En Veracruz, el sector salud es quien más discrimina a las personas con VIH: Patricia Ponce

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  • “Somos una sociedad profundamente conservadora, injusta e inmoral”
  •  Veracruz, el estado que más mujeres con VIH y sida aporta al país y el segundo en niños y niñas con el virus
  • “Necesitamos que el gobernador se comprometa y se posicione frente al VIH, porque la epidemia está fuera de control”
  • “El VIH no mata, pero la discriminación sí”
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Ante un tema tan sensible como es el de la silenciosa y trágica epidemia que está causando en Veracruz y en nuestro país el Virus de Inmunodeficiencia Humana, Palabras Claras decidió entrevistar a la doctora Patricia Ponce Jiménez, una reconocida académica del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), que se ha especializado en este campo, sobre el cual ha publicado diversos libros e investigaciones. De manera paralela y desde hace quince años, Patricia Ponce es dirigente y activista del Grupo Multisectorial en VIH/sida e ITS del Estado de Veracruz, un grupo multidisciplinario cuya aportación al pueblo veracruzano fue reconocida recientemente por el Congreso del Estado.

¿Qué provoca tu interés en abordar los temas de género, familias, sexualidad y VIH?

Creo que el interés surge gracias a mi profesión. Tengo un doctorado en ciencias sociales y de formación soy antropóloga. Llegué a esa carrera profesional con la vieja idea que tuvimos los jóvenes en los setenta: que la antropología era un medio para hacer la revolución. Que a través de ella conoceríamos la problemática del país, del estado, y con ello podríamos transformarlos. Se ha dicho que los antropólogos nos formamos como luchadores sociales y hay algo de verdad en ello.

En mi caso, los temas que voy trabajando tienen que ver con algún problema social en Veracruz. Inicio con los problemas de las familias, siempre en el ámbito rural, nunca en el urbano. Menos con población indígena, porque en primer lugar, no puedo soportar tanta pobreza, tanta miseria, tanto dolor. Y en segundo lugar, porque no manejo ningún idioma o dialecto, lo que me impide trabajar con dicha población, acércarme a su visión, a su cosmogonía, a sus principios y a sus valores.

Las familias me llevan a conocer una problemática específica al interior, que tiene que ver con la manera en que las mujeres se conforman, son educadas, aman y sexúan. Esto me conduce al tema de la maternidad, y obviamente, a las relaciones de género y a la violencia. Inició investigando en el agro veracruzano, región central; posteriormente, me voy a la costa veracruzana, a trabajar con el tema de la sexualidad, ya no sólo con mujeres, sino también con hombres, y ahí me brinca el tema de las relaciones homoeróticas. Eso me lleva al tema del respeto a los derechos humanos de los disidentes sexuales; a las relaciones de hombres y mujeres que aman y sexúan con personas de su mismo sexo.

Terminada mi tesis doctoral en la costa veracruzana, me dispongo a hacer un diagnóstico sobre el trabajo sexual en el estado de Veracruz, y entonces descubro que es el sector laboral más discriminado, más estigmatizado, el que menos derechos tiene y hacia el cual no existe ninguna actitud de solidaridad por parte de nadie. Andando en las calles con las trabajadoras sexuales de varias ciudades del estado, me brota el tema del VIH, el virus de inmunodeficiencia humana, con el constante señalamiento de los servidores públicos, quienes consideran erróneamente a esas mujeres como “el “foco de la infección” de la epidemia.

A principios del año 2000, me invitan a participar en un grupo semilla con el objetivo de conformar un grupo de contraloría social que va a trabajar en el estado de Veracruz, y es cuando me incorporo como académica. En ese tiempo tenía muchos compromisos con mi institución, el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS); ya había escrito varios libros y quería aportar algo a mi estado.

En el caso del VIH, nunca imaginé que iba a convertirme en activista. En 2001, con grupos organizados de la sociedad civil, académicos, organismos gubernamentales y personas con VIH, conformamos un grupo más amplio e hicimos nuestra presentación pública. Yo pensaba quedarme uno o dos meses para ayudar en la consolidación del Grupo Multisectorial en VIH/sida e ITS del Estado de Veracruz. Decidí poner mi agenda académica para abrir puertas, y cuando se consolidó el grupo, nunca me fui por varias razones… Dicen que uno no llega a los temas de casualidad, estoy segura de ello… Así es como trabajo primero con mujeres, con trabajadores sexuales, disidentes sexo-genéricos y, ahora con gente con VIH.

Estoy en este grupo porque mi padre me enseñó a ser un ser humano íntegro, consecuente con mis ideas; me dio mucha fortaleza espiritual, me hizo sensible y también una mujer generosa. Yo así me definiría, me identifico con la gente que vive en contextos sexuales de discriminación y de violencia. Me comprometo con ellas porque creo en la justicia social, y considero que como académica, puedo aportar granitos de arena para tratar de resolver algunos problemas.

Con el tiempo, el Multi –como llamamos al grupo– se convirtió en mi familia; las personas afectadas por el virus, que participan, son un ejemplo de vida. Pues poseen una fortaleza y un sentido del humor inigualables. El tema de VIH nunca se termina, resuelves un problema e inmediatamente llegan otros. Hablamos de una epidemia en todo el mundo; hay personas que adquieren el virus todos los días; hay problemas de atención, de discriminación….es interminable.

Todos los días se muere gente que conoces y a veces que no conoces: todo ello representa un desgaste físico y emocional. Todos los días nacen niños/as con VIH… pero hay personas que tienen 30 años conviviendo con el virus y trabajando por su vida y la de otras/os… yo no me puedo dar por vencida, entonces… Por eso sigo en el Multi, por eso estoy aquí con ellos y ellas, a su lado.

Eres una activista reconocida por tu participación y seriedad ¿Cuáles han sido las prácticas sociales más recurrentes que sufren las personas con diferencias sexuales?

El principal problema es el estigma y la discriminación que sufren desde su casa. En ciertos sectores sociales, en la clase media o alta, hay una cierta aceptación silenciosa hacia el disidente sexual, lo aceptan aunque de manera silenciosa, vergonzante. Pero muchos de los trabajadores sexuales gays o trans, están ahí porque los corrieron de la escuela y de la casa, entonces se fueron a trabajar al primer bar que encontraron. El estigma y la discriminación provocan que se les nieguen oportunidades escolares y laborales, y en el ámbito familiar, se les niega el amor… sufren la discriminación, el abandono, la expulsión.

La sociedad los orilla a tener este tipo de trabajo o a que vivan deprimidos o en el “clóset”, y muchos/muchas todos los días llegan a ser violentados, violados o asesinados. En este país aún se mata a la gente homosexual, y más a los transexuales. No solamente los excluimos, además los asesinamos social y físicamente. Los condenamos a la muerte social en el mejor de los casos. Es cierto, hay leyes que los protegen, pero poco se respetan…

Ahora, el tema del VIH es un problema de todos, pasa por un asunto familiar y por un problema social; nosotros somos los que generamos esa problemática, para después colocarlos en el bote de la basura, abandonándolos. Creo que una de las necesidades más grandes que tenemos, es reconocer la diferencia como un valor, y eso no lo hemos aprendido. Debemos educar a los niños y niñas en este principio: hay que enseñarles que la diferencia es un valor, como lo es el de la solidaridad, por ejemplo.

Por eso, a veces la palabra amor se me hace tan sin sentido. Por amor, perjudicas a tus hijos, o por amor dañas a tu pareja. Por amor se cometen muchas arbitrariedades, muchas barbaridades, por amor se hace mucho daño… Prefiero olvidarme de esa palabra y rescatar la de respeto, puedo no quererte, no tengo porque quererte, pero lo que sí tengo es la obligación de respetarte como ser humano.

Por lo que afirmas, se entiende que el problema es que hemos perdido el sentido ontológico, del ser, es decir, la persona vale por el hecho de ser persona, y no porque sea hombre o mujer, o transgénero o portador del virus. Parece que los convencionalismos sociales están por encima y ello ha impedido el entendimiento de una problemática silenciosa pero que existe, que crece, que se está difundiendo y que no hemos querido aceptar. ¿Cómo consideras que ha sido el trabajo de las instituciones en este país, especialmente del sector salud de Veracruz, para tratar de combatir o de mitigar este problema?

Acabas de mencionar algo muy importante: a la persona que es disidente sexual, que es homosexual, que es lesbiana, que es transgénero, nuestra sociedad la señala por su práctica sexual, el resto desaparece.

Con quién sexúas y cómo sexúas, es lo que vale. El sexo se vuelve un elemento de juicio. No importa cómo trabajas, en qué contribuyes, o qué aportas. Simplemente es: A ti no te acepto, por la manera en que tú estableces tus relaciones amorosas y sexuales; a ti te voy a juzgar por que tienes VIH. Y ahí viene la parte sexual nuevamente; si tienes VIH, es que seguramente fuiste “promiscuo”, “perverso”, “anormal”, “enfermo”, “desviado”, o sea que transgrediste lo socialmente establecido. Es decir, que frente a un comportamiento considerado desviado o inmoral, te imponen un castigo. Desde ese momento te juzgo, te saco de mi vida, pero más allá de eso, te estigmatizo, discrimino, te hago daño y violento tus derechos. Somos una sociedad profundamente conservadora, injusta, inmoral…

El sector salud no trabaja contra el estigma y la discriminación, absolutamente para nada. La mayor cantidad de quejas que interponen ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos son en contra del sector salud; no hay una política pública, hay leyes ciertamente, pero no se aplican.

En Veracruz, es el sector salud quien más discrimina a las personas con VIH. No se queda atrás la secretaría de educación. En las escuelas primarias, descubren que el papá, la mamá o el niño tienen VIH, ¿y qué sucede?: al niño/a lo cambian de escuela, a los padres los sacan de los grupos familiares, los otros padres/madres piden sacarlos de la escuela. En el trabajo, si se enteran que tienes VIH, inmediatamente te despiden. Es difícil documentar los casos, pero no hay que olvidar que nadie puede exigir un análisis de VIH para poderte contratar o aceptar en la escuela o la universidad. Discriminar es un delito…

Entonces, puede pensarse que esta discriminación está motivada por los de arriba, que puede originarse a partir de una cuestión económica. Que en las alturas del poder se diga, “esto cuesta mucho y no contamos con suficiente dinero”. ¿Cuál es tu apreciación?

Es una constante que el sector salud diga que es un tema que cuesta mucho dinero, porque un tratamiento al mes, puede costar entre diez mil y treinta mil pesos por persona. Pero el recurso de que se dispone, que ha alcanzado los 270 millones de pesos al año, viene etiquetado desde la federación, y por fortuna llega en especie, en forma de medicamentos. Esa mentalidad existe, dicen que hay que hacer prevención, pero no se hace. No hay una sola campaña de prevención contra el estigma y la discriminación….

Es una realidad que se discrimina mucho en los hospitales, no tanto en los Centros Ambulatorios de Prevención y Atención en Sida e Infecciones de Transmisión Sexual –Capasits–, que hay en las regiones para la atención especializada de los y las afectadas por el virus. Nosotros constantemente estamos capacitando de manera gratuita y hemos obligado a la Secretaría de Salud a capacitar y sensibilizar a su personal, y sobre todo, como grupo de contraloría social, supervisamos, estamos allí pendientes y también denunciamos, sea en el jurídico de la Secretaría de Salud, en Derechos Humanos, en la fiscalía y, de ser necesario, en la prensa. Por eso, cuando nos ven llegar a supervisar dicen:

“Aguas! ¡Ahí viene el Multi!”

Para las personas afectadas por el VIH, estar en los Capasits, es como estar en el paraíso. El problema es cuando cruzas el puente y entras al hospital. Por desgracia, hay médicos que no gustan atender a gente afectada por el virus. Son trabajadores de la salud no capacitados, no sensibilizados, ignorantes. Ellos conocen los protocolos de atención, las formas de no transmisión, pero son profesionales de la salud sin ética, sin compromiso social, son mercenarios de la medicina social.

Y también pareciera que se erigen como dioses, como jueces que pueden ordenar un castigo. “Te pasa porque fuiste promiscua, por ser homosexual, por ser trabajadora sexual, por pobre, por qué no te cuidaste”, incluso les cuestionan que traigan hijos/as al mundo… como si no fuera un derecho. Al final es una actitud de ignorancia, de desprecio, discriminatoria, poco humana.

Es importante decir que la mayor parte de las personas que se atienden en los Capasits son pobres, que no cuentan con servicios de seguridad social. Muchos provienen de zonas rurales indígenas y tienen que soportar esa actitud de menosprecio. Hay médicos que se sienten paridos por los dioses, las divas de las batas blancas. A ello se junta que muchos de los y las usuarias suelen llegar con una actitud de sumisión. El médico les dice:

¡Ya llegó mi pacientita! ¿Qué dice mi madrecita?

¿Su pacientita? ¿Su madrecita? Caramba que atraso….

En las reuniones con los diferentes secretarios de salud que hemos tenido a lo largo de 15 años de trabajo, algunos de nuestros compañeros que asisten a dichas reuniones les han llegado a decir: “¡No somos pacientes, somos impacientes!”

Y luego viene la parte del presupuesto, del dinero. Las mujeres afectadas por VIH que llegan a parir deben hacerlo por cesárea para no transmitir el virus al bebé. Pero algunos médicos deciden que los tengan por parto natural, por cuestión de economía mal entendida. Aquí hay una tremenda irresponsabilidad, un acto discriminatorio y un delito, porque es una realidad que el bebé de una afectada por el virus, que estuvo en tratamiento, control natal y con tratamiento de antiretrovirales que nace por cesárea y se le nutre con leche de fórmula, es un niño/a que nace sin VIH.

La falta de apoyo institucional obedece a una falta de cultura médica. A pesar de que en las leyes hay ciertas cosas contempladas, no se aplica, no hay un interés en promover que se haga realidad, es como letra muerta, los y las médicas y, en general los profesionales de la salud discriminan la propia ley, no la promueven, hay otros/as que ni siquiera la conocen y, no faltan quienes no les interesa la salud ni la vida de los y las usuarias.

Lo peor de todo es que en muchos lugares, las instituciones se convierten en una verdadera mafia. Las direcciones de los hospitales son negociadas con el PRI desde hace muchos años. Son puestos políticos, huesos, espacios para enriquecerse de manera escandalosa. Pareciera que existe una disciplina priista en el sector salud.

Y la otra parte que cierra el círculo, es que mucha de la población que recurre a los servicios, lo hace desconociendo que la salud es un derecho. Es una población que da las gracias, creyendo que el doctor le regaló el medicamento o la atención. Ignoran que es un derecho y que se puede demandar cuando no es atendido correctamente. Se callan porque piensan que les pueden quitar dicho derecho.

Es una población no empoderada, personas que ignoran que pueden y deben exigir que se les trate con calidad y calidez. La mujeres portadoras del virus, a quienes les obligan a tener un parto natural, en lugar de la cesárea que indica el protocolo, si hacen una denuncia, van a ganar, y nunca les quitarán el medicamento ni el servicio, pero eso ellas no lo saben. Tienen miedo y de eso se aprovechan estos mercachifles.

Hablas de omisiones, pero debemos recordar que esta Legislatura cuenta con una diputada que es líder sindical en el sector salud, y que en teoría debe conocer el problema. Ahora, justamente el Congreso se abocó ipso facto a entregar premios de importancia estatal a dos grupos que encabezan mujeres, el de búsqueda de desaparecidos y al Multisectorial que diriges. Entonces, si no hay apoyo, porqué aceptar ese reconocimiento. ¿O es un juego político?

En mi caso, posteriormente al reconocimiento, me enteré que hubo once propuestas de mujeres, que fui una más. Fui seleccionada para recibirlo porque creo que somos una experiencia inédita en el país. Que tenemos una permanencia de quince años en el trabajo, que no dejamos de insistir, que somos un grupo incorruptible, con una presencia ética muy importante. Que nunca pedimos recursos para funcionar, que operamos con los propios, con nuestros salarios, ahorros… y a veces nos las vemos difíciles.

Somos alrededor de treinta personas que andamos en buena parte del estado, que nos hacemos aliados con los ayuntamientos, con los Institutos Municipales de las Mujeres, con otras organizaciones de la sociedad civil, con la Universidad Veracruzana, con personas afectadas por el virus para trabajar en varios niveles, entre ellos la defensoría de derechos, la contraloría social, la rendición de cuentas, que creamos la única ley de iniciativa popular que existe en el estado, la primera en el país y la segunda en Latinoamérica para enfrentar la epidemia del VIH en la entidad Veracruzana. Creo que mi liderazgo es especial, por ser una académica reconocida a nivel local, nacional y en algunos países del continente, con una producción importante de libros sobre el tema y con el compromiso en la gestión de apoyos y recursos para las y los afectados. Incorruptible también…

Estos movimientos tienen un reconocimiento social, que denuncian y se enfrentan al Estado y que no tienen una intención distinta. Pero ahora que el nuevo gobierno se enfocó al reconocimiento institucional, ¿observas algún sesgo o algún tinte político en esos premios?

Me percataría de una intención así. No lo sé… No me gustan los reconocimientos, pero lo acepté por el Multi, por el trabajo que hemos hecho en 15 años. El reconocimiento es al colectivo, no sólo para mí. Lo pensé mucho y al final acepté porque lo merecemos, porque necesitábamos la tribuna del Congreso, estar ahí para decir lo que dije… El reconocimiento ya lo teníamos, sólo se oficializó y, eso nos posicionó. Este Congreso no va a poder cerrarnos las puertas, los diputados y diputadas saben que existimos; el secretario de salud nos tendrá que recibir para seguir trabajando de manera coordinada Y en efecto, después del reconocimiento el secretario de salud nos ha llamado….

La primera vez que lo vimos lo notamos poco interesado en trabajar con nosotros/as, y lo que queremos es que no deje escapar a un grupo que contribuye con el sector salud, que investiga permanentemente sobre el tema, y que hasta puede ayudarlo a obtener estrellitas. Por eso acepté recibir el premio, para posesionarnos en el Congreso, en las instituciones del estado.

Estamos posesionados públicamente, nos conocen los periodistas, los políticos, la sociedad, la Universidad. Y tenemos reconocimiento público porque tenemos mucho trabajo que nos respalda, porque en 15 años no hemos quitado el dedo del renglón, porque nunca hemos pedido nada para nosotras/os, porque insisto somos incorruptibles.

Y que quede bien claro, no queremos ser secretarios, diputadas, presidentes municipales, queremos que los y las servidoras públicas hagan su trabajo, aunque no les guste nuestro trabajo de contralores/as sociales, ni la experiencia ciudadana del grupo Multisectorial. Queremos que dejen de nacer niños/niñas con el VIH, que ningún veracruzano, veracruzana adquiera el virus y quien ya este afectado, que tenga calidad y calidez en la atención. Que se respeten sus Derechos Humanos… luchamos por la vida…

Acaso los temas sensibles que preocupan a la sociedad, los traen las mujeres, más que los hombres ¿En tu grupo son más mujeres?

Los grupos de activistas que trabajan este tema en el país están liderados fundamentalmente por hombres homosexuales y uno que otro por mujeres afectadas por el virus. En Veracruz, el Multisectorial lo forman en la misma proporción, mujeres y hombres.

En lo personal, yo admiro a los integrantes del Multisectorial, porque no buscan prebendas personales, ni prestigio. Es un tema de generosidad y por eso los tengo que admirar. Alguien dijo por ahí que un revolucionario es aquel a quien le duele lo que pasa en cualquier parte del mundo…. Somos guerreros/as, generosos/as, aunque ciertamente tenemos recompensas, una de esas es que este trabajo nos da fortaleza interna y serenidad espiritual. A mí en lo personal, saber que sirvo para algo me da felicidad, saber que estoy abriendo el surco para que esas personas sean tratadas como seres humanos, contribuir a que se respeten sus derechos humanos…. Trabajamos con mucha pasión y eso nos da vida; luchamos con pasión por la vida.

¿Por qué consideras que en los distintos órdenes de gobierno, los políticos tienen tanto miedo a la transparencia?

Porque son corruptos, saben que se desvían recursos, porque no hacen bien su trabajo, por eso no les gusta la contraloría social. Alguna vez un secretario de salud nos dijo que no le lleváramos problemas, como el de exigir el papel de baño en los Capasits, agua para los usuarios/as, que los baños estuvieran limpios con jabón y sanitas o que los climas funcionaran.

Pero en realidad lo tenemos que hacer, porque, por ejemplo, una persona de San Andrés Tuxtla, tiene que ir a que lo atiendan hasta Coatzacoalcos, con todo y su pobreza, se gasta mil pesos en el viaje. Queremos que cuando menos tenga lo elemental. La persona llega sin haber cenado nada la noche anterior, quiere hacer uso del inodoro y no hay agua ni sanitas para secarse las manos, se sienta por horas, a veces en el piso, porque no hay sillas, en un lugar a cuarenta grados, donde el clima no sirve, y si quiere tomar un vaso de agua para refrescarse y medio llenar su estómago vacío, no hay agua de garrafón. Esos son los problemas que los funcionarios no quieren escuchar, pero sí analizamos el contexto de los y las afectadas por el virus, de inmediato comprendemos que debemos exigir esas condiciones.

Lo que nosotros exigimos es eso, que se proporcione un servicio con calidad y calidez. Las y los profesionales de la salud, deben saber que aunque los y las usuarias sean pobres, tengan VIH, sean personas transgéneros, o que padezcan sida, deben ser tratados dignamente, sin discriminación y con apego a derechos, aunque no den votos.

De qué tamaño es la epidemia en Veracruz. ¿Cuántas personas están registradas con VIH, y por cada una de ellas, cuántas pueden estar infectadas?

Tenemos tercer lugar a nivel nacional por el número acumulado de sida, segundo por VIH, segundo en mortalidad; somos el estado que más mujeres con VIH y sida aportamos al país y el segundo en niños y niñas con VIH. Estamos reprobados en prevención y con focos rojos en la calidad de la atención. Las personas que reciben tratamiento por parte de la secretaría de salud son cerca de 9 mil.

La Organización Mundial de la Salud, ha calculado que por cada portador, debe haber entre 5 o 10 infectados que no lo saben, si tenemos 16 mil casos acumulados de sida, pues es cosa de sacar cuentas. En Veracruz, el 60 por ciento de los enfermos que se acercan a la atención ya tienen el sida, mensualmente ingresan cerca de 100 personas, nuevos casos, lo que nos habla de una falta de política pública de prevención.

Tenemos una epidemia concentrada en varones, con un fuerte crecimiento en el ámbito rural-indígena, en mujeres amas de casa y en jóvenes en edad universitaria. Es decir, tenemos una epidemia fuera de control.

¿Cuál es tu concepto sobre el valor jurídico de igualdad y el valor jurídico dignidad?

La dignidad entendida como el valor del respeto por mi misma, por los demás y por no dejar que me humillen es algo que no percibo en este ámbito del VIH ni en las familias, ni las instituciones, ni en la sociedad. El hecho de ser diferente, de ser disidente sexual o tener VIH te devalúa. Socialmente, te quita toda oportunidad de que seas un ser humano igual a mí, inmediatamente te colocan en el bote de la basura y te quitan la oportunidad de que seas un ciudadano/a igual a los demás.

La gente cuando le ocurre esto, lo primero que siente es depresión, soledad, no quiere comentarlo con nadie porque ya sabe las consecuencias, la discriminación de la que va a ser objeto. ¿Qué hago?, me lo trago solo/sola. Por eso la gente prefiere no hacerse la prueba, prefiere no saber.

VIH es muerte social, no hay alternativa, incluso en las zonas indígenas, a las personas afectadas los segregan, les hacen un cuartucho en el fondo del solar y les dan los alimentos con pala por el miedo de adquirir el virus, los expulsan de sus comunidades o los van a dejar morir solos a los ojos de agua… Si tienes cáncer te compadecen, pero si tienes VIH te juzgan, desprecian, discriminan, abandonan.

Cuando hablamos de VIH tenemos que hablar de sexualidad porque es una infección de transmisión sexual y la sexualidad sigue siendo un tabú. Uno de nuestros logros como grupo fue sacar al VIH del cajón de los tabúes en donde se le tenía colocado. Por ejemplo, a las personas que andamos en este movimiento, inmediatamente nos colocan como sujetos de duda. “Andas ahí porque eres homosexual, portador, o con comportamiento sexual extraño. Algún pecado tienes, o tienes un hijo, hija, pariente, porque por nada, no llegaste aquí”. Este tema te da méritos. Pero yo me siento muy digna de estar en este lugar….

¿Cuál sería el llamado a la sociedad para continuar en esta lucha, en esta tarea de sensibilidad?

Necesitamos que el gobernador se comprometa y se posicione frente al VIH, porque la epidemia está fuera de control, es una problema de salud pública. Hasta ahora ningún gobernante veracruzano lo ha hecho. Se requiere el liderazgo del gobernador y del secretario de salud. Ante un problema como éste, no puede haber silencio, tiene que haber compromiso, voluntad política y recursos económicos, de ahí la necesaria participación del Congreso del estado

También tiene que haber un compromiso por parte de la Secretaría de Educación para ofertar una educación sexual laica, científica, integral. Las familias tienen que tener un compromiso social para educar sexualmente a sus hijas e hijos acorde con una epidemia del sigo XXI, para combatir la discriminación sexo-genérica y en contra del VIH.

En el sector Salud tiene que haber una política pública para prevenir la infección por VIH, para que todas las mujeres embarazadas se hagan la prueba y se acabe la transmisión perinatal. Capacitar y sensibilizar a los profesionales de la salud de los hospitales. Realizar campañas masivas y regionalizadas de prevención, acordes a los diversos grupos de la población –específicamente para mujeres y jóvenes- y, en contra del estigma y la discriminación para con las personas afectadas por el virus.

En suma, entender que el VIH es un tema que pasa por la familia, por la sociedad y por las instituciones. Hay que entender que el VIH no mata, pero la discriminación sí.

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