Por C. Rubio Rosell
Dicen que la noche en que murió el poeta Vicente Quirarte se vio a un murciélago volando por las calles de la Ciudad de México, examinando su vasto legado literario y recorriendo la ciudad que tanto amó con nuevas alas. Como ha recordado su amigo y discípulo Roberto Coria, Quirarte tuvo tantas facetas que el mundillo cultural mexicano se ha sobrecogido por la triste noticia de su fallecimiento, cuando acababa de cumplir el pasado 19 de julio 72 años: amigo generoso, maravilloso anfitrión, narrador, poeta, ensayista, académico, historiador, erudito decimonónico, cinéfilo, dramaturgo, viajero, enamorado de la Ciudad de México, bon vivant, gourmet, bromista, amante, organizador de cursos, diplomados, de ciclos de cine, de un colectivo llamado Cadáver Exquisito, la difunta Casa Poe, Jornadas de Literatura de Horror en la Feria del libro de Minería… Su obra literaria, que abarcó distintos géneros, lo convirtió en una figura clave para entender la literatura mexicana contemporánea y su relación con la historia, la memoria y la ciudad. En su trayectoria, Quirarte no separó la creación literaria del pensamiento crítico, explorando la tradición mexicana, los vínculos entre literatura e historia y la Ciudad de México como escenario vivo de memoria cultural. Su trayectoria literaria inició en 1979 con el poemario Teatro, sobre el viento amado, obra reconocida con el premio Punto de Partida de la UNAM. Entre sus libros destacan Vencer a la blancura, El azogue y la granada: Gilberto Owen en su discurso amoroso, El ángel es vampiro, Razones del samurái, Ciudad de seda, La miel de los felices, Sintaxis del vampiro, La invencible o Merecer un libro, obras en las que buscaba un diálogo entre la poesía, la memoria, la muerte, la ciudad y la tradición literaria mexicana. Él mismo resumió parte de su ética intelectual con una frase que siempre cobrará sentido: “El secreto no es ser joven, sino mantener la juventud, la inconformidad ante la idea que no prospera, la frase mal articulada, el proyecto superior al pensamiento”. Otra muerte que lamentar es la de Ediciones Era, uno de los sellos más relevantes del panorama editorial en lengua española, el cual acaba de anunciar el cese de sus operaciones comerciales y editoriales, debido a problemas financieros. En un comunicado donde sus editores refieren el parón de actividades, se detalla que la editorial irá cerrando cuentas con todas las librerías y puntos de venta que tienen sus libros. “Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era“, señalan en este comunicado que da escalofrío, “nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas del 25 por ciento de lo que eran antes. Estos últimos seis años hemos luchado de mil maneras para mantener la editorial viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado. Con muchos esfuerzos pagamos varias deudas en las que incurrimos durante la pandemia, pero, aun así, las cantidades que debemos siguen aumentando. Vendimos la casa de Era en la colonia Roma y gracias a eso, en este momento, estamos en condiciones de hacer algunos pagos y de detener la operación de la editorial para no caer en deudas impagables. Les agradecemos todos los años de trabajo conjunto. El espacio que le han dado a nuestros libros y el interés en nuestro sello, nuestros autores y nuestros temas a lo largo de las décadas. Ha sido un privilegio contar con ustedes para la difusión de los libros de Ediciones Era”. El sello editorial mexicano, fundado por Neus Espresate, Vicente Rojo y José Azorín, tres insignes exiliados españoles, y dirigido por Marcelo Uribe desde 1991, publicó obras de novela, poesía, cuento, crónica, historia, ciencias sociales, arte y libros para niños y jóvenes, y actualmente su catálogo se compone de más de 500 títulos, entre los que destacan incuestionables obras maestras de la literatura de autores como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Elena Poniatowska o Carlos Monsiváis, por citar un puñado sobresaliente. El cierre de esta editorial demuestra el grado de raquitismo en que viven las empresas culturales en México, y es una señal alarmante de lo he aún puede estar por venir.








