Ante tanta tragedia en el país, la semana anterior casi pasó inadvertida una declaración de Francisco Montfort Guillén, jefe de la oficina del programa de gobierno en Veracruz, en el sentido de que el primer informe anual de Miguel Ángel Yunes Linares no contendrá un capítulo específico sobre la deuda pública estatal.

Si bien es cierto que la deuda y sus implicaciones son temas torales en el interés público, por lo regular, ese asunto se contempla en el apartado relacionado con las finanzas estatales. La deuda es un mecanismo para atender o resolver problemas sociales. Es un medio para lograr un fin. Cuando menos en teoría.

Pero se ha ido acercando la fecha del informe de gobierno, y el tema se ha diluido gracias a la infame cantidad de noticias de secuestros, desapariciones y asesinatos que bañan de sangre a Veracruz, y ahora, al inusitado incremento de tragedias provocadas por cataclismos naturales.

En estos tiempos de negrura, lo que menos interesa o se recuerda, es precisamente el tema de la ingente deuda que venimos arrastrando como pesadas cadenas. El caso de la deuda y de otros temas igual de preocupantes, como el peligroso crecimiento de la pobreza, se han ido en medio del río revuelto, para desembocar al mar abierto de la desesperanza general y la cambiante información mundial.

En realidad, el tema ha salido de las bocas ciudadanas. La conversación ha tenido que ocuparse de los prioritarios asuntos de la inseguridad pública, de las tragedias y de la lucha diaria por sobrevivir.

El conjunto resultante de esa mezcla de problemas, ha conformado un tempestuoso río de aguas lodosas, cuya contemplación hace olvidar las oscuridades de la deuda pública veracruzana.

El tema fue tratado en Palabras Claras el 31 de agosto del año pasado, en el editorial LOS BANDIDOS DEL RÍO REVUELTO, en la forma siguiente:

“A principios del año 2001, en pleno inició del siglo XXI, el gobierno de Veracruz no tenía mayor antecedente de endeudamiento, que aquel préstamo por 200 millones de pesos, contraído en la época de Dante Delgado Rannauro, que se liquidó con cuatro abonos de 50 millones anuales, durante el sexenio de Patricio Chirinos Calero.”

“Miguel Alemán Velasco, en el año 2004, el último de su gestión como gobernador, obtuvo autorización del Congreso para contratar un crédito bancario por 3,500 millones de pesos que se destinaría a cumplir con los últimos compromisos adquiridos por su administración.”

“En ese tiempo, los veracruzanos no tenían ni la menor idea del camino que iniciaba el estado con ese empréstito. Mucho menos, que 12 años después, tendrían una deuda con la banca nacional, cercana a los 45 mil millones de pesos.”

“Tampoco imaginaron que el importe de la deuda y los recursos de los presupuestos anuales autorizados, no se reflejarían de manera suficiente en el desarrollo del estado. Y jamás pensaron que la Auditoría Superior de la Federación, el SAT y otras instancias federales, vendrían a reclamar el mal uso de los recursos del erario veracruzano en los últimos seis años.

“En la conversación de la sociedad, ya sea en lo público o en lo privado, se analizan las actuaciones de los dos últimos gobiernos. Se habla de sus integrantes, se comentan las anécdotas y se especula sobre las causas de la debacle en la administración pública estatal.”

“Y muchas de las opiniones del pueblo, tienen que ver con los funcionarios a cargo de las oficinas. Se opina de sus actitudes deplorables, de sus deficiencias profesionales y carencias morales. De que entraron al río revuelto, para salir con las manos llenas. Por ejemplo, se platica de los altos funcionarios que llegaron a los cargos, sin contar con el perfil para ocuparlos.”

“Y qué decir de los muchachos maestros en administración, y en lo que se necesitara, que repartían zapatos chinos a los pobres y que llenaban maletas voladoras con billetes de a mil pesos y facturas falsas, con destino primero a Toluca, a Costa Rica y hasta a las regiones verdeamarelas. El diputado Vicente Benítez los conoce bien.”

“…Y qué decir de los sempiternos líderes intocados, que en el Congreso, en el IPE, o donde estuvieran, intercambiaban prebendas y puestos para sus hijos, a cambio de voltear para otro lado y no incomodar a los jefes políticos.”

“Cuántos de estos personajes que en doce años hicieron fortuna asombrosa, serán llamados a cuenta por las autoridades que investigan. Quiénes serán encerrados o desterrados como su jefe. Porque es un hecho que el desfalco no fue de una sola persona. Lo que pasó en Veracruz, recuerda a Fuenteovejuna, a Alí Babá y a los bandidos de Payno, en un bien conjugado performance. Medraron en todas partes y de todas las formas posibles.”

De esos pillos, y de las investigaciones ministeriales y de auditoría que se realizan de todos esos delincuentes de cuello blanco, ¿será que sí hablará suficientemente el informe de Yunes Linares? Nos dirán por fin, los montos perdidos. O preferirán el camino de la omisión.

Porque, no basta el caso de Bermúdez y su sentencia de 10 años de reclusión. No sea que los peces gordos, robustos y pequeños, sólo sean mencionados de refilón en los tediosos apartados temáticos, llenos de palabrería y vacíos de resultados. ¿Será que el informe, contendrá un voluminoso apartado de la Fiscalía General?

Porque pareciera que esos delincuentes que diariamente son denunciados por los veracruzanos, andan libres como peces que beben y beben y vuelven a beber, gozando el azul y la inmensidad del mar abierto.

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