Por Omar Piña

[Talento y disciplina de Enrique Gómez Velázquez]

Aquí va sobre los animales vivos que se integraron a las expediciones y que los castellanos llevaban consigo para tener asegurada carne fresca en la despensa. Se calcula en 550 efectivos los que formaban las huestes exploratorias con las que Hernán Cortés emprendió el viaje de Cuba hacia territorio mesoamericano. Era 18 de febrero de 1519. Los cuatro meses anteriores, el capitán extremeño había negociado, incautado y mal habido el avituallamiento necesario para sostener aquella empresa; provisiones, armas y caballos. Los bastimentos consistieron en garbanzos, habas, aceite, vino, tocinos y cerdos vivos.

Lo de marchar con cerdos a una expedición no era proyecto exclusivo de Cortés sino la usanza de todos los exploradores y conquistadores que lo habían antecedido. Todo viaje que se emprendiera incluía carnes tratadas, especímenes vivos y leña. Para cuando la salida de 1519 a los territorios mesoamericanos, Cuba ya estaba colonizada y eran tres los sitios estratégicos donde ya se criaba el cerdo. De manera sistemática, había zahurdas en Santiago de Cuba, Santa María del Puerto Príncipe (hoy Camagüey) y Jaruco. 

El cerdo ibérico se había adaptado bien a los territorios descubiertos. Su crianza permitía asegurar carne fresca y carnes ahumadas y en salazón. Los apreciados tocinos obedecen a una lógica: podían conservarse hasta un año. “Es en Cuba donde el tocino se consolidó no sólo como un alimento esencial para los ibéricos… sino también como un componente primordial en los matalotajes destinados para las expediciones de reconocimiento y conquistas” (Gómez Velázquez; 2025:17).

Los cronistas mencionan que los expedicionarios se hacían de “carnajes y tocinos”. Pero el cerdo también proveía una grasa con una ventajosa capacidad de conservación que era necesaria tanto para la cocina como para la elaboración de emplastos medicinales. El sebo era clave para obtener velas, un recurso esencial para la iluminación diaria. Y con sebo se carenaban las naves: se ponían en tierra hasta que se secaban, las raspaban y pulían y después aplicaban una mezcla de sebo y pez en la superficie. 

Para cuando la expedición de Cortés ha tomado el rumbo de conquistar la ciudad de Tenochtitlan, los aprovisionamientos deben considerarse con seriedad. El capitán solicita a Diego de Ordás que en Veracruz se construya la primera zahurda, porque la tropa necesitaba abastecimiento de carne. Ah, y a partir de los huesos del cerdo, solían fabricar dados.

Para mascar a fondo:

Gómez Velazquez, E. (2025). El cerdo y sus derivados en la génesis de la conquista de México-Tenochtitlan, 1517-1519. Revista De Historia De América, (172), 9–32. https://doi.org/10.35424/rha.172.2025.6041

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