El desgaste -ese que en teoría se mide en auditorías y observaciones técnicas- terminó alcanzando a la propia Contraloría General. Ramón Santos Navarro notificó a su círculo cercano que entre lunes y martes formalizará su renuncia ante la gobernadora Rocío Nahle García, cerrando así su etapa en la administración estatal.

El anuncio se realizó alrededor de las 12:30 horas en las oficinas de la dependencia, en la zona de Los Sauces, en Xalapa, de acuerdo con fuentes del Palacio de Gobierno de Veracruz. Ahí comunicó que su ciclo había concluido. No hubo balance público ni corte de caja.

Visiblemente tenso -según asistentes- habló de pedir “licencia”. Sin embargo, la licencia corresponde a cargos de elección popular; en su caso, la figura jurídica procedente es la renuncia. Cuando el responsable de vigilar la legalidad administrativa tropieza con el concepto básico, el mensaje político es inevitable.

La salida no obedece a simple desgaste. De manera extraoficial, se le vincula con señalamientos por presunto acoso sexual a colaboradoras, supuesta comercialización de constancias de no inhabilitación, consumo excesivo de alcohol y facturación elevada en comidas con cargo al erario. A ello se suman reportes sobre la detección de “aviadores” en la Unidad Administrativa: salarios devengados sin funciones acreditadas.

Se sabe que la mandataria fue informada de estas presuntas irregularidades y le solicitó separarse del cargo, en una decisión orientada a contener el impacto político.

En sus redes sociales, la gobernadora informó que el “Dr. Ramón Santos Navarro deja hoy la titularidad de la Contraloría General del Estado” para participar en la convocatoria de la Auditoría Superior de la Federación, agradeciéndole su apoyo y colaboración. Asimismo, anunció el nombramiento de la Mtra. Bárbara Galindo como encargada del despacho.

La dimisión es particularmente incómoda en Veracruz, donde la Contraloría tiene la responsabilidad de vigilar el correcto uso de los recursos públicos. Que el titular del órgano fiscalizador abandone el cargo bajo este contexto no es un simple relevo administrativo: es una contradicción institucional.

La salida de un integrante del círculo cercano a Nahle, originario de Coatzacoalcos, impacta además la narrativa de control interno y combate a la corrupción que ha sostenido la administración. El discurso de la “honestidad humanista” enfrenta así su prueba más incómoda: cuando el vigilante termina bajo sospecha, el espejo deja de reflejar pulcritud y empieza a mostrar grietas.

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