Está por acabar su primer año de gobierno en Veracruz. El ingeniero Cuitláhuac García Jiménez encontró un estado debilitado por la corrupción burocrática, por la enorme deuda pública, por los vaivenes de la economía mundial, por la creciente delincuencia y por las decadentes circunstancias que atraviesa el país entero. Eso es indiscutible y no fue por su causa.

El 30 de noviembre termina su primer ejercicio como gobernador. Pero ha hecho poco por la población y ha preferido culpar a sus antecesores y a todas las adversidades que ha encontrado en estos doce meses. El señor ha decidido conducirse por el camino de los pretextos y las dificultades, olvidando que él es gobernador porque por su propia voluntad contendió por el cargo, haciendo creer que estaba preparado para cumplirlo con decoro y dignidad.

En un programa de la televisora estatal dedicado esta semana a su informe, el mandatario veracruzano desplegó sus dotes discursivas sin réplica consistente. Entre las cosas más representativas que dijo, están las siguientes: Han iniciado 65 obras de las que están concluidas la mitad. No es cierto que haya subejercicio, no es así, lo que sucede es que los pagos se hacen hasta que terminan de construirse. La explicación es que son ataques de algunos adversarios. La respuesta fácil.

Es bueno que haya empezado algunas obras, pero habrá que confirmar la existencia de esas construcciones. Por cuanto hace a los subejercicios, como el del sector agropecuario, que es terrible, o el de la SEDESOL, son datos duros que están en los propios informes trimestrales que publica la SEFIPLAN. Sobre las 25 mil plazas a los maestros, anunciadas horas antes, ojalá y esto se concrete en los próximos meses, para que pueda ser presumido como un logro social en el segundo informe de gobierno.

Falta saber qué es lo que contiene el Informe que se entregará hoy al Congreso. Esperemos que tenga datos de avances en las investigaciones sobre las matanzas de Minatitlán y Coatzacoalcos y de los numerosos feminicidios que sufren las familias veracruzanas. Y que nos diga si ya existe una estrategia mejor sobre seguridad pública, y también, en qué consiste el gran avance en el combate a la pobreza, por ejemplo.

Y utilizando una frase del poeta Jorge Lobillo, habremos de esperar a mañana para saber qué contendrá El Informe de la Casa, dedicado a los selectos y complacientes oyentes de esa entusiasta catarata de palabras y gestos de satisfacción real o impostada que seguramente mostrará Cuitláhuac en el Teatro del Estado ante la representante presidencial, la “boca floja” secretaria de gobernación.

Una cosa es llenar a Veracruz de dichos alegres y buenas intenciones, y otra muy distinta, acabar o combatir las tristes y penosas realidades que todos conocen.

Y además de ello, hay una pequeña gran diferencia que no toma en cuenta: los veracruzanos ante los que se queja recurrentemente Cuitláhuac, están disminuidos en su patrimonio, en su moral y en sus posibilidades para salir adelante. Y en contraparte, él como gobernador, cuenta con las instituciones de la salud, de la educación, de la seguridad pública, de la obra de infraestructura y del desarrollo social en todas sus manifestaciones. Y sobre todo con un presupuesto anual de miles de millones de pesos para hacer obras y entregar acciones de gobierno. No tiene excusa para hacerse a un lado.

Que García Jiménez y su gente no sepan cómo hacerlo y cómo ejercer el presupuesto a tiempo y en forma, es otra cosa ya inocultable para amigos y enemigos. Los dichos pueden ser escuchados con atención, pero las realidades son las que dan confianza y aceptación. Quizá en muchos de los 120 mil trabajadores del estado, estos den algún crédito al contenido del triunfal informe cuitlahuista, pero esa credibilidad no la va a encontrar en un gran porcentaje de los más de ocho millones de veracruzanos que por más que busquen, ven pocos resultados del equipo gobernante.  

Y la honestidad que presume no concuerda con los ejemplos de nepotismo ni con las compras y los contratos de obra a dedazo puro, ni tampoco es aceptable su desconexión con los hechos, que trata de ignorar y modificar en el discurso. Y de acuerdo con sus maneras, habría que llamar a los notarios a certificar y dar fe de esos resultados, por ahora de papel. Aunque, en algo tiene razón el eslogan del Informe. Por primera vez hay consenso en Veracruz sobre la actuación del gobernador. Solo basta preguntar en las regiones para conocer cuál es la verdadera opinión de la gente.

Quizá estos sean los “otros datos”de un informe, los que se recogen en el ver y sentir de una sociedad veracruzana lastimada por muchos años. 

Parece que eso es lo que hay.

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