El imprevisto Culiacanazo que el 17 de octubre sufrieron AMLO y su fallido proyecto de Guardia nacional provocaron la participación del Senado de la República. Allí estuvo la semana pasada el secretario Alfonso Durazo, quien no hizo aclaración alguna, alargando su discurso y las explicaciones que nadie cree; siempre con la actitud sobrada que ya hicieron costumbre los funcionarios morenistas de los tres órdenes de gobierno.

El asunto fue aprovechado por la representación del PAN, en voz de la senadora veracruzana Indira Rosales San Román, quien al participar por su partido puso en entredicho al secretario de seguridad nacional, para concluir regalándole, frente a todos, un colorido muñeco de Pinocho. Esta acción valió a Indira para salir en los medios de comunicación del país, con fotografía y video entregando tal obsequio. Hasta ahí, nada extraordinario.

Pero revisando la actuación anterior de la ahora senadora panista, lo que viene a la mente es justamente la personalidad de cuento de hadas que la caracteriza. En la actividad pública, la señora solo ha convivido con personajes mentirosos como Durazo, a quienes evidentemente no olvida y su inconsciente fiel sigue evocando. En su corta vida política se ha relacionado con varios “pinochos”, situación que a ella misma la ha llevado a una vida de ficción y de mentiras.

Ejemplos, hay varios. Su primera participación, su capacitación en un cargo menor la hizo en Boca del Río, junto al primogénito de Yunes Linares en la Presidencia Municipal. De ahí pasó a coordinar la entrega recepción del gobierno de Yunes Linares, de donde sin mérito alguno, pasó a ser la flamante secretaria de desarrollo social en esa gestión bianual.

En ese tiempo, y antes de ser candidata plurinominal al Senado, la dama se hizo cargo de un programa clientelar consistente en la entrega de millones de despensas, que llevaba el motivacional título de Veracruz cuenta contigo. Con este programa estrictamente asistencialista y con artículos escasos y de dudosa calidad, metidos en cajas miniatura color verde azul, movieron por el estado a miles de operadores políticos disfrazados como empleados de la SEDESOL estatal, para lo cual tuvieron una nómina interminable y rentaron oficinas y vehículos a costos millonarios.

Desde luego, nadie olvida que Yunes Linares y la propia Indira, amparándose en un engañoso plan de desarrollo elaborado con la supervisión de la rectora de la UV, ofrecieron a los veracruzanos el progreso de las regiones y la disminución de los preocupantes indicadores de pobreza extrema en la entidad.

Ninguna de esas promesas se hizo realidad, y ni siquiera en lo político hicieron bien la tarea, ya que no lograron llevar al hijo de Yunes a la gubernatura. Al final de esa desastrosa historia de ficción, Cuitláhuac García ganó la elección. Pero del bienestar prometido, nada. Solo una serie de denuncias contra Indira y sus huestes, es lo que quedó tras el programa social estrella del yunismo.

Pero la senadora Indira es adicta al mundo de ensueño y es desmemoriada. Contando con Durazo, cuando menos tres pinochos ha conocido. Seguramente en su mundo de caramelo, cerca de su almohada debe tener un muñeco similar, que le recuerde su propia y enmascarada actuación en la lucha contra la pobreza en Veracruz, en la que no dejó ningún resultado positivo y en su lugar muchos expedientes abiertos y cuentas sin aclarar.

Olvidando sus inconfesables labias, ese día de gloria inútil ante Durazo, a Indira le debió haber corrido la sangre por las comisuras de los labios. Tres pinochos enseñaron la nariz: dos de carne y hueso y uno de juguete.

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