• El alter-ego de Peter Parker no sólo hace las cosas que esperamos de él sin sumirse en sus conflictos internos, también aporta “lecciones importantes sobre cómo convivir con la pérdida y el duelo”, señalan expertos

En estos días, en las pantallas de cine se encuentran tres héroes de épocas muy distintas: desde la edad de bronce, Odiseo; de la alta Edad Media, Robin Hood, y de mediados de la posguerra, Spider-Man; sin embargo, aunque a la historia de Homero no le ha ido nada mal a pesar de sus casi 30 siglos de antigüedad, el alter ego de Peter Parker es el campeón indiscutible.

“Spider-Man: un nuevo día” ha recaudado en sólo 17 días 2 mil 22 millones de dólares en la taquilla mundial, y es la segunda película que más rápido ha rebasado los dos mil millones de dólares. La primera fue “Avengers: Endgame” de 2019, que lo logró en 11 días, pero con muchos más súper héroes.

Para Darren Paul Fisher, director del área de Cine, pantallas y medios creativos de la Bond University, ante este éxito de la cinta protagonizada por Tom Holland cabe preguntarse si “se ha exagerado enormemente la supuesta fatiga ante los superhéroes” o si hay otros factores que contribuyeron al interés del público mundial. 

“La respuesta es engañosamente directa y, en realidad, bastante fácil de replicar. Lo único malo es que no resulta especialmente emocionante: Spider-Man simplemente hace bien lo básico”, se contesta Fisher en un artículo publicado en The Conversation.

Sin embargo, el investigador añade poco después otra parte de la respuesta: “‘Diversión’ es la palabra clave aquí, así como el rasgo distintivo de Spider-Man. Este personaje siempre ha supuesto un soplo de aire fresco frente a la solemnidad de otros superhéroes consagrados”.

Gracias a eso y a la edad del personaje, Spider-Man “resulta cercano para el público joven y es precisamente esa falta de trascendencia extrema lo que lo hace tan entrañable. No siempre se trata de salvar el mundo; a menudo, basta con intentar conquistar a la chica que le gusta”.

Para Fisher, la nueva de Spider-Man “no es una película genial”, e incluso añade que “de las cuatro películas de Spider-Man protagonizadas por Tom Holland, es la que menos invita a volver a verla. Sin embargo, resulta atractiva y entretenida, y ofrece un desenlace mayoritariamente satisfactorio”. 

Y esto se debe a que “acierta en los aspectos fundamentales”, en particular que el público “quiere ver a Spider-Man haciendo cosas propias de Spider-Man, al estilo de Spider-Man”.

Lo cual significa ver al héroe “viviendo aventuras que ofrezcan tanto diversión como emoción. La situación puede volverse seria por momentos, pero nunca sombría”, a diferencia de muchas otras en los últimos años.

Forzar las cosas puede resultar contraproducente

Si bien a Christopher Nolan le salió bien su apuesta por un Odiseo “complicado” desde un punto de vista más cercano a la psicología moderna que a las épocas en que los caprichos de los dioses marcaban el destino de las personas y sobre todo de los héroes, este tipo de aproximación fue desafortunado con Robin Hood.

En ese mismo sentido, Fisher señala que Hollywood se ha equivocado mucho últimamente en los tratamientos que da a sus héroes consagrados.

Como ejemplo pone a la cinta “Lightyear” (2022): “¿Qué hacemos con un querido y descarado guardián espacial cuya frase emblemática es ‘al infinito y más allá’? Pues sí: dejémoslo atrapado en un planeta y ligeramente deprimido”.

También Sack Snyder se equivocó —señala el académico— con “El hombre de acero” (“Man of Steel”, 2013), pues “¿qué gracia tiene ver a Kal-El sumido en conflictos internos y sintiendo todo el peso del mundo sobre sus hombros?”.

“Del mismo modo, la trilogía secuela de ‘Star Wars’ cometió errores especialmente graves, sobre todo en el tratamiento de Luke Skywalker, el alma de la franquicia. Hacer que llame ‘espada láser’ a un sable de luz y que lo arroje por encima del hombro con desprecio supone una incomprensión fundamental del personaje y de su conexión con el público”.

Un poco de psicología y spoilers

Por su parte, Ben Partridge profesor de psicología en la Sheffield Hallam University, encuentra otro tipo de acierto en la nueva de Spider-Man (que por cierto contiene un spoiler para quien no ha seguido esta nueva iteración del personaje): 

“Como experto en la investigación sobre el duelo y la pérdida, me sorprendió gratamente ver que una película de acción tan comercial transmitiera un mensaje tan conmovedor, así como lecciones importantes sobre cómo convivir con la pérdida y el duelo”, señala también en un artículo publicado en The Conversation.

Tom Holland y Zendaya posan para los fotógrafos al llegar al estreno de “Spider-Man: Brand New Day” en Londres, el 29 de julio de 2026. Crédito: AP

En este retratamiento de la historia de Peter Parker, “vemos que la pérdida es algo que nunca se supera del todo. Más bien, crecemos en torno al dolor que experimentamos. También vemos que mantener una conexión con la persona que hemos perdido después de su muerte puede ser saludable y productivo”, señala Partridge.

Partridge explica que Peter cultiva lo que se conoce como un “vínculo continuo”, que es una conexión con la persona que ya no está que puede mantenerse con vínculos externos, como guardar fotos, objetos y recuerdos, o internos, como recordar al difunto o sostener “una conversación imaginada, como la que Peter tiene con su tía May”.

Epílogo de fatiga de súper héroes

Por último, Fisher señala que “no es casualidad que Spider-Man haya mantenido a sus estrellas y su éxito en taquilla”. Además, el hecho de que Tom Holland y Zendaya sean pareja en la vida ha beneficiado a la película.

También señala que para conservar los derechos de Spider-Man, Sony debe seguir produciendo películas del personaje cada seis años. Esto va en contra de la tendencia de la “fatiga de los superhéroes”, pero lo mismo ocurre con “Spider-Man: un nuevo día”.

“Parece que no existe tal fatiga de los superhéroes, sino más bien un hartazgo ante películas que fallan estrepitosamente en los aspectos más básicos”.

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