El gobernador Miguel Alemán Velasco fundó en 1999 la Cumbre Tajín para mostrar al mundo la grandeza de la cultura totonaca. En su momento, el exmandatario veracruzano enumeró los beneficios socioeconómicos que este evento de carácter internacional dejaría a los pueblos originarios del Totonacapan.
Pero el beneficio de la acción del gobierno estatal en un cuarto de siglo ha sido más anecdótico que real, más reactivo que proactivo; más enfocado a difundir las tradiciones totonacas, las costumbres, las danzas, la gastronomía, música y misticismo de ese pueblo ancestral, que en mostrar la evolución, el progreso y el desarrollo económico de los municipios de esa región, desde el Totonacapan profundo en Zozocolco, Coyutla y Coxquihui, hasta las playas y enormes manglares de Tenixtepec, en Papantla.
Y no falta mucho para que, al estilo de sus cinco antecesores en el cargo, la gobernadora Rocío Nahle convoque a los medios de comunicación para presentar el oneroso programa de artistas nacionales y extranjeros que se presentarán durante los conciertos nocturnos del Festival, con erogaciones millonarias, dado el cartel publicitario o el prestigio artístico de las agrupaciones o figuras que vendrán a esperar la primavera en las ruinas de El Tajín.
En el antes de la inauguración, sabremos cuántos kilos de rollo y menudencias se otorgaron a los grupos totonacas inconformes de ocasión, que al final, siempre ceden con un apapacho. En el después de la clausura, conoceremos sobre dos o tres pequeñas y baratas acciones para “beneficio social” o la programada terminación de alguna de esas obras públicas que por negligencias o corrupciones se alargan en el tiempo.
La realidad es que en los 25 años de Cumbre, en esa metálica cumbre de beneficios para vencedores, sólo han estado los funcionarios de cuello blanco, los empresarios que venden los contratos de artistas, los propietarios de hoteles y restaurantes de la zona, los dueños de autobuses y las gasolineras y algunos cientos de comerciantes menores.
La población originaria del Totonacapan, sólo se llevará -si es que algo se lleva- la dicha de participar como espectadores, como valerosos danzantes, como eficientes curanderos y buenas cocineras o como orgullosas autoridades indígenas conforme a sus usos y costumbres.
Porque las personas analfabetas, que ahí se cuentan por miles, ya ancianas morirán felices en sus modestísimas habitaciones, mientras las jóvenes generaciones continuarán hablando por celular en totonaco y bebiendo coca cola y cerveza para quitarse la sed, con ayuda de las becas 4T, ya que en muchos de esos sitios de la sierra, el agua no es tan potable como en Xalapa o Veracruz.
Ojalá que la ingeniera Rocío Nahle, le eche un vistazo a la Declaratoria de Zona Natural Protegida del Santuario Playas del Totonacapan, que AMLO decretó en 2024, en cuya área de influencia, el gobierno estatal podría detonar un polo de desarrollo ecoturístico, tipo Baja California Sur, cercano a la franja de 9 kilómetros de playa y sus 206 hectáreas de esteros y manglares que tiene el municipio de Papantla en la localidad de Tenixtepec, en donde desemboca el río con ese nombre.
Para hacerlo realidad se requiere una carretera pavimentada de 25 kilómetros en el camino existente desde Papantla, además de la proyección y construcción de obras de infraestructura para turismo restringido, porque hay esteros y manglares importantes que deben preservarse, todo ello con supervisión de la Semarnat.
Con este tipo de infraestructura en Tenixtepec, La Cumbre Tajin se podría ofrecer también para el turismo que gusta observar a la fauna, a las tortugas marinas y las aves acuáticas y de fondo una hermosa playa no tan conocida en el norte de Veracruz. Para esto se tendría que desalentar alguna propuesta de Rancho Fest, y más pronto que tarde, comenzar a formular un Programa de Ordenamiento y desarrollo Urbano para poner orden desde el principio.
Este turismo que ama y respeta la naturaleza y disfruta de la playa sin contaminación, acudiría a Papantla en todo el año. El turismo no arqueológico, llevaría muchos visitantes más a esa región y generaría más empleos y oportunidades a la población totonaca residente. Y el Totonacapan de la sierra tendría más cerca a la playa.







