En Veracruz, la memoria suele ser amarga y la congruencia, un verdadero lujo de extinción. Lo ocurrido este lunes en el CEN del Partido Verde no es mera “estrategia electoral” rumbo al 2026-2027; es el triunfo del pragmatismo más grotesco y cínico.

Ahí tiene usted a Américo Zúñiga Martínez —exalcalde, exdiputado y exsecretario tricolor— recibiendo complacido de Arturo Escobar el nombramiento como Delegado de Elecciones en el estado. La foto oficial busca proyectar “músculo y experiencia”, pero ni el mejor filtro logra disimular el tufo a oportunismo.

Vale refrescar la memoria: apenas en la contienda pasada, Américo caminaba las calles bajo el manto del PRIAN, señalando con índice de fuego a Morena y a sus aliados. Ayer los combatió con furiosa vehemencia; hoy, sin un miligramo de rubor, se viste de verde para custodiarle los votos a quienes prometió descarrilar. ¿Y el compromiso con sus electores? Pulverizado en el altar del reacomodo personal.

Por su parte, la franquicia ecologista —respaldada ahí por Edgar Herrera Lendechy— reconfirma su vocación. Incapaz de germinar cuadros propios con verdadera agenda ambiental o social, prefirió una vez más pepenar en el cascajo del viejo régimen para comprar rentabilidad inmediata.

Bien dicen por aquí que el Verde veracruzano no florece: simplemente pasa de lo tierno a lo podrido. Habrá que ver si en 2027 el electorado castiga semejante salto mortal o si confirma que en esta comedia, la desmemoria es patológica.

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