Mucha de la belleza de esta metrópoli se concentra en su Centro Histórico, punto neurálgico desde donde se ha desarrollado una de las ciudades más importantes del continente americano y que aún constituye su vivísimo corazón.

El centro de la CDMX es el más grande de Latinoamérica, nada extraño si se considera la totalidad de su tamaño actual. Sus casi 10 kilómetros cuadrados de superficie albergan gran cantidad de tesoros históricos como museos, templos, claustros, monumentos y vestigios, no solo de la cultura colonial, sino también de la prehispánica, pues también fue la sede del imperio azteca. 

En 1987, la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, y al día de hoy, continúa siendo una de las zonas más admiradas por el turismo nacional y extranjero.

Es difícil describir la magia del centro, solamente estando ahí pueden realmente dimensionarse sus atractivos, pero lo que sí sabemos, es que su encanto se debe a sus señoriales edificios, imponentes por dentro como por fuera. 

No importa si eres capitalino, mexicano o extranjero, estos son los 10 edificios del Centro Histórico que no te puedes perder…

Palacio Nacional

Sede del Poder Ejecutivo Federal de la República Mexicana, es decir, de la presidencia, su ubicación, justo en el lugar más destacado del Zócalo, habla de su importancia. Tiene actualmente un área de 40 mil m2 y alberga distintas secciones destinadas a la presidencia, a los militares, a la Secretaría de Hacienda y otras áreas abiertas al público. Hoy es también la residencia del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Se empezó a construir en 1522, como segunda residencia privada de Hernán Cortés, sobre una parte del palacio de Moctezuma Xocoyotzin (sutiles, los conquistadores, no eran). En sus casi 500 años de existencia ha sufrido innumerables ampliaciones y modificaciones, y se pueden ver en su estructura elementos neoclásicos, barrocos y neocoloniales.

Hay mucho qué ver dentro del Palacio, pero destacan los murales de Diego Rivera, la Fuente de Pegaso, el Museo de Sitio Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez, el Despacho Presidencial y la Campana de Dolores, símbolo de la Independencia.

Catedral Metropolitana

A un costado de Palacio Nacional, está la Catedral Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos de la Ciudad de México. Este majestuoso templo, uno de nuestros mayores tesoros coloniales y la catedral más grande de América Latina, es hoy sede de la Arquidiócesis Primada de México.

Construida con partes del Templo Mayor de Tenochtitlán y del Templo de Huitzilopochtli, su primera piedra fue colocada en 1524 por Hernán Cortés, donde hoy están los jardines del Templo Mayor, pero las obras de la ‘nueva catedral’ iniciaron formalmente hasta 1573. 

Después de un sinnúmero de incidentes que provocaron retrasos y modificaciones, la catedral se dio por concluida 289 años después de que fuera iniciada bajo la batuta del célebre arquitecto valenciano Manuel Tolsá.

Gracias a las obras tan prolongadas, la catedral es una mezcla de estilos arquitectónicos con elementos barrocos, góticos, renacentistas y neoclásicos. En su interior, posee una vasta colección de tesoros, entre ellos altares, retablos, pinturas, muebles y esculturas. En el coro catedralicio están dos de los órganos dieciochescos más grandes de América.

Junto a la catedral está el hermoso edificio del Sagrario Metropolitano, una joya barroca construida entre 1749 y 1760.

Palacio de Bellas Artes

En 1934, después de 30 años de complicaciones y retrasos, se completó la edificación de este imponente recinto de mármol y bronce, sobre lo que hoy es Avenida Juárez, concebido por el arquitecto Adamo Boari, a finales del siglo XIX, y  llevado a su conclusión por Federico E. Mariscal.

Este edificio, ejemplo depuradísimo del art nouveau, inicialmente sustituiría al antiguo Teatro Nacional, pero en 1932 se decidió cambiarle el nombre, ya que dada la enorme inversión que requeriría terminarlo, tendría que ser un recinto de considerable utilidad pública.

El edificio, además del teatro, alberga al Museo de Bellas Artes, el primer museo de artes plásticas del país.

Su arquitectura es peculiar porque aunque por fuera está totalmente inspirado en el art nouveau, por dentro es art deco —incluso con algunos elementos de inspiración prehispánica—, lo cual se entiende por las distintas etapas de su prolongada construcción. 

Su mayor tesoro es el telón de cristal, creación de la casa vidriera Tiffany, instalado en la Sala Principal, plasmando los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

El Palacio Postal

La Quinta Casa de Correos de la Ciudad de México fue inaugurada el 17 de febrero de 1907 por Porfirio Díaz. El edificio, obra del arquitecto italiano Adamo Boari, (sí, el mismo que diseñó el Palacio de Bellas Artes originalmente) y del ingeniero mexicano Gonzalo Garita, abrió con una gran fiesta, cuya reseña aún puede verse en el Palacio; las fotos que la ilustran son de Guillermo Kahlo, padre de Frida.

La hermosa fachada de cantera de Chiluca muestra una cierta influencia mudéjar, por dentro sorprende la fastuosidad del mármol y la herrería de bronce. El hermoso elevador, que prácticamente preside el vestíbulo, fue el tercero que se instaló en la ciudad.

En el segundo piso está la sala de recepciones Bartolomé Galloti, que conserva el 90% de sus piezas originales y en la que se muestran obras de este artista, quien  las pintó sobre fondos de laminilla de oro de 24 kilates. Otra de susjoyas es La Tarasca, una obra de Pablo González Magaña, hecha de ¡48 mil estampillas canceladas!

Parte imperdible de la visita es observar de cerca sus buzones, sus mesas para escribir cartas y los mostradores desde donde aún puedes mandar cartas y postales.

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El Museo Nacional de Arte de México

El edificio que conocemos como MUNAL está en la calle de Tacuba, en la plaza Manuel Tolsá, y alberga una colección representativa de arte mexicano, desde la era virreinal hasta los años cincuenta del siglo pasado.

El edificio en el que se encuentra fue el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, de arquitectura ecléctica, pero predominantemente neoclásica y renacentista. Fue destinado al Museo Nacional de Arte en 1982 y restaurado en 1997, aunque lleva construido más de 100 años. Posee el acervo más importante en el país de arte colonial.

Es fácilmente identificable por la estatua ecuestre de Carlos IV de España, comúnmente conocida como El Caballito y que originalmente estaba en la plaza del Zócalo, pero que ha sido movida a diferentes lugares. La escultura se restauró en 2017, después de que resultó dañada al tratar de limpiarla con los químicos equivocados. Ocupa su lugar actual desde 1979.

Antiguo Palacio de Iturbide

El Palacio de Iturbide es una joya arquitectónica del barroco mexicano,  levantada entre 1779 y 1785 por el arquitecto novohispano Francisco Guerrero y Torres, como residencia de la familia Moncada-Jaral de Berrio. Este edificio fue el regalo de bodas de María Ana de Berrio y Pedro Moncada, marqués de Villafonte, por parte del padre de Ana María.

De 1821 a 1823 fue la residencia de Agustín de Iturbide, de ahí salió para ser coronado emperado,r y desde entonces se le conoce como el Palacio de Iturbide.

Después fue convertido en barracas del ejército estadounidense, y durante muchos años fue un hotel, hasta que en 1964 lo adquirió el Banco Nacional de México como oficinas. Hoy, es el Palacio de Cultura Citibanamex, destinado a exposiciones y actividades artísticas.

Está ricamente decorado con motivos indígenas, además de gárgolas y serafines e innumerables balcones.

Palacio de Minería

Su historia empieza en 1793, cuando el Real Colegio de Minas de la Nueva España adquirió el predio donde ahora se encuentra. El Palacio de Minería fue uno de los primeros edificios diseñados para la enseñanza de la ingeniería y la metalurgia, principal actividad económica de la Nueva España y unas de las principales fuentes de riquezas del imperio español. 

Este palacio, considerado una obra maestra del neoclasicismo en América, es creación del escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, autor también de la escultura de Carlos IV, conocida como El Caballito, que preside la plaza donde se ubica este edificio y que lleva su nombre, donde también está el Munal, otra destacada construcción del Centro Histórico.

Forma parte del patrimonio artístico y cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México y se encuentra bajo el resguardo de la Facultad de Ingeniería.

Antiguo Colegio de San Ildefonso

Los jesuitas iniciaron su labor educativa en la capital con la fundación del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo y cuatro seminarios: San Pedro y San Pablo, San Bernardo, San Miguel y San Gregorio. De la fusión de los tres últimos nació, en 1583, el Colegio de San Ildefonso.

Gracias al poder financiero de la Compañía de Jesús, el inmueble fue reedificado en el siglo XVIII, dando paso al edificio que hoy conocemos, uno de los ejemplos barrocos más sobresalientes de la arquitectura de la Ciudad de México.

Tras la expulsión de los jesuitas, en 1767, el edificio tuvo diversas funciones, hasta que en 1867, el gobierno de Benito Juárez y la Ley Orgánica de Instrucción Pública, crearon la Escuela Nacional Preparatoria, que se estableció en el edificio del Colegio, desde entonces hasta 1980.

Después permaneció cerrado unos años hasta que en 1991, la Universidad Nacional Autónoma de México, y los entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Departamento del Distrito Federal unieron esfuerzos y recursos para restaurarlo con el fin de recibir, en 1992, la exposición “México: esplendores de 30 siglos” y transformarlo en una sede para exposiciones temporales de relevancia.

Gran Hotel Ciudad de México

Este edificio fue construido como sede del Centro Mercantil, que fue la tienda departamental más importante de Latinoamérica. Fue inaugurada por el presidente Porfirio Díaz en septiembre de 1899.  Permaneció como tal hasta 1968, cuando se convirtió en el Gran Hotel Ciudad de México para recibir a los visitantes que acudieron a los juegos olímpicos de ese año.

El edificio destaca por su arquitectura y diseño interior de estilo art nouveau. Sus trabajos de herrería destacan especialmente; los elevadores fueron de los primeros en instalarse en México. El gran tesoro del hotel es es el impresionante vitral de colores que decora su bóveda. Fue creado por el francés Jacques Gruber en 1908, siguiendo el estilo Tiffany.

La Casa de los Azulejos

Es una hermosa obra del barroco novohispano; la distinguen los mosaicos de Talavera que recubren totalmente su fachada. Se sabe que la construcción inició en el siglo XVI, tuvo un par de dueños y después fue la residencia de los condes de Valle de Orizaba, desde 1596 hasta 1871. 

En 1737, por órdenes de doña Graciana Suárez de Peredo, quinta condesa del Valle de Orizaba, la fachada de la casa fue revestida con los mosaicos polícromos traídos de Puebla que la hicieron famosa, a la par se hicieron los hermosos trabajos en cantera que adornan la fachada y la herrería de los balcones.

A partir de 1881, el inmueble se convirtió en el Jockey Club y posteriormente en la Casa del Obrero Mundial. En ese entonces, la Calle 5 de Mayo, donde se ubica, era la avenida más elegante del porfiriato.

Desde 1919 es un Sanborns, pero la compañía rentaba la propiedad, la cual finalmente fue adquirida en 1978. En sus interiores tiene dos murales: Pavorreales, de Palcologne, que data de 1918, y Omni-ciencia, de José Clemente Orozco, del año 1925.

Es un edificio único en el mundo en cuanto a estilo, un híbrido de artesanía mexicana, el estilo barroco y arquitectura colonial.   

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