Por Alexandros Psychogios
La reacción de los compañeros ante un lenguaje tan vulgar varía. Algunos lo disfrutan, mientras que a otros les resulta indiferente. También puede considerarse un signo de mal liderazgo, poco profesional y, simplemente, innecesario.
A algunas personas les encanta decir palabrotas. En el ámbito laboral, algunas de ellas podrían estar al mando.
Quizás hayas trabajado con una (o seas tú mismo/a). El/la líder de equipo que disfruta salpicando sus charlas motivacionales con un lenguaje subido de tono, o el/la gerente que usa palabrotas para expresarse con la mayor claridad posible.
La reacción de los compañeros ante un lenguaje tan vulgar varía. Algunos lo disfrutan, mientras que a otros les resulta indiferente. También puede considerarse un signo de mal liderazgo, poco profesional y, simplemente, innecesario.
Nuestra investigación sugiere que las reacciones ante un jefe que usa palabrotas dependen no solo de lo que se dice, sino también de quién escucha y dónde vive.
Descubrimos que no existe una única forma “correcta” de comunicarse para los líderes. Pero, en general, los empleados estaban menos satisfechos con los supervisores que usaban palabrotas con frecuencia.
Así que, si te preguntas si llenar las reuniones de palabrotas es una buena estrategia de gestión, probablemente sea mejor evitarlas.
Sin embargo, algunos participantes en nuestro estudio, que incluyó a 5,660 empleados en 19 países, reaccionaron de forma completamente opuesta. Quienes se consideraban con rasgos de personalidad más psicopáticos y maquiavélicos —y, por lo tanto, con menor empatía— manifestaron mayor satisfacción con su líder a medida que aumentaba el uso de palabrotas.
Tanto la psicopatía como el maquiavelismo implican cierto grado de distanciamiento emocional y la disposición a ignorar las normas sociales, incluida la de que los jefes no deben decir palabrotas. Para estas personas, un jefe malhablado puede parecer más auténtico y seguro de sí mismo, sin las limitaciones de reglas innecesarias.
Los empleados con rasgos narcisistas más marcados (caracterizados por un sentimiento de superioridad y la necesidad de admiración) se mostraron sorprendentemente indiferentes. Las palabrotas no les impresionaron ni les ofendieron demasiado. Su satisfacción con sus jefes apenas varió.
Pero la personalidad resultó ser solo una parte de la historia. El país de residencia también influyó. En sociedades con mayor igualdad de ingresos, como Suecia y Austria, las diferencias de personalidad eran más evidentes. Esto significaba que un mismo gerente que usaba el mismo tipo de lenguaje inapropiado podía ser percibido como accesible por un empleado y como poco profesional por otro.
Sin embargo, en países con menor igualdad, como Sudáfrica y México, estas diferencias de personalidad prácticamente desaparecieron. Independientemente de sus características individuales, los empleados generalmente reaccionaban negativamente ante el lenguaje soez de los líderes.
Decir palabrotas es demostrar interés
¿Por qué será? Las investigaciones sobre desigualdad económica sugieren que, en sociedades más desiguales, las personas se vuelven más sensibles al estatus y la jerarquía. Las jerarquías laborales tienen mayor peso, por lo que es menos probable que las palabrotas de un líder se interpreten como amabilidad o autenticidad, y más como una muestra de dominio. En estos entornos, el contexto social parece prevalecer sobre las diferencias individuales de personalidad.
El mensaje práctico para los líderes es sorprendentemente sencillo: la comunicación nunca se reduce a las palabras que elegimos. Una misma frase puede inspirar a un empleado, ofender a otro y dejar a un tercero completamente indiferente.
Esto también explica por qué los consejos de liderazgo a menudo suenan contradictorios. Un experto anima a los líderes a ser auténticos. Otro recomienda mantener la profesionalidad en todo momento. En realidad, ambos pueden ser correctos, pero esto depende de las personas involucradas y del entorno cultural.
Entonces, ¿deberían los líderes dejar de decir palabrotas por completo? No necesariamente. Pero sí deberían reconocer que un liderazgo eficaz no consiste en encontrar un estilo de comunicación que funcione para todos.
Se trata de comprender a la audiencia. Conocer a tu equipo es tan importante como elegir las palabras adecuadas (o inadecuadas).
- Alexandros Psychogios es catedrático de Gestión de Recursos Humanos y Comportamiento Organizacional en la Universidad de Loughborough; Dritjon Gruda es profesor asociado de Comportamiento Organizacional en la Universidade Católica Portuguesa.








