En Veracruz crece la preocupación de la sociedad ante la inacción y el silencio de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales a cargo de la doctora Alicia Bárcena, una funcionaria con estudios de posgrado en biología, realizados en la ciudad de Xalapa y con vistosos timbres en el liderazgo global, en el desarrollo sostenible, la diplomacia internacional y la gestión ambiental, en suma, un personaje de alto calibre, a quien se suele candidatear para importantes cargos en el mundo.
Sin embargo, el conocimiento que tiene del territorio veracruzano, su relevante posición en el organigrama federal y su responsabilidad como titular de la SEMARNAT, no parecen incidir de alguna manera en las actuales circunstancias del medio ambiente en este estado, ni tampoco en la solución de los riesgos y problemas que sufren sus recursos naturales.
Y no se conoce opinión vertida por ella, en torno a los posibles impactos ambientales que pudieran surgir con obras como el famoso Puente de Sotavento que ya se construye sobre la desembocadura del Río Jamapa, en los límites municipales de Boca del Río y Alvarado.
Un obra de 1,200 millones de pesos, a cargo de la constructora ICA, que durará dos años, que poco se informa de su proceso de licitación, y menos de la autorización del Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA), que la Ley establece como requisito indispensable, antes de iniciar cualquier trabajo o acción. Al respecto sólo existen los diferentes comunicados de la gobernadora Rocío Nahle, mencionando los datos básicos y otras generalidades relativas a los beneficios del proyecto.
En el marco de su competencia legal, la titular de esa dependencia federal podría ayudar a ilustrar a los veracruzanos sobre el status legal de los terrenos por donde cruzará el puente y sus obras complementarias (tema con muchos asegunes, afirman los enterados), o sobre el avance, trámites y contenidos de la MIA, las medidas de mitigación por los daños a manglares que pudieran causarse al Estero de Mandinga y a la zona identificada como Isla del Amor.
Y que de paso, nos esclarezca porqué esta entidad federativa pierde manglares y qué hace la instancia para impedirlo y remediar las áreas siniestradas. O avisarnos los malignos escenarios del cambio climático, de la invasión de sargazo o de los daños de la utilización del fracking para la extracción de hidrocarburos. Que Alicia Bárcena recuerde que el estado de Veracruz tiene el sexto lugar por su PIB y ocupa el tercer lugar del país por su biodiversidad, y que por ello debería tener aquí la delegación más fuerte y preparada.
Pero hay otros pendientes. Tampoco la señora Alicia Bárcena se ha preocupado por tranquilizar a la población afectada en el municipio de Las Choapas, por los casi cinco meses de derrame petrolero de un pozo que ha producido contaminación constante sobre vidas y bienes, que ha matado vegetación, ha causado afectaciones a la salud, daños a la ganadería, y un grave deterioro de los recursos naturales, en perjuicio de cientos de productores agropecuarios.
La doctora ha hecho un mutis que ya parece costumbre, y actuó en forma similar en el asunto de la contaminación marina ocasionada por PEMEX, que hace unos meses sufrieron cientos de pescadores de Tabasco y Veracruz, tema al se le cubrió con ominoso silencio y distracciones mediáticas, y ojalá que Dios y la bendita resiliencia de la naturaleza, hayan brindado más ayuda que la que proporcionó el gobierno federal y la propia paraestatal culpable del desastre.
Nadie comprende qué pasa con la doctora Bárcena. ¿O será que a ella no le mueve su secretaría y sólo le interesa el voto que México y su presidenta pueden brindarle para seguir escalando posiciones de alto nivel? O es que prefiere no arriesgarse, cerrar la boca ante los despropósitos y fallas institucionales, y mejor, dirigir sus ojos hacia otro lado. Pero cuidado con los caminos que se toman, porque a Roma no se llega con rollos para envolver mentiras, o con expresiones facilonas y sin compromiso, vestidas de intelectualidad, traje sastre y ciencia que se volvió membrete.







