Una sorprendente investigación revela que el campo magnético de la Tierra es capaz de influir en cómo las células producen energía, en el rendimiento físico del organismo e incluso en la esperanza de vida.

El estudio lo ha realizado un equipo integrado, entre otros, por Jacob Reed y Lisa Chakrabarti, de la Universidad de Nottingham en el Reino Unido.

La influencia del campo magnético de la Tierra sobre cuestiones biológicas es un tema muy poco investigado. Casi todos los estudios realizados al respecto se limitan a cómo los animales migratorios perciben los campos magnético, o se centran en cómo hay que proteger de los efectos del entorno espacial, incluyendo los campos magnéticos, a los astronautas humanos en sus viajes por el espacio.

El equipo de investigación estudió qué sucede cuando se elimina casi por completo el campo magnético terrestre.

Mediante un sistema de blindaje magnético especialmente diseñado, redujeron a niveles cercanos a cero el campo magnético que rodeaba a unas moscas de la fruta.

En estos experimentos, Reed y sus colegas descubrieron que aislar a las moscas del campo magnético terrestre alteraba la función mitocondrial, la esperanza de vida y el rendimiento físico, con efectos notablemente diferentes según el estado de salud de las mitocondrias de estos insectos.

Por ejemplo, los autores del estudio compararon moscas sanas con otras que presentaban un defecto en el gen Pink1, asociado en humanos con la enfermedad de Parkinson hereditaria de aparición temprana.

Los efectos de la ausencia del campo magnético terrestre fueron sorprendentes. Aislar de dicho campo a las moscas con la mutación Pink1 aumentó su esperanza de vida en torno a un 20%, aunque su rendimiento físico disminuyó. El efecto en las moscas sanas fue muy distinto: si bien su periodo de vida saludable se recortó, su capacidad de movilidad mejoró.

Tal como determinaron los investigadores, estos efectos están relacionados con las mitocondrias, las diminutas estructuras celulares responsables de generar gran parte de la energía necesaria para la vida. El metabolismo energético mitocondrial cambió al reducirse el campo magnético, al igual que los niveles de superóxido, una molécula altamente reactiva producida por las mitocondrias. El equipo detectó estos cambios utilizando tanto mediciones de alta resolución de la respiración mitocondrial como sensores cuánticos de gran sensibilidad que aprovechan diminutos defectos en la estructura de diamantes.

En los experimentos, la presencia o la ausencia del campo magnético tenía diferentes efectos sobre la longevidad y otros aspectos de la biología de las moscas, dependiendo también del grado de salud de sus mitocondrias. (Dibujo: University of Nottingham)

Estos experimentos demuestran que el entorno magnético que rodea a un organismo puede influir en procesos biológicos fundamentales, como la producción de energía, el rendimiento físico y la esperanza de vida.

Un aspecto crucial es que los efectos no fueron simplemente “buenos” o “malos”. Una misma modificación del entorno magnético produjo resultados muy diferentes según el estado de salud previo de las mitocondrias, lo que sugiere que el estado metabólico de un organismo determina cómo este responde a las variaciones en la intensidad del campo magnético.

Los hallazgos sobre el campo magnético terrestre hechos en este estudio ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo esta fuerza ambiental invisible puede interactuar con procesos biológicos fundamentales, lo que podría conducir hacia descubrimientos científicos inesperados sobre el envejecimiento y sobre las enfermedades neurodegenerativas.

“Vivimos toda nuestra vida inmersos en el campo magnético terrestre. Atraviesa nuestros cuerpos, nuestras células y todos los organismos vivos del planeta; sin embargo, sabemos sorprendentemente poco sobre si esta fuerza invisible afecta al funcionamiento de nuestras células y de qué manera lo hace”, razona Chakrabarti. “Nuestros resultados plantean la intrigante posibilidad de que el campo magnético terrestre forme parte del entorno biológico al que la vida se ha adaptado a lo largo de la evolución. Conocer cómo las células perciben los campos magnéticos y reaccionan a ellos podría, en última instancia, revelar nuevas formas de manipular la función mitocondrial en el contexto del envejecimiento y en el de diversas enfermedades”.

El estudio se titula “Hypomagnetic fields modulate lifespan, physical ability and mitochondrial metabolism in a Pink1 model of neurodegeneration”. Y se ha publicado en la revista académica Aging. 

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