“Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, es una frase que atribuyeron al general Porfirio Díaz, aunque algunos estudiosos se la adjudican al sector intelectual o a los jesuitas.

Y cuando existe una relación tan estrecha y con siglos de por medio, no se puede ir generando relatos superficiales ni establecer escenarios futuristas buenos o malos, solamente a través de anécdotas, especulaciones y demagogia preelectoral. 

En el país del norte del Río Bravo viven y se desenvuelven más de 40 millones de personas de ascendencia mexicana. Y el otro aspecto fundamental entre ambas naciones, es el tratado de libre comercio de Norteamérica, actualmente el T-MEC, que México tiene firmado con ese país y con Canadá desde la época de Carlos Salinas de Gortari. Gracias a ese tratado internacional, el país mexicano ha mejorado su economía y es el principal socio comercial de los estadounidenses.

Se hacen estas consideraciones, en un momento en que los medios de comunicación y la sociedad comentan encendidos y polarizados, un asunto de cancelación de visas a funcionarios y políticos mexicanos, que aparentemente alcanza a algunos jefes obradoristas y a los hijos mayores de AMLO. 

Y a este respecto, se puede adelantar que tal asunto llegará hasta donde determinen los tribunales y las autoridades estadounidenses, más allá de los dichos y deseos de las autoridades, los políticos, y los analistas y comentadores de este lado de la frontera. Cualquier campaña mediática resulta por ello, ociosa y oportunista.

Porque en estos días, Donald Trump trae encima temas de alto calibre con Irán, con Cuba, con Venezuela y con otras naciones a las que dispara con aranceles inflacionarios, pero jamás pasará a nada más agresivo con México, que no sean simples fuegos o juegos artificiales (como aquellas utilísimas guerras floridas de los aztecas, previas a la Conquista).

Trump mueve sus fichas para llevar la atención hacia sus intereses políticos, de cara a la época electoral que se aproxima para la integración del Congreso este año, paso previo a la elección presidencial de 2029, y donde el mandatario republicano lucha por abatir al partido demócrata. En Estados Unidos estarán en juego 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado.

Sin embargo y para su desgracia, la economía de su país, la inflación y el desempleo no son factores que le resulten favorables ante la opinión pública, ya que caminan con números preocupantes. Tampoco termina de cuajarle su lucha contra los cárteles internacionales, que en su segundo periodo campean bajo persecución policial en el territorio. Mucho menos la injusta represión y persecución contra miles de inmigrantes.

En relación con México, los asuntos pendientes como la negociación del T-MEC, seguirá en proceso hasta donde las ligas comunes puedan estirar, mientras las denuncias contra el narcotráfico y los llamados narcopolíticos, se desarrollarán en los tiempos, formas y mecanismos de la justicia estadounidense y sus tribunales.

México tiene problemas realmente graves que requieren prioridad. En consecuencia, los dimes y diretes de las visas, de los personajes de la política, anden como anden, resultan cohetitos, toritos multicolores  y cohetones de feria municipal. Con lo que hace Trump, la nación mexicana y la soberanía no corren ningún peligro constitucional, y por desgracia, la deuda pública, la corrupción, la carestía, el desempleo y la inseguridad de la población, seguirán siendo el dolor de cabeza de las familias mexicanas.  

Con todo y ello, la presidenta Sheinbaum, fiel a su ciencia y saber obradorista, mantendrá su cansina conferencia mañanera para seguir distrayendo al pueblo morenista, mientras aburre a la sociedad pensante.

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