Alfonso Reyes, uno de los grandes pensadores mexicanos de la primera mitad del siglo XX, alguna vez escribió sobre sí mismo: “Tengo fotografías de tres, de seis meses. Ese es mi verdadero retrato, lo demás es decadencia”.

Es probable que alguna reflexión de este tipo llegara de pronto a la cabeza del gobernador de Veracruz, urgiéndolo a renovarse o reconstruirse. O que la opinión pública y los resultados de la pasada asamblea general del PRI le estén removiendo los pensamientos. O que la necesidad de fortalecer la campaña de su hijo Miguel a la gubernatura, sea la motivación para dar un giro al estilo y a la forma de gobernar.

No lo sabemos. El caso es que desde la semana anterior, a Miguel Ángel Yunes Linares se le observa con mayor apertura y con la sensibilidad política a tope. Incluso, hasta más afable con los que tiene enfrente.

Y ese cambio es importante e ineludible, si como lo ha comunicado, pretende dejar la silla a su primogénito. Pudiera pensarse entonces, que el recuerdo del objetivo de Miguel hijo, sea lo que en verdad esté rescatando a Miguel, el padre.

Primero, compuso las cosas en el tema de la tormenta Franklin, que anunciaron casi como un súper huracán, como aquellos que persigue y vigila el Centro Nacional de Huracanes de Miami. Por fortuna, la prudencia ganó a la ambición y le echaron tierra al desastre cuya llegada no se veía por ningún lado.

Después, en un evento multitudinario en el estadio xalapeño, se mostró la agudeza y oportunidad con los maestros, a quienes, según las crónicas, les rifaron varios automóviles, entre ellos, tres adicionales, donados por los tres principales operadores yunistas. Circo, maroma y Pan.

El mismo fin de semana, el gobernador vetó un intento legislativo de ley que maltrataba a animales. Cuando el ejecutivo lo dio a conocer, dos o tres negociantes quejumbrosos amenazaron con retirarse por la negativa.

Otro cambio ha sido el que tiene que ver con la cuestión de la seguridad pública. Al gobernador se le vio atento y efectivo en su lucha contra las bandas de maleantes que los días recientes han asolado Poza Rica y Xalapa.

Ayer lunes, el ejecutivo dio otra muestra de que lo político y lo social sí le interesan en el barco a la deriva que es la Secretaría de Gobierno. En lugar de mandar a un hombre por compromiso a la subsecretaría, nombró en esa delicada posición a uno de sus colaboradores más allegados y preparados. Ante el lamentable fallecimiento de Pedro Manterola Sáinz, designó como sustituto a Antonio Soberanes Shepard.

El nuevo subsecretario tendrá que resolver con prontitud y apego a las normas, el asuntó ventilado a nivel nacional por El Universal el día de ayer: el escándalo generado por la Legislatura estatal con su decreto para mal utilizar recursos federales correspondientes a 2017, que Palabras Claras desveló el pasado 7 de agosto con la nota: “Fuera de ley, autorizaciones del Congreso del Estado”.

En el gobierno de Veracruz están por concluir nueve embarazosos meses de compromisos políticos y aprendizajes. No queda tiempo para equivocaciones, negligencias y experimentos.

Hay que limpiar de abrojos la siembra y el camino.

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