El domingo por la noche en su domicilio de Coatepec murió uno de los más grandes hombres que ha dado Xalapa. El Cardenal Sergio Obeso Rivera falleció a los 88 años de edad, exactamente quince meses después de que recibiera esa investidura del Papa Francisco.

Tras su deceso hay 216 cardenales, de los que 118 son menores de ochenta años y 98 mayores a esa edad. 

Nació en 1931 en Xalapa. Su familia vivió nueve años en las Vigas y regresó a la capital del Estado, radicándose en la tercera calle de Clavijero. Al salir de la escuela primaria, ingresó al Seminario Conciliar de Veracruz, ordenándose sacerdote a los 23 años. El Papa Pablo VI lo nombró obispo de Papantla en 1971. En 1979 sucedió a Monseñor Emilio Abascal Salmerón en Xalapa, arzobispado que ocupó por 28 años. El 20 de mayo de 2018 se le designó cardenal. 

Durante su gestión en el arzobispado, y la que llevó a cabo en el Episcopado nacional, se realizó la visita del Papa Juan Pablo II a Veracruz (dentro de las diversas actividades del sumo pontífice en el país), la canonización de San Rafael Guízar y Valencia y la beatificación del Padre Darío Acosta. Gracias a su buena relación con los expresidentes De la Madrid y Salinas, creo puentes en la actual configuración eclesiástica y pudo ser artífice del reconocimiento del Estado a la Iglesia en México. 

Fue entusiasta promotor de la reapertura de la Universidad Pontificia de El Vaticano, institución que le entregó un doctorado honoris causa en 2012. 

Puede afirmarse que ha muerto uno de los prelados más importantes del Episcopado Mexicano, institución que emitió el siguiente mensaje: “Hoy domingo ha sido llamado a la Casa del Padre el Cardenal Sergio Obeso Rivera, un hombre de grandes convicciones, fiel servidor del Señor y ejemplo a seguir en su preocupación por la Doctrina Social de la Iglesia y su amor a los pobres. RIP”.

El mundo católico regional señala que fue un pastor cercano a la feligresía, sensible y atento con las personas de escasos recursos. Recorrió las comunidades rurales y pueblos de la sierra con gran disposición y calidad humana. 

Su sucesor en la Arquidiócesis de esta ciudad, el arzobispo Hipólito Reyes Larios, expresó tras su partida: “Vivía con mucha discreción y no le gustaba hablar de sus cualidades y de sus logros. Sin embargo, todos nosotros somos testigos de sus dones y de sus virtudes”. 

Cuando Obeso Rivera se convirtió en Cardenal, confesó lo siguiente: “Pienso que yo no era para esto. Sin embargo, cambio de opinión al ver el júbilo de tanta gente…, dada la edad en la que me encuentro, lo tomo como una forma de agradecer a mi Señor por tantas posibilidades que me ha dado de servir a mi iglesia”.

Sus restos descansarán en la Catedral de Xalapa, cerca de las reliquias de San Rafael Guízar y Valencia en la cripta de los arzobispos. Su misa exequial será este martes a las 13 horas. En su testamento, pidió que su ataúd fuera colocado en el suelo junto al Cirio Pascual. 

Ha marchado uno de los hombres más ilustres que ha dado la ciudad capital. Los xalapeños y los veracruzanos han perdido a uno de sus grandes valores del humanismo, la cultura y la religión católica.

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