotografías familiares, mascotas y diseños que representan momentos o personas importantes para ellos. También hay los que me preguntan cuáles son los diseños que más me piden porque quieren llevar algo parecido, mientras que otras personas simplemente me dicen: “Lo dejo a tu elección, confío en ti”. Que alguien me diga que confía en mi creatividad y me permita decidir qué hacer, es una sensación muy bonita.
Al final, más que vender un producto, siento que estoy creando algo que tiene un significado para otra persona.
¿Cómo logras equilibrar la libertad creativa con las demandas reales de tus clientes y la viabilidad económica de tu emprendimiento?
La verdad es que sigue siendo algo con lo que me enfrento constantemente, especialmente cuando participo en bazares y algunas personas me dicen que mis productos son caros o preguntan por qué tienen ese precio.
Pero siempre recuerdo algo que también me digo a mí misma: es un trabajo hecho a mano. Yo no soy una máquina. Cada producto lleva un proceso, inspiración, materiales, tiempo y dedicación. Hecho a mano no significa que valga menos, al contrario, detrás de cada pieza, hay muchas horas de trabajo, creatividad y esfuerzo. Yo intento dar el cien por ciento en cada cosa que hago y, sobre todo, hacerla con amor. Creo que eso también forma parte del valor de mi trabajo.

La Inteligencia Artificial está transformando industrias creativas a gran velocidad. Desde tu perspectiva como estudiante de diseño del siglo XXI, ¿cómo ves hoy la relación entre el arte visual y las herramientas de IA?
Para mí, la inteligencia artificial es un arma de doble filo. Puede convertirse en una gran herramienta y apoyarnos en determinadas tareas. Personalmente, la utilizo, por ejemplo, cuando necesito revisar un texto, aclarar una idea, hacer esquemas o realizar una lluvia de ideas.
Sin embargo, también creo que debemos aprender a utilizarla de manera responsable. Algunas personas la utilizan para promocionar sus negocios simplemente para ahorrar dinero y, en ocasiones, terminan utilizando diseños muy similares entre sí.
A veces las personas no entienden por qué un diseñador cobra determinada cantidad por su trabajo, pero detrás de cada diseño existen conocimientos, tiempo, creatividad y muchas horas de trabajo.
Por eso no estoy completamente en contra ni completamente a favor de la inteligencia artificial. Creo que debemos verla como lo que es: una herramienta que puede ayudarnos en ciertas cosas, pero que no debería sustituir todo el proceso creativo y humano que existe detrás del diseño.
Hay quienes ven a la IA como una amenaza para los creativos y otros como un asistente técnico más. ¿Consideras la IA un rival o un aliado en tu proceso de trabajo, y si la usas, dónde queda el valor del trabajo hecho a mano y el toque humano en el diseño?
Yo nunca he podido ver a la inteligencia artificial como mi rival. Como diseñadora y artista tengo un estilo muy específico que he construido con los años y que me da identidad propia. La inteligencia artificial puede generar una imagen en cuestión de segundos, pero creo que nunca tendrá exactamente el mismo valor que algo hecho a mano.
Cuando utilizas una imagen generada por IA puedes imprimirla y muchas personas pueden terminar teniendo exactamente el mismo diseño. En cambio, cuando algo está hecho a mano, cada pieza es diferente. Puedes intentar repetir un diseño, pero nunca será exactamente igual. Cada pincelada, cada detalle y cada pequeño error forman parte de la pieza.
Y detrás de ella existe un proceso que no siempre se ve: pensar la idea, elegir los colores, preparar los materiales, pintar, corregir y dedicar horas hasta llegar al resultado final. Cuando compras una pieza hecha a mano, no solamente estás comprando un objeto, estás adquiriendo una pieza que alguien creó especialmente para ti.
Si pudieras integrar herramientas de IA en tus proyectos de emprendimiento o pintura, ¿para qué tareas te resultaría más útil y cuáles mantendrías estrictamente artesanales?
Si llegara a integrar la inteligencia artificial en mis trabajos, probablemente la utilizaría para cosas muy pequeñas o complementarias, por ejemplo, para crear ciertos efectos visuales o ayudar a que una fotografía tomada con un teléfono pudiera verse de una manera más tridimensional.
Pero todavía estoy descubriendo de qué otras formas podría utilizarla, porque siento que dentro de mi área existen algunas limitaciones para integrarla sin perder la esencia artesanal de lo que hago.
Hay procesos que definitivamente quiero mantener hechos a mano porque son precisamente los que hacen que mi trabajo sea mío auténticamente.
¿Qué habilidades crees que serán indispensables para los nuevos diseñadores para mantenerse vigentes sin perder su identidad artística en la era digital?
Primero, creo que debemos dejar de ver a la inteligencia artificial únicamente como una amenaza y aprender a utilizarla de manera inteligente.
También es indispensable que cada diseñador tenga un estilo definido, que no tenga miedo de salir de su zona de confort y que aprenda a aceptar que no a todas las personas les va a gustar su trabajo.
Creo que también debemos tener carácter frente al plagio. Lamentablemente existe y es difícil evitarlo por completo. Muchas veces sentimos que todo ya está inventado, pero lo importante es reconocer las referencias y dar los créditos correspondientes.
También considero fundamental mantenerse actualizado. El diseño cambia constantemente, aparecen nuevas tendencias, herramientas y formas de crear, y tenemos que estar dispuestos a seguir aprendiendo.
¿Qué nuevo soporte, formato o técnica te gustaría explorar en tus próximos proyectos?
Me encantaría realizar más murales en mi ciudad y uno de mis grandes sueños, es que mi arte pueda llegar a muchas más ciudades. Me gustaría tener puntos de venta y, algún día, mi propio local.
Y si hablamos de algo que quisiera hacer incluso mañana mismo, sería dar talleres y clases para niños y personas de todas las edades. Me gustaría ayudarles a perderle el miedo a dibujar, a experimentar y, sobre todo, a quitarse esa idea de que existe algo como “el dibujo perfecto”.
Quiero que entiendan que crear también es una forma de disfrutar, descubrirse y expresarse.
¿Qué consejo le darías a otros jóvenes creativos que quieren emprender en el diseño sin alejarse del arte alternativo?
Que nunca pierdan de vista su estilo. Que no tengan miedo de mostrar su arte, de compartirlo y de venderlo. Sé que muchas veces puede dar miedo pensar que a las personas no les va a gustar o que alguien va a criticar nuestro trabajo, pero eso significa crecimiento. importante de crecer.
Y si en algún momento necesitan ayuda, quiero que sepan que yo estaría encantada de ayudarlos. Siempre he dicho que el sol sale para todos.
Pero, sobre todo, nunca cambien su esencia solamente para encajar. Tengan su propio estilo bien definido, porque eso es precisamente lo que los hace diferentes y únicos.

Para finalizar, ¿hay algún aspecto en particular sobre tu historia o tu emprendimiento en el que te gustaría profundizar más durante la entrevista?
Quiero agradecer a mis papás, porque fueron las primeras personas que confiaron en mí y me impulsaron a luchar por lo que quería. A mi hermana, que siempre está promocionándome, apoyándome y celebrando cada cosa que hago.
Y, por supuesto, a mis amigas Caro y Montse, que además de ser mis amigas, se han convertido en mi equipo, un gran equipo. Han estado ahí ayudándome, trabajando conmigo y compartiendo muchos de estos proyectos.
Si algo he aprendido durante estos seis años es que vale la pena hacer lo que nos gusta. Solo tenemos una vida y creo que debemos intentar vivirla haciendo aquello que realmente nos hace felices.
Voy a seguir trabajando, aprendiendo y creciendo para que cada vez más personas conozcan mi trabajo y conozcan eso que me hace tan feliz.








